jueves, 20 de agosto de 2026

A TRIENTA AÑOS DE LA MUERTE DE CARLOS PASTORE (1907-1996)

 

     Fue un pensador, investigador y político paraguayo. Puede ser ubicado dentro de la generación del cuarenta.  Es posible identificar implícitamente en su marco teórico el influjo del estructuralismo latinoamericano, que plantea un conflicto entre países del centro y países de la periferia del mundo, que encontró difusión desde los años cuarenta en la región. Esta perspectiva teórica tiene sus raíces en ideas de Raúl Prebisch, Hans Singer y John Maynard Keynes[1]. A partir de aquí también debe entenderse su posición crítica frente al capital internacional y la necesidad de llevar adelante una reforma agraria[2].

       Fue presidente del partido liberal en el exilio (1959). Fue presidente del directorio del departamento de tierras y colonias durante la presidencia de José Félix Estigarribia (1939-1941), de ahí el acceso a una enorme documentación, luego volcada a su obra más conocida, “La lucha por la tierra en el Paraguay”, publicada en el año 1949.

Periodización de la historia del Paraguay

Una de las temáticas a considerar dentro de “La lucha por la tierra en el Paraguay” es la periodización de la historia del Paraguay planteada por el autor, que consiste básicamente en lo siguiente:  Dentro de la “época de la independencia” considera dos periodos: Primer periodo: Del gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia (1514-1840). Segundo periodo: De la organización del Estado mercantilista (1840-1870). Dentro de la “época constitucional” considera cinco periodos: Primer periodo: De la organización del Estado democrático (1870-1883). Segundo periodo: De la instalación del capital internacional en el Paraguay (1883-1904). Tercer periodo: De la imposición de consignas populares (1904-1938). Cuarto periodo: De la consolidación de los derechos del pueblo y de la codificación de la legislación agraria (1938-1940). Quinto periodo: Del movimiento de contrarreforma agraria (1940-¿?)

La fundación de los partidos políticos tradicionales del Paraguay

Para Carlos Pastore, los partidos políticos tradicionales del Paraguay fueron producto de los conflictos generados por las leyes sobre la venta de tierras públicas, promulgadas durante del gobierno de Bernardino Caballero (1882-1886).

      Sobre la fundación del partido liberal, el autor escribe lo siguiente:

El 27 de junio de 18887 los líderes de la oposición al gobierno de Bernardino Caballero resuelven fundar un centro político que comenzó llamándose “Centro Democrático” para luego denominarse Partido Liberal. Los fundadores del “Centro Democrático” representaban al sector progresista de la clase superior de la población, a los campesinos de los partidos y pueblos de origen español y mitayo, a los industriales y ganaderos afectados por la enajenación de los yerbales, bosques y praderas del fisco, y a los grupos intelectuales que habían adquirido importancia política en los últimos años con la incorporación a los mismos de los egresados del Colegio Nacional, fundado en 1878, y que para aquella fecha ya había formado cincuenta y nueve bachilleres, jóvenes venidos de todas las clases sociales y de diversas regiones del territorio del país[3].

      Sobre la fundación del Partido Colorado, Pastore expresa lo siguiente:

“El 11 de septiembre de 1887 es fundado el Partido Nacional, hoy llamado Asociación Nacional Republicana o Partido Colorado. Sus líderes fundadores representaban al gobierno de entonces; al sector conservador de la clase superior de la población, beneficiado con la venta de praderas, bosques y yerbatales del fisco y a los núcleos de población yanacona (…) Nace en el gobierno, aparece en el escenario político para defender posiciones e intereses ya conquistados; sus consignas políticas son: paz, respeto a las instituciones actuales, orden y tranquilidad públicas. Encarna el espíritu del colonialismo interno, defiende sus intereses económicos y aplica sus prácticas políticas. José Segundo Decoud, cuyas ideas políticas y sociales conocemos, fue uno de sus fundadores y su líder intelectual”[4].


Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").



[1] (Kaiser & Álvarez, 2016, págs. 17-18)

[2] (Kaiser & Álvarez, 2016, pág. 18)

[3] (Pastore, 2008, pág. 251)

[4] (Pastore, 2008, pág. 252)

jueves, 6 de agosto de 2026

A CUARENTA AÑOS DE LA MUERTE DE HIPÓLITO SANCHEZ QUELL (1907-1986)

 

     Fue un pensador, sociólogo e historiador paraguayo. Puede ser ubicado dentro de la generación del cuarenta, junto a Natalicio González, Efraín Cardozo y Justo Pastor Benítez. A nivel académico, Sánchez Quell sucedió a Cecilio Báez en Universidad Nacional en las disciplinas de Sociología e Historia Diplomática del Paraguay[1]. En el año 1937, fue uno de los fundadores del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas (I.P.I.H), que sería la base para la actual Academia Paraguaya de la Historia (A.P.H).

      Entre sus obras cabe citar: “Estructura y función del Paraguay Colonial”, “Proyección del General Caballero en la ruta de la Patria”, “Panorama de la Sociología Americana”, “Alfredo Stroessner, el programa colorado y el desarrollo paraguayo”.

      Fue un investigador muy identificado con el Partido Colorado. Fue uno de los proyectistas para el cambio en el programa del partido, que debía pasar a ser “nacionalista y populista”[2], distanciándose así de las orientaciones liberales presentes en el momento de su fundación[3] y que habían hecho del partido un defensor de la Constitución Nacional de 1870. Este cambio de orientación ideológica del Partido Colorado se concretó en una convención del año 1938[4], además con el respaldo de otros pensadores colorados como Natalicio González y Juan E. O´leary.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay")



[1] (Monte de López Moreira, 2006, pág. 80)

[2] (Monte de López Moreira, 2006, pág. 80)

[3] (Rivarola M. , 1996, pág. 63)

[4] (Monte de López Moreira, 2006, pág. 80)

miércoles, 15 de julio de 2026

INTRODUCCIÓN A "CAMINO AL RANCHO. ANÁLISIS DESCRIPTIVO E INTERPRETATIVO DE COMPOSICIONES MUSICALES"

 

     Desde tiempos inmemoriales la canción ha servido como un vehículo para expresar estados de ánimo, o incluso estados de consciencia, por ello, originalmente han estado asociadas con la comunicación de un mensaje mitológico o religioso, para con el tiempo transmitir también emociones con tintes ya sea nacionalistas o individualistas.

     Por nuestra parte también hemos tratado de utilizar a las canciones como un vehículo, para tratar de establecer las condiciones para que broten las intuiciones que permitan comprender y profundizar en muchos de los planteamientos que hemos desarrollado en nuestros ensayos.  Así ¿porqué no proponerlo? Si es que existe algún planteamiento que desde la filosofía es difícil de comprender, cabe la opción de intentarlo a través de una pequeña canción.

       Hemos tomado las canciones más representativas de este cancionero y las hemos estudiado, para luego extraer de ellas las temáticas principales; una vez realizado esto, hemos tomado aquellas que han tenido más frecuencia a modo de elaborar una especie de teoría substantiva que nos permita llevar más cerca de la experiencia cotidiana temáticas de un nivel más teórico.

     Partimos de un paradigma filosófico voluntarista, es decir, consideramos principalmente a la acción humana y a su aniquilación. A su vez, este voluntarismo proviene de los sistemas de ideas de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, sumado a algunos planteamientos de Oswald Spengler o Martin Heidegger.

     Cuando hablamos del Rancho queremos hacer referencia a la cultura tradicional paraguaya, a la cultura campesina, que es a su vez el núcleo de la cultura paraguaya, así el camino al rancho nos señala un retorno a los valores de nuestra cultura tradicional y a un intento de darle una dimensión filosófica al arandu ka´aty o sabiduría del bosque. El Rancho, a nivel metafísico, es el símbolo del Sí mismo o sujeto puro e involuntario y hacia ahí se direccionan las prácticas de profundización interior y los ensayos y canciones enmarcados por nuestro método histórico-organicista.


Enlace al libro completo: 

https://drive.google.com/file/d/1twWP_x_9ZuDdo7u9aPqXAIpvp4iQH6WJ/view

 

miércoles, 10 de junio de 2026

A OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE RODOLFO RITTER (1864-1946)


Fue un economista y pensador ruso-paraguayo. Puede ser considerado dentro de la generación del novecientos. Recibió influjos de Marx y Bergson. Entre sus obras cabe citar: “La cuestión monetaria en el Paraguay” (1906), “Los factores económicos en los destinos de las naciones. El materialismo histórico” (1926). Fue el fundador del semanario “El economista paraguayo” (1908-1923). También fue columnista en los periódicos “El Liberal” y “La Nación”. Entre los estudios sobre el autor cabe citar el artículo de Liliana Brezzo: “Mis dos patrias: De Rusia al Paraguay. Las cartas de Rodolfo Ritter a Juan Emiliano O´leary (1919-1929).

     Crítico del régimen zarista ruso de inicios del siglo XX, sus opiniones políticas lo llevaron al exilio en Paraguay. Llevó adelante con Rafael Barrett una polémica sobre la existencia o no de la “cuestión social” en el Paraguay.

     En una carta de 1924 Ritter realizó apuntes sobre “el drama íntimo del Paraguay: la antítesis entre esos dos mundos: el de la ciudad y el de la campaña”. Y efectivamente, ésta es la dualidad en la cual las abstracciones del pensamiento encuentran cobijo para para orientarse hacia la realidad.

(Extracto de "Robert León Heman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay)".

jueves, 28 de mayo de 2026

INTRODUCCIÓN A "DEL CAMPO A LA CIUDAD Y DE LA CIUDAD AL CAMPO. ENSAYO SOBRE PROCESOS SOCIALES Y CULTURALES DEL PARAGUAY"

 

   El Paraguay pasó de ser en sus orígenes una sociedad agraria, a ser ya en nuestros tiempos otra preponderantemente urbana, situación que viene aparejada con una transformación de la visión de mundo del paraguayo[1], que sin dejar de ser un hombre de costumbres agrarias, comienza a pensar, a sentir y actuar como urbano. Y esto implica cambios a nivel político, económico, social y cultural.

     Se han dado varias denominaciones a este pasaje de lo rural a lo urbano, por ejemplo, José N. Morínigo habla de sociedades de “desarrollo dual”[2], Luis Galeano habla de “sociedad dislocada”[3] y  Vicente Sarubbi Zaldivar apunta a la coexistencia de tres formas de sociedad (segmentaria, estratificada y diferenciada) basándose en ideas de Niklas Luhmann[4].

   La modernidad constituyó en occidente todo un proceso de crisis que significó el paso de una sociedad eminentemente agraria a otra de tipo urbana. Uno de los principales factores que intensificó esta transformación fue el desarrollo industrial.

   En el Paraguay la modernidad tuvo sus propias peculiaridades, fue parcial, conservadora y tardía[5]. Y vino asociada con características propias, por ejemplo, la masiva migración de los habitantes del campo hacia las ciudades no se canalizó mayoritariamente hacia el sector industrial, sino hacia el sector terciario (comercio y servicios) pero de un tipo informal y precario.  

   En las ciudades a grandes rasgos se deja de confiar ya en la divinidad, en los santos y en los milagros, y en sus representantes, magos y sacerdotes, para apostar por la acción transformadora del hombre, que a través de la racionalidad (filosófica y científica) y de la democracia, puede llegar al desarrollo de sus sociedades y culturas. Pero a medida que se revela la crisis de los fundamentos de la razón[6], la técnica, con su carácter de racionalidad instrumental, toma predominancia, mientras que el desencanto con las instituciones políticas modernas adquiere la forma del populismo.

   Pero en el Paraguay no se da un quiebre radical entre visión tradicional y visión moderna del mundo, antes bien, la cultural agraria pervive en las ciudades (por ejemplo el guaraní sigue siendo usado en algunos ámbitos urbanos y la religiosidad popular sigue teniendo adherentes) mientras la cultura moderna penetra los espacios rurales, en particular a través de los medios de comunicación, la migración y aun por procesos educativos.

        A partir de las anteriores consideraciones podamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las características de este desplazamiento del campo a la ciudad en la sociedad paraguaya? Y ¿En qué sentido se puede plantear un camino de regreso al campo?

A modo de marco teórico

Para interpretar este proceso de cambio y a la vez de reordenamiento social y cultural, apelaremos a un paradigma filosófico voluntarista, en el que se hace hincapié en la acción humana, sumado a teorías generales filosóficas provenientes de autores como Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche u Oswald Spengler, acompañados de otros planteamientos provenientes de la teoría de la modernidad.

A modo de marco metodológico y analítico

     En años anteriores, hemos llevado adelante una exploración intelectual a través de una consulta bibliográfica, cuyos productos fueron volcados en escritos breves sobre el pensamiento social y sobre el proceso socio-cultural paraguayo, agrupados en la serie "Cosecha de pensamientos". El intento de ordenar esos escritos breves teniendo la dirección de algunas preguntas elementales es lo que ha dado lugar a este ensayo.

    En nuestro trabajo buscamos caracterizar el cambio socio-cultural paraguayo, considerando los principales escenarios de este cambio, que son el campo y  la ciudad; a su vez, desde esta descripción pretende ser la base para llevar adelante una interpretación de un camino de retorno, de la ciudad hacia el campo, en el sentido identitario, moral y contemplativo.

A modo de marco contextual

     Nuestra propia búsqueda interior nos llevó a hacer el camino de regreso de la ciudad al campo, por ello, de alguna manera este trabajo es también el intento de interpretar el flujo de vida de un paraguayo[7].

 Enlace al ensayo completo:

 https://drive.google.com/file/d/1psPzv8mlmmghSIWkaIpGro9ppYDbX6JH/view?usp=drive_open

 

 

 

 



[1] Cuando escribimos “visión de mundo del paraguayo” nos referimos a una que al inicio se asocia con la “cultura seminal” del Paraguay, que no es otra sino la cultura agraria. (León Helman, 2014/2025, págs. 22-29, apart.3.1.).

     En relación con el término “seminal”, podemos considerar que  San Agustín hablaba de unas “razones seminales”, que son distintas a las Ideas (situadas para el mismo autor en la mente de Dios), que son creadas y que se despliegan en las cosas particulares en el tiempo y en el espacio (Weinberg, 1998).

[2] (Morínigo, 1998)

[3] (Galeano, 2002)

[4] (Sarubbi Zaldivar, 1996)

[5] (Galeano, 2016)

[6] Ver en glosario.

[7] “Un paraguayo que leyó a Schopenhauer” (León Helman, 2014/2024)

jueves, 16 de abril de 2026

A SESENTA AÑOS DE LA MUERTE DE NATALICIO GONZÁLEZ (1897-1966)

 

Fue un pensador, literato y político paraguayo. Puede ser catalogado como un pensador post novecentista, o de una manera más específica como integrante de la generación del cuarenta. Entre sus obras cabe citar: “Proceso y formación de la cultura paraguaya” (1938), “Ideología guaraní” (1958) o “El Estado servidor del hombre libre” (1960).

     Natalicio fue presidente de la república del Paraguay por un breve periodo (1948-1949).

    Para Efraím Cardozo, Natalicio “es el primero en esbozar una filosofía de la cultura paraguaya”[1] en su obra “Proceso y formación de la cultura paraguaya”.

   A través de su editorial Guarania aparece la primera edición en español del célebre tratado de historia de la filosofía de Theodor Gomperz, “Pensadores griegos”, con un prólogo de su autoría, que permanecerá incluso en las ediciones posteriores de la editorial Herder.

     En 1948 asumió la presidencia de la república luego de la revolución civil de 1947 y de un golpe de Estado perpetrado por los colorados en contra de Higinio Morínigo. Su presidencia no duró mucho, a los pocos meses, en enero de 1949, otro levantamiento militar le obligó a renunciar al cargo. La consigna era lograr la unidad del Partido Colorado, y al parecer, las posturas políticas de Natalicio, eran un obstáculo para ello.

El pensamiento de Natalicio

     Considerando planteamientos de Octavio Paz, la reacción del sentimiento a la razón, que en occidente significó el enfrentamiento entre el romanticismo y la ilustración, en Latinoamérica se dio en la forma de un cruce entre el modernismo literario y el positivismo. En Paraguay aparecieron escritores modernistas de la talla de Manuel Ortiz Guerrero o Eloy Fariña Núñez, a los que podríamos sumar al mismo Natalicio González. Pero Natalicio, al igual que Juan E. O´leary, se pasan ya al campo del nacionalismo, para llevar adelante esta reacción paraguaya del sentimiento, frente a la racionalidad liberal y positivista en ese momento hegemónica dentro de la élite cultural del país.  

     Natalicio fue uno de los autores del nuevo ideario del Partido Colorado en 1935, que hasta aquel entonces poseía una orientación liberal. El nuevo enfoque que González le dio a la doctrina colorada refleja una postura socialista (con tintes también fascistas) y anti-liberal[2].

     Natalicio recibió el influjo de autores románticos, especialmente alemanes y franceses. Plantea un enfoque organicista (o si se quiere naturalista), marcado por factores como tierra, raza e historia.

El Paraguay Eterno

      La idea de eternidad que utiliza Natalicio para calificar al Paraguay tiene que ver con la interpretación historicista que el romanticismo alemán hizo del platonismo, sin embargo, es necesario considerar que en el pensador paraguayo, como en la mayoría de los autores nacionalistas, se ha dado ya el paso de lo filosófico a lo ideológico, es decir, no se busca solamente comprender al mundo, más bien se podría decir, que a partir de esa comprensión, se plantea que es posible y deseable cambiar al mundo. Y en los nacionalistas, este cambio se hace planteando arquetipos considerados eternos, es decir, más allá del tiempo y del espacio. Una vez más, vemos aquí una de las trampas de la mente, la idea de que el pensamiento y la acción humana pueden dominar a aquello que se escapa de sus dominios, justamente por ello han surgido las formas culturales como la religión, la magia, el conocimiento cotidiano, la filosofía, la ciencia o lo más importante para entender a Natalicio, la ideología.

La crítica a Natalicio

       Dávalos y Livieres Banks en su trabajo “El problema de la historia del Paraguay” le reclaman no haber considerado el conflicto entre lo tradicional y lo moderno, presente dentro de la cultura paraguaya.

      Adriano Irala Burgos, de manera implícita, extiende su crítica al nacionalismo natalicista, por la creación de mitologías como el retorno a una edad de oro, el maniqueísmo político o como el héroe máximo[3].

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay")

[1]  (Cardozo, 2007, pág. 364)

[2] (Rodriguez Alcalá, 2006, pág. 130)

[3] Comentario de Juan Andrés Cardozo al pie de la publicación en las redes sociales de la reseña de este autor: “Hay que reconocer el contexto intelectual de la época de Natalicio González. Formó parte de la generación que pretendía constituir, como Haya de la Torre en el Perú, Vasconcelos en México, Rodó en Uruguay, y más radicalmente Palacios en la Argentina, una ideología latinoamericana. Él fue un referente por el Paraguay. Todos fueron interdictos por el macartismo norteamericano que, con el fantasma del socialismo, impuso los regímenes militares en la región. Ya en México, Natalicio escribió un ensayo sobre Kant, con un lenguaje avanzadamente filosófico en que enfatizaba la necesidad de un giro de lo sentimental hacia lo racional en la visión del mundo. La oligarquía local lo repudia por su prédica del "pueblo al palacio". Emblema reducido por la literatura política como "populismo"” fb, 8/04/26.

jueves, 26 de marzo de 2026

A OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE ANTONIO CASO (1883-1946)

 

     Fue un filósofo mexicano. Puede ser ubicado dentro de la generación del novecientos del pensamiento latinoamericano. Desde Bergson, propone una especie de vitalismo cristiano, paralelo al pensamiento cristiano-católico.

   Escribió obras como “La filosofía de la intuición”, “La existencia como economía, desinterés y caridad” o “El problema de México y la ideología nacional”.

      Caso asume planteamientos de pensadores como Pascal o Tolstoi. Fundó con José Vasconcelos el “Ateneo de la juventud”, grupo de estudios filosóficos y humanísticos que se oponía abiertamente a la teoría positivista, de fuerte influencia en ese tiempo, tanto en México como en toda Latinoamérica. Los integrantes de este grupo proponían reemplazar a Comte y a Spencer por otros pensadores europeos, como Schopenhauer, Nietzsche, Bergson, o el pensador uruguayo José Enrique Rodó.

     Sus ideas se desenvuelven en un particular contexto intelectual y filosófico:

de la mano de Henri Bergson y Émile Boutroux, lleva a cabo la promoción de un vitalismo cristiano como horizonte crítico de una modernidad presa de dos alternativas antagónicas: el positivismo que otorga un anclaje doctrinal al capitalismo y su entramado político industrial, y el marxismo, que, desde la perspectiva de Caso, se constituye como columna vertebral de un comunismo totalitario que al identificar justicia con dictadura del proletariado, pugna por la abolición de la propiedad privada[1].

     Este influjo espiritualista en el pensamiento latinoamericano también puede detectarse en pensadores paraguayos novecentistas como Manuel Domínguez o Eligio Ayala, canalizado hacia el nacionalismo en el caso del primero y hacia un liberalismo progresista en el caso del segundo. 

(Extracto de "Robert León Helman. Pensar desde América. Ensayo sobre el pensamiento latinoamericano).



[1] (Ezcurdia, 2013, pág. 4)