jueves, 25 de julio de 2024

INTRODUCCIÓN A "EN POS DEL PENSAMIENTO INÚTIL"

 

   En un convivium de filosofía de la Universidad Católica de Asunción[1], José Brun proclamó: “Vamos en pos del pensamiento inútil”, refiriéndose a la filosofía. Y en efecto, desde el punto de vista de una racionalidad instrumental, pareciera que el filosófico es un pensamiento inútil, porque no se deja utilizar como una silla o un automóvil, no se deja amoldar como una doctrina o una ideología, y no se deja encasillar ni por el más célebre de los filósofos. La filosofía es una actividad interminable y por ello acaso la más improductiva. En el Paraguay, a pesar de lo poco que se ha difundido, la filosofía ha estado presente desde los mismos inicios del andar de la nación y persiste hoy, en medio de nuestro putrefacto entorno socio-cultural[2]. Pero ¿Es efectivamente así? ¿Acaso, como planteaba Nietzsche, no podemos notar afanes de poder detrás de los planteamientos de los grandes filósofos? ¿O acaso, como sostenía Heidegger, los filósofos no se han obstinado en ocuparse de los entes, olvidándose del Ser? Y en tal sentido ¿Acaso no vemos en la filosofía formas solapadas o sofisticadas de utilidad? Y si es así ¿en qué sentido podemos seguir hablando de pensamiento inútil?

     En contrapartida, cuando nos fijamos en las ciencias humanas, su rango de utilidad es mucho más evidente que el de la filosofía. Con el abordaje de la historia de las Ciencias Humanas en nuestro país, sumado al de la filosofía, hemos establecido un punto de partida para proyectar una reflexión sobre la historia de las ideas en el Paraguay, teniendo como una especie de estimulante intelectual la cuestión de la utilidad o inutilidad de estos estudios en el contexto de nuestra cultura.

     Todo pensamiento, sea mítico o racional, simbólico o instrumental, es útil, porque se direcciona hacia el logro de metas. Ahora, cuando el pensamiento se conjuga con la facultad de la intuición, que es inútil, porque no se logra nada con ella, es que podemos empezar a hablar de un pensamiento inútil, porque el afán de poder, o de reducición a los entes, constantemente se ve reducido por la contemplación de Arquetipos o por el brote de la sensación total (en el estado natural)[3].

 

     Desde mediados del siglo XX han aparecido diversas obras sobre la historia cultural paraguaya (por ejemplo, trabajos de Natalicio González, Efraím Cardozo, Justo Prieto o Justo Pastor Benítez, entre otros), con el propósito de describir, explicar e interpretar el proceso de cambio de nuestros valores y pautas de comportamiento colectivos. Pero el planteamiento acerca de la dirección del pensamiento paraguayo empieza a darse en lo que consideramos la madurez de la cultura paraguaya[4] , con ensayos como el de Adriano Irala Burgos (La epistemología de la historia del Paraguay), o el de Juan Santiago Dávalos y Lorenzo Livierez Banks (El problema de la historia en el Paraguay). A partir de entonces los intentos de cultivar la auto-consciencia de nuestra cultura han ido aumentando junto a un despliegue de diversas características que ha ido tomando nuestra cultura.

      Entonces, la pregunta que nosotros queremos hacernos es ¿cuál es la dirección que ha tomado el pensamiento paraguayo a lo largo de los años? Debemos decir, que esta dirección por la cual nos preguntamos, va esbozando a lo largo de la historia una identidad del pensamiento paraguayo, que en última instancia se convierte en nuestro objeto tanto de contemplación como de pensamiento.

      Entonces, para responder a la pregunta planteada nos proponemos desarrollar tres dimensiones de estudio: la filosofía en el Paraguay, las Ciencias Humanas en el Paraguay, y un proceso de desarrollo orgánico e histórico que conjuga a ambas.

     Las dos primeras dimensiones se tratan en los dos primeros capítulos, y son como exploraciones y descripciones de los principales referentes de la filosofía y de las ciencias sociales desde el periodo colonial hasta nuestros días; mientras que la tercera dimensión es abordada en un tercer capítulo, en el que pretende interpretar el proceso del pensamiento paraguayo aprovechando los estudios de los dos primeros capítulos.

     Este ensayo puede servir como una introducción a los principales autores del pensamiento paraguayo, pero también puede ser un canal que disponga a una contemplación estética del desarrollo orgánico e histórico de las ideas que encontraron su acogida en el Paraguay. Y es en este último sentido que plantearemos la posibilidad de seguir a un “pensamiento inútil”.

A modo de marco metodológico y analítico

     Hemos separado el ensayo en tres partes principales, cada una de las cuales está organizada en cuatro secciones que se corresponden con los estadios del desarrollo de un organismo: infancia, juventud, madurez y vejez[5]. El contenido de las dos primeras partes son reseñas sobre los principales exponentes de la historia de la filosofía y de las ciencias sociales en el Paraguay. La secuencia de los autores está fijada por la fecha de nacimiento. Los datos principales han sido obtenidos a partir de una revisión bibliográfica.

      En la tercera parte se utiliza una prosa más continua con el propósito de desplegar una interpretación sobre el proceso histórico del pensamiento paraguayo, teniendo como base a las dos primeras partes del ensayo.

A modo de marco teórico

     La concepción que tenemos de la historia como el despliegue de un organismo se asocia con el influjo de las ideas de Oswald Spengler, y las utilizamos a modo de una teoría general, que nosotros buscamos aplicarlas a un caso concreto, el pensamiento paraguayo. De manera más específica, la distinción en etapas de niñez, juventud, madurez y vejez nos sirvió como una teoría substantiva, que nos permitió acercarnos de una forma más concreta al pensamiento paraguayo, al distinguir características que diferencian a unas etapas de otras, y dentro de cada etapa, a unos pensadores de otros.

     En lo que hace a nuestro paradigma filosófico, considerando planteamientos de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, asumimos un voluntarismo que se expresa con diversos matices a lo largo del despliegue de una cultura como la paraguaya, o de una manera más particular, del flujo de pensamiento cultivado en ella. Creemos que ideas como “la muerte de Dios”, presente en las reflexiones de Nietzsche, entendida como el agotamiento de la vitalidad de una cultura occidental, puede ser aplicada de una manera específica en el contexto de la cultura y el pensamiento paraguayo.

A modo de marco contextual

     El contexto desde el cual parte nuestra investigación es el de la sociedad y la cultura paraguaya, y de manera más específica del pensamiento paraguayo. Nos parece que la cultura paraguaya está desarrollando un proceso de degradación de sus valores tradicionales, asociada con el mundo agrario, y ese mismo proceso ha propiciado una toma de consciencia del camino que nos ha llevado a esta descomposición; o incluso, al reconocer que todos nuestros esfuerzos no nos llevarán a ningún puerto, ya que Dios está muerto, ha hecho brotar en nosotros el gozo espiritual que adviene junto a un pensamiento estetizado.

Último comentario introductorio

      El ensayo puede ser utilizado como un material de consulta sobre algunos autores del pensamiento paraguayo, o como una exploración de determinados periodos de la cultura y del pensamiento paraguayo, o como ya hemos apuntado, como un espacio intelectual que propicie el florecimiento de una experiencia estética. Cada lector sabrá escoger el enfoque que mejor se adecue a su interés.

 



[1] Del año 2012

[2] Una putrefacción de lo social y cultural significa una disgregación de sus componentes, una fragmentación de lo que antes estuvo compactamente unido.

[3] El estado natural es un punto cero para el pensamiento, en donde existen sensaciones, pero integradas en una totalidad compacta, de la que emergen, a partir de los estímulos, las imágenes que dan base a los conceptos.

[4] Que hemos ubicado entre el final de la guerra del Chaco y la caída de la dictadura stronista en 1989.

[5] La primera parte, dedicada a la Historia de la filosofía en el Paraguay se organiza primariamente en dos periodos, el diletante y el académico, y secundariamente en los cuatro periodos orgánicos.


Enlace al ensayo completo:

https://drive.google.com/file/d/1ySSjJF6kJJzkJWm4TMDMkWOQvmpFmHvo/view

viernes, 12 de julio de 2024

A TRESCIENTOS AÑOS DEL NACIMIENTO DE IMMANUEL KANT

 

     Fue un filósofo alemán. Fue uno de los principales representantes del movimiento cultural de la ilustración. Su pensamiento se encuadra dentro del idealismo alemán, y es catalogado de manera específica como idealismo trascendental. Entre sus obras principales cabe citar a la “Crítica a la razón pura” (1781), “Crítica a la razón práctica” (1788), “Crítica al juicio” (1790) y “Fundamentos a la metafísica de las costumbres” (1785), “Ideas para una historia universal en clave cosmopolita” (1784), “Qué significa orientarse en el pensamiento” (1786), “La religión dentro de los límites de la mera razón” (1793), “Para la paz perpetua” (1795).

     Recibe influencias variadas, como las de racionalistas, empiristas, Jean Jaques Rousseau o Isaac Newton.

     Kant quería que su obra sirviera para que la humanidad accediera a la “mayoría de edad”, a través del despliegue de una crítica de la razón, no sólo a un nivel meramente intelectual, sino también social.

     A pesar de que Kant sostuvo que Hume lo despertó de su sueño dogmático, nunca dejó de estar muy influenciado por el pensamiento racionalista anterior. Esto se muestra de manera clara en las ideas que tenía sobre la Razón como portadora de principios y finalidades últimas.

     Kant de algún modo parte de la valoración del conocimiento científico como un tipo de saber privilegiado, y se pregunta si la metafísica también puede alcanzar ese rango. La respuesta será negativa, lo que dejará como residuo el planteamiento de una cosa en sí, incognoscible, fuera del alcance de la humana comprensión.

   Kant plantea un dualismo en cierta manera más inquietante del que había propuesto el mismo Descartes, pues sostiene que existe un ámbito en el cual el conocimiento humano no puede penetrar, el de la “cosa en sí”, y otro en el cual el hombre puede desenvolverse, el del “fenómeno”, mera construcción humana, una especie ilusión provechosa para la vida y la civilización.

   Luego de Kant las dualidades del pensamiento moderno se mostraron más problemáticas, ya sea con el par naturaleza-espíritu, cuerpo-alma, sentidos-inteligencia, fenómeno-cosa en sí, razón práctica-razón teórica, etc.  Todo el pensamiento idealista alemán, también todo el romanticismo, intentarán cubrir estas brechas escandalosas, a través de puentes que reconecten al espíritu humano con la totalidad cósmica.

 

     En el campo de la estética, Kant plantea la idea del genio como aquella individualidad excepcional que a través de su rica imaginación continua el trabajo expresivo de la naturaleza. El genio no está sometido a normas o leyes en sus actos creadores, al contrario, en él, es la misma naturaleza la que da la regla al arte[1].

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno".



[1] Cfr. Eduardo Estrada Herrero. Estética. Herder, Barcelona, 1988.

miércoles, 26 de junio de 2024

A CUARENTA AÑOS DE LA MUERTE DE MICHEL FOUCAULT (1926-1984)

 

     Fue un filósofo, sociólogo e historiador francés. Recibió influencias de variados autores, tanto de la filosofía como de la teoría social, como Friedrich Nietzsche, Carlos Marx, Max Weber, Sigmund Freud, Alfred Schutz o Claude Leví-Strauss. En la que puede llamarse la primera etapa de su pensamiento, el sello del estructuralismo es importante, en tanto que una etapa posterior ya se lo califica como postestructuralista e incluso como postmoderno. Entre sus obras cabe citar: “Historia de la locura en la época clásica” (1961), “El nacimiento de la clínica” (1963), “Las palabras y las cosas” (1966), “La arqueología del saber” (1969), “Vigilar y castigar” (1975), “Historia de la sexualidad” (1976).

Principales influjos

     Podemos notar en Foucault la fuerte influencia de pensadores como Marx, en cuanto a su insistencia en la idea de la dominación que se origina en las prácticas sociales; de Nietzsche, su idea de la relación entre el poder y el conocimiento; de Weber, en su planteamiento de la racionalidad como carácter central del desarrollo de la modernidad.

Metodología

     Foucault apela a una especie de método histórico comparativo, aunque  no vea ningún desarrollo lineal en la historia. Lo que ve es distintos periodos de tiempo que se entrecortan entre sí, a cada uno de los cuales llamó a veces “episteme”. Foucault estudió textos escritos, tratando de captar en el discurso una estructura oculta, inconsciente, que explique tejidos de dominación presentes en el conocimiento.

Saber y poder

    Estudia la relación entre el saber y el poder, haciendo especial hincapié en las ciencias humanas y en la función que han cumplido para llevar adelante el control social (o bien podríamos hablar de modos de dominación basados en el conocimiento[1]). Así, la sociedad se convierte en un super panóptico[2] que busca mantener el orden y la integración social a través de un conocimiento que se califica como científico[3].

La locura

     En sus estudios sobre la locura bien podemos encontrar relaciones con las ideas de los pensadores románticos, quienes empezaron a oponerse a las pretensiones totalizantes de la racionalidad occidental. Aunque Foucault no precisamente defiende alguna posición, lo que hace es reflexionar históricamente sobre el tema que trata.

     Cuando Foucault habla de la “historia de la locura” describe como, en dos periodos estructurales históricos, la locura se relaciona con la racionalidad. En lo que llama la “época clásica” (1650-1800)  la razón toma el predominio y despliega su “monólogo”, es decir, se corta el “diálogo” que existía anteriormente en el Renacimiento.

     Pero ¿quién es el “loco” a partir de la época clásica? Sencillamente, aquel que no se adapta a las normas imperantes de la sociedad moderna, es decir, a una racionalidad instrumental.

Foucault y el pensamiento actual

     Las ideas de Foucault siguen teniendo resonancia en el pensamiento actual. Fijémonos, por ejemplo, en el problema del control social.

      Para Foucault la sociedad y la cultura ejercían su dominio sobre los cuerpos a través del disciplinamiento, ejercido en espacios cerrados como cuarteles, hospitales, escuelas o fábricas.

     Poco tiempo después Gilles Deleuze planteara que se observaba un nuevo tipo de control, que se basaba en la repetición interminable de pautas de comportamiento, que ya no tenían porqué estar reducidos a espacios cerrados. El ejemplo que solía dar era el de una carretera, en la cual los automovilistas podían sentirse libres de circular por ellas, pero siempre por los mismos conductos preestablecidos.

     Ya en la actualidad, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han plantea que estamos frente a una “sociedad del rendimiento”, en la que se ejerce la dominación a través de la búsqueda desenfrenada de objetivos, metas y resultados, en individuos que se suponen libres porque pueden elegir sus modos de vida, pero que sin embargo están esclavizados por cargar con la responsabilidad total tanto del éxito como del fracaso.

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno)



[1] (León Helman, 2019/2022, págs. 12, nro. 3)

[2] El panóptico fue una idea del filósofo utilitarista Jeremías Bentham, que consistía en un tipo de arquitectura carcelaria que permitía mantener bajo observación a todos los reclusos, y era tal la eficiencia del sistema que los presos podían sentirse observados incluso si ningún guardia estuviera en la torre de control. El panóptico es como una especie de parodia del Dios  cristiano Omnisciente.

[3] Como ejemplo de este tipo de afanes teóricos bástenos con citar a pensadores como Augusto Comte, Emile Durkheim o Talcot Parsons.

 

viernes, 14 de junio de 2024

A VEINTE AÑOS DE LA MUERTE DE LEOPOLDO ZEA (1912-2004)

 

     Fue un filósofo mexicano. Podríamos ubicarlo dentro de una generación del cuarenta, dentro del pensamiento latinoamericano. Es uno de los principales representantes de la corriente “historicista” de la filosofía latinoamericana. Recibió el fuerte influjo del filósofo español José Gaos (quien perteneció a la llamada “escuela de Madrid”, liderada por José Ortega y Gassett). Escribió obras como “El positivismo en México”, “La filosofía americana como filosofía sin más” (1969), “Filosofía de la historia latinoamericana” (1979), “Latinoamérica, un nuevo humanismo”, “América como auto-descubrimiento”. Formó parte del “grupo Hiperión”, conformado por pensadores mexicanos que buscaban conjugar el pensamiento americanista desarrollado por filósofos como José Vasconcelos y Samuel Ramos, con los últimos desarrollos de la filosofía mundial, entre los que se encontraba la fenomenología, el existencialismo o el vitalismo. 

La filosofía latinoamericana como filosofía sin más

En la obra “La filosofía latinoamericana como filosofía sin más” retoma la pregunta que se había hecho el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy: ¿Existe una filosofía de nuestra América? Esta pregunta, dice Zea, nos lleva a preguntarnos por la diversidad cultural, justamente frente al Logos, al Verbo, a la Palabra, que desde el pensamiento occidental pretendía ser universal y unitaria. Así, la pregunta por la existencia de una filosofía latinoamericana nos dirige a cuestionarnos por la peculiaridad misma que adquiere el pensamiento humano, es decir, nos lleva a “re-preguntarnos” por los grandes problemas de la filosofía, desde una “realidad” que no nos es ya ajena, sino que constituye el suelo, la base, la raíz, desde la cual inevitablemente pensamos.

     Zea sostiene que ésta es una “extraña filosofía”, porque “a ningún griego se le ocurrió preguntarse por la existencia de una filosofía griega, así como a ningún latino o medieval, ya fuese francés, inglés o alemán se le ocurrió preguntarse por la existencia de su filosofía”.

     Y así, tomando en consideración lo que plantea Zea, podemos preguntarnos también nosotros: ¿existe una filosofía paraguaya?

(Extracto de "Robert León Helman. Pensar desde América. Hacia una visión estética del pensamiento latinoamericano").

viernes, 31 de mayo de 2024

INTRODUCCIÓN A "UN PARAGUAYO QUE LEYÓ A SCHOPENHAUER"

 

     El género literario de la auto-biografía ha tenido muchos cultores y entre pensadores como San Agustín, Rousseau o Nietzsche, la auto-biografía muestra también un horizonte filosófico. En los filósofos la filosofía no es simplemente un oficio o una disciplina de estudio, la filosofía se vive, ya que sus planteamientos pueden ser experimentados en uno mismo.

     Pueden existir muchas justificaciones para escribir sobre una aventura de vida, tal vez ofrecer una enseñanza, conocerse a uno mismo, pasar el tiempo, etc. Por nuestra parte podemos decir que este escrito posee una motivación principalmente estética, en el sentido de buscar la contemplación de una unidad, desde la articulación de cada una de las partes de la obra. En este caso hemos apelado a la narración del proceso de una vida individual, pero bien podría ser aplicado, por ejemplo, a la vida del pensamiento universal[1] o al pensamiento paraguayo[2], como lo hemos hecho en otros escritos.

      Es otras palabras, este libro no está motivado en sí mismo, sino que es el resultado de un proceso de investigación y de escritura que tiene muchas aristas y que confluye en una visión unitaria de lo que significa ser hombre en relación con la naturaleza, con los demás y con la personalidad.

    El presente trabajo puede servir también como un modo de contrastar biográficamente unos planteamientos filosóficos, en sus variantes metafísicas, antropológicas, gnoseológicas, éticas y estéticas. Por supuesto, la filosofía no se demuestra ni se impugna con la biografía, por ejemplo, no necesito conocer la vida de Descartes para confirmar la veracidad de su pensamiento; pero conocer algunas circunstancias por las que pasó un autor puede motivarnos a profundizar en sus ideas o propiciar la intuición de los planteamientos que el autor nos propone, o incluso conocer e interpretar la sociedad y la cultura desde las cuales el autor pensó y que de alguna u otra manera influyeron en sus ideas.

 

     Entonces, podemos plantear la pregunta: ¿quién soy yo? En verdad no sé quién soy y en la medida en que más he vivido ha aumentado la incógnita, y así está bien, porque me he dado cuenta de que todo lo escrito en este trabajo no es más que una construcción, una ficción, es literatura, y esto, aun cuando trate de remitirme a los hechos y despliegue técnicas de la investigación cualitativa interpretativa[3].

     La vida del hombre es como un árbol que va creciendo con los años y durante la primera mitad generalmente uno cree que su vida son el tronco, las ramas, frutos y flores, ya que esas son las partes más visibles de nuestro árbol vital, pero cuando uno se va introduciendo en la segunda etapa de la vida (entre los 35 y 45 años) empieza también a tomar conciencia de las raíces, que están en lo más hondo de uno mismo, en una profundidad tal que uno nunca podrá descifrarlas del todo[4], porque están unidas al flujo mismo de la vida, al fondo metafísico de todo lo existente[5].

      Así que la presente obra es simplemente la historia de una búsqueda, el relato de un peregrinaje, el símbolo de una aventura humana. 

     Entonces, aunque aquí el motivo de la escritura tenga que ver con la historia de una persona en particular, es necesario pensar e interpretar al hombre mismo detrás de la máscara de una personalidad específica. Es decir, más allá de lo auto-biográfico, este escrito pretende ser una reflexión sobre el ser humano[6]. En otras palabras, la pregunta principal que mueve a este trabajo es ¿qué es el hombre?

 

      Me he buscado toda mi vida[7] y como residuos de esa búsqueda han quedado imágenes, que se han ubicado curiosamente entre todo lo que he escrito. Pero también he buscado a la filosofía en mí, porque he hecho de ella una cuestión personal y quizá por ello la he hallado en la forma de numerosas preguntas, que, aunque no tengan respuestas, alimentan el gozo y el asombro que brotan del cultivo del espíritu.

      Las tres fundamentales preguntas de la antropología filosófica son: ¿Quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? Y las utilizaremos a lo largo del presente trabajo, valiéndonos para ello de un marco teórico que hemos expuesto en los libros 3 al 6 de nuestra “cosecha de pensamientos”[8], marcado principalmente por el influjo de Schopenhauer, sin olvidar los aportes de Nietzsche, Spengler o Heidegger.

 

     La distancia al presente que hemos considerado en este escrito es de tres años, pues a través de este espacio de tiempo la vida se ve ya desmaterializada, o como diría Schopenhauer desvoluntarizada, y por lo tanto se muestra apta para la contemplación estética, o simplemente para una observación mesurada y tranquila, que deje de lado tantos vanos apegos. Al respecto nos dice Arthur Schopenhauer:

“Aquella felicidad de la intuición voluntaria es, finalmente, la que difunde ese encanto tan asombroso sobre el pasado y la distancia, y nos lo presenta a una luz embellecedora por medio de un auto-engaño. Pues al hacernos presente los días pasados hace tiempo vividos en un lejano lugar, lo que nuestra fantasía evoca son solamente los objetos, y no el sujeto de la voluntad, que antaño cargaba con innumerables sufrimientos igual que ahora: pero ahora están olvidados, porque desde entonces han dejado su lugar a otros”[9].

 

   La vida es como un suspiro, de modo que todos los recuerdos dan la impresión de que son sólo de ayer, pero plasmados como en los horizontes de un cuadro, o como una sublime sinfonía que queda sonando en nuestra memoria cuando ya hemos dejado de escucharla.

   Todo lo que hemos vivido forma parte de todo lo que de alguna manera ya hemos muerto, quedando las imágenes antes que nada como agrupadas en arquetipos o símbolos, y no ya como una forma de auto consideración, y quizá por ello, acaso podemos plasmar la vida pasada en una obra literaria.

 

    Y precisamente, la escritura y la reflexión sobre las imágenes de mi pasado constituyen formas del cultivo del espíritu (como ya indicamos más arriba), una de las principales enseñanzas que he tomado de Schopenhauer.  

   Antes de asimilar las ideas del filósofo alemán, mi vida se reducía a seguir las metas que la sociedad moderna (en sus distintos tipos) nos impone: la obtención de dinero y de posicionamiento social. La enseñanza de Schopenhauer es que existe algo que vale mucho más que estos logros, y al que a su vez deben subordinarse: el cultivo del espíritu[10].

     Y así como en el título de la auto-biografía hago alusión a Schopenhauer, también apunto a mi condición de paraguayo, como alguien que construye su subjetividad en el contexto de una sociedad y una cultura peculiar (la paraguaya), que ineludiblemente condiciona las direcciones que tomó, toma o pueden tomar las imágenes de una aventura de vida.

 

   Por el hecho de que el periodo de tiempo que abarca esta autobiografía alcanza aproximadamente la mitad de lo que vive en promedio una persona en nuestro tiempo (es decir, tenemos  la infancia, la juventud y una incipiente madurez), la metodología de la división en cuatro edades de la vida, que utilizamos generalmente en nuestros escritos tomará algunas peculiaridades. Seguiremos con la división en cuatro, pero en vez de edades utilizaremos las cuatro estaciones anuales: primavera, verano, otoño e invierno.

A modo de enfoque teórico

     Podemos proponer las ideas de Schopenhauer como una especie de referencia teórica que nos dotará de mejores herramientas para interpretar a cada uno de los fragmentos que constituyen a la totalidad de la auto-biografía. Un planteamiento que está justificado por la misma alusión al nombre del filósofo alemán en el título del libro.

     Hay dos ejes para tener en cuenta en las ideas de Schopenhauer, por una parte, las temáticas eminentemente filosóficas, como la metafísica, la teoría del conocimiento, la estética o la ética, tratadas en su libro “El mundo como voluntad y representación”[11]; por otra, sus reflexiones sobre normas morales, desarrolladas principalmente en su obra “Arte del buen vivir”[12]. El primer eje nos ha servido para tratar de comprender la mística, el funcionamiento de la mente y la acción humana; mientras que el segundo nos ha sido de provecho como guía moral para orientarnos en medio de los cambiantes caminos de la cotidianeidad.

A modo de enfoque metodológico

     Con el propósito de extraer una mejor comprensión de la obra, hemos tratado de llevar adelante la técnica del análisis documental, así, hemos numerado a cada uno de los fragmentos y los hemos asociado con las ideas que aparecen en ellas, las cuales han sido anotadas al pie de la página en la que el texto se inicia, lo que a través de un recuento nos permitió distinguir los conceptos que han sido más utilizados en la auto-biografía.

A modo de enfoque contextual

     El marco en el que se despliegan las imágenes de esta auto-biografía está compuesto por la sociedad y la cultura paraguaya, y de manera más específica por los estadios de la política nacional, por ello, al inicio de cada una de las cuatro secciones principales hemos escrito breves alusiones a ellos.

A modo de enfoque analítico

     Una vez hecho el recuento, las ideas centrales fueron definidas en un glosario ubicado en la última parte del libro, lo que nos permitió analizar con mayor claridad las relaciones entre ellas, y cómo se proyectan para explicar cada uno de los acontecimientos narrados, dándonos a su vez la posibilidad de llegar a un epílogo sobre el trayecto de vida que hemos estudiado.

      Los tres conceptos que han aparecido con mayor frecuencia en nuestro análisis (experiencia estética, escritura y filosofía) han sido colocados como una especie de segundo subtítulo del libro.

Último comentario introductorio

     De cualquier manera, la obra está ordenada como para ser leída desde distintas orientaciones, sea como un texto meramente literario, o como un libro de análisis psicológico, socio-cultural o filosófico, desplegado a lo largo de una historia de vida, así, cada lector sabrá escoger el enfoque que mejor se adecue a su interés.  

 

 



[1] (León Helman, 2016/2023)

[2] (León Helman, 2014/2021a)

[3] (Guttandin, 2012).

[4] El hombre es un ser en relación, con los demás, con la naturaleza, con la propia personalidad, y no somos ni nuestra sociedad, ni nuestro cuerpo, ni nuestra personalidad, pero nuestro ser se expresa en ellos.

[5] San Agustín llamaba Dios a este fondo último de nuestra interioridad, y lo planteaba como algo inmutable, porque no dependía de los cambios, que por ejemplo se relacionan con la personalidad de un individuo. Bergson sin embargo escribe sobre un fundamento en constante flujo, como aquel río de Heráclito que nunca es el mismo. Desde el pensamiento postmoderno ya se puede hablar de la nada, como un fundamento sin fondo.

[6] (León Helman, 2011/2024, pág. 9)

[7] Esto se refleja en el primer título que le dimos a nuestra auto-biografía: “Búsquedas”, en la edición del año 2014. Estas búsquedas, estas investigaciones, brotan generalmente de situaciones límites y de estados de ánimo extremos. Esto lo iremos ejemplificando en el cuerpo de este trabajo.

[8] (León Helman, 2011/2024, págs. 10-11)

[9] (Schopenhauer, 1819/1927, pág. 253)

[10] (Schopenhauer, 1998 , págs. 69-70)

[11] (Schopenhauer, 1819/1927)

[12] (Schopenhauer, 1998 )


Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1lnJiUCuYf-G1GNHyHjiJt6xNfqE3d3H2/view

viernes, 17 de mayo de 2024

A TRESCIENTOS VIENTE AÑOS DE LA MUERTE DE JOHN LOCKE (1632-1704)

 

     Fue un filósofo inglés. Considerado el iniciador de la corriente filosófica del empirismo y uno de los principales pensadores ilustrados. Sus ideas políticas han establecido las bases del liberalismo.

     Entre sus obras cabe citar el “Tratado sobre el gobierno civil” (1690), “Ensayo acerca del entendimiento humano” y “Ensayo sobre la educación” (1693).

Ideas y revolución

     Como uno de los principales exponentes de la ilustración, sus ideas aparecieron como revolucionarias en un tiempo en el que el régimen político vigente era la monarquía absoluta. Y esto es importante considerar, muchas ideas que ahora nos parecen ser completamente convencionales, alguna vez fueron revolucionarias. E insistimos en esto, el liberalismo constituye un conjunto de ideas originalmente revolucionarias (en especial cuando nos referimos al liberalismo francés), pero una vez que se hicieron predominantes en la cultura occidental pasaron a ser ya conservadoras (en especial cuando nos referimos al liberalismo inglés).

Naturaleza y convención

     La distinción entre naturaleza (o physis) y convención ya había sido planteada por los sofistas en la antigua Grecia, quizá la diferencia que se da en los albores del mundo moderno es que los pensadores ilustrados buscaban justificar a través de estos términos la transformación de las sociedades occidentales, es decir, más allá de constituirse esta distinción en un problema filosófico, formaba parte de un marco teórico para explicar la oleada de cambios políticos que se estaban produciendo en Europa.  

     Tanto John Locke como David Hume fueron exponentes del pensamiento empirista y del liberalismo, pero cuando se trataba explicar el origen de la sociedad o del gobierno civil, pareciera que Locke volvió a recurrir a ideas racionalistas al sostener que en el estado de naturaleza (es decir, en una especie de sociedad elemental) por más que no existen normativas formales si rige una “ley natural”, la cual puede ser descubierta a través del pensamiento, de la razón.

El contrato social

     Al igual que Rousseau y Hobbes, uno de los temas principales de la filosofía de John Locke es el paso del estado de naturaleza a la sociedad civil a partir de un “contrato social”.

    Si Rousseau postulaba que en el estado de naturaleza el hombre era bueno y Hobbes sostenía que era malo, para Locke no se daba precisamente ni lo uno ni lo otro, pero existía una ley moral natural, innata en los hombres, que era la que direccionaba, a pesar de que existían atropellos, el trato entre los individuos. Precisamente para impedir que se sigan dando tales atropellos a la ley natural y para garantizar los derechos desde ella emanados, entiéndase, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, es que se firma un contrato social que da origen a la sociedad civil.

(Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno")

viernes, 26 de abril de 2024

A CIENTO CUARENTA AÑOS DE LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA ALBERDI (1810-1884)

 

     Fue un filósofo y político argentino. Es quizá es el principal referente del pensamiento liberal en Latinoamérica. Vivió varios años en el exilio, en Europa, Brasil, pero especialmente en Chile.

     En su obra de 1842 titulada “Ideas para presidir la confección del curso de filosofía contemporánea” planteó por primera vez la posibilidad de la existencia de una filosofía latinoamericana.

       Otra obra relevante es “Bases para la organización política de la República Argentina” de 1852, en donde plantea principios del pensamiento liberal como fundamento para el Estado en la Argentina.

     Otro trabajo que podemos recordar es “Fragmento preliminar al estudio del Derecho” (1837), en donde se hace la pregunta “¿Qué implica llegar a ser Nación?”. Sostuvo que los argentinos eran ideológicamente “hijos de Francia” y no de España, con lo cual quería apuntar a una independencia no ya política sino intelectual del pensamiento político francés. Y podríamos decir, que Francia no sólo fue una referencia constante en Latinoamérica en lo que hace al pensamiento liberal, sino también en relación con el positivismo (específicamente el de Augusto Comte).

     Otra obra que podemos citar es: “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual” (1880).

Algunos planteamientos de Alberdi

     En 1853 fue elaborada la primera constitución de la República Argentina, bajo el fuerte influjo de las ideas de Alberdi, marcadas por los principios del liberalismo clásico, plasmados a su vez, de manera particular en la Constitución de los Estados Unidos de 1787.

     Alberdi compara los gobiernos de Estados Unidos y los latinoamericanos y sostiene que en el país del norte han regido instituciones republicanas originadas en Inglaterra, y en contrapartida, en Latinoamérica se ha dado el fuerte influjo liberal revolucionario y estatista proveniente principalmente de Francia, aunque también lo remite al pensamiento político de la antigüedad greco-romana[1].

Alberdi y el Paraguay

      Alberdi fue considerado como un “ilustre defensor del Paraguay en la guerra contra la Triple Alianza”[2] y así, por ejemplo, algunos de sus planteamientos fueron retomados por Juan E’Oleary en la polémica que sostuvo con su antiguo maestro Cecilio Báez en 1902[3]. En el centenario de su nacimiento (1910), bajo el gobierno liberal de Emiliano González Navero, la localidad de Villa Franca pasó a llevar su nombre.

        Curiosamente, la caída del régimen político lopista fue la que dio lugar a la constitución de 1870 en Paraguay, que tuvo a uno de sus principales modelos a la constitución argentina, que tuvo a Alberdi como a uno de sus principales impulsores.

 (Extracto de "Pensar desde América. Hacia una visión estética del pensamiento latinoamericano")



[1] (Alberdi, 1880/2003)

[2] (Monte de López Moreira, 2004, pág. 89)

[3] (Brezzo, 2008, págs. 43-44)