jueves, 28 de mayo de 2026

INTRODUCCIÓN A "DEL CAMPO A LA CIUDAD Y DE LA CIUDAD AL CAMPO. ENSAYO SOBRE PROCESOS SOCIALES Y CULTURALES DEL PARAGUAY"

 

   El Paraguay pasó de ser en sus orígenes una sociedad agraria, a ser ya en nuestros tiempos otra preponderantemente urbana, situación que viene aparejada con una transformación de la visión de mundo del paraguayo[1], que sin dejar de ser un hombre de costumbres agrarias, comienza a pensar, a sentir y actuar como urbano. Y esto implica cambios a nivel político, económico, social y cultural.

     Se han dado varias denominaciones a este pasaje de lo rural a lo urbano, por ejemplo, José N. Morínigo habla de sociedades de “desarrollo dual”[2], Luis Galeano habla de “sociedad dislocada”[3] y  Vicente Sarubbi Zaldivar apunta a la coexistencia de tres formas de sociedad (segmentaria, estratificada y diferenciada) basándose en ideas de Niklas Luhmann[4].

   La modernidad constituyó en occidente todo un proceso de crisis que significó el paso de una sociedad eminentemente agraria a otra de tipo urbana. Uno de los principales factores que intensificó esta transformación fue el desarrollo industrial.

   En el Paraguay la modernidad tuvo sus propias peculiaridades, fue parcial, conservadora y tardía[5]. Y vino asociada con características propias, por ejemplo, la masiva migración de los habitantes del campo hacia las ciudades no se canalizó mayoritariamente hacia el sector industrial, sino hacia el sector terciario (comercio y servicios) pero de un tipo informal y precario.  

   En las ciudades a grandes rasgos se deja de confiar ya en la divinidad, en los santos y en los milagros, y en sus representantes, magos y sacerdotes, para apostar por la acción transformadora del hombre, que a través de la racionalidad (filosófica y científica) y de la democracia, puede llegar al desarrollo de sus sociedades y culturas. Pero a medida que se revela la crisis de los fundamentos de la razón[6], la técnica, con su carácter de racionalidad instrumental, toma predominancia, mientras que el desencanto con las instituciones políticas modernas adquiere la forma del populismo.

   Pero en el Paraguay no se da un quiebre radical entre visión tradicional y visión moderna del mundo, antes bien, la cultural agraria pervive en las ciudades (por ejemplo el guaraní sigue siendo usado en algunos ámbitos urbanos y la religiosidad popular sigue teniendo adherentes) mientras la cultura moderna penetra los espacios rurales, en particular a través de los medios de comunicación, la migración y aun por procesos educativos.

        A partir de las anteriores consideraciones podamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las características de este desplazamiento del campo a la ciudad en la sociedad paraguaya? Y ¿En qué sentido se puede plantear un camino de regreso al campo?

A modo de marco teórico

Para interpretar este proceso de cambio y a la vez de reordenamiento social y cultural, apelaremos a un paradigma filosófico voluntarista, en el que se hace hincapié en la acción humana, sumado a teorías generales filosóficas provenientes de autores como Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche u Oswald Spengler, acompañados de otros planteamientos provenientes de la teoría de la modernidad.

A modo de marco metodológico y analítico

     En años anteriores, hemos llevado adelante una exploración intelectual a través de una consulta bibliográfica, cuyos productos fueron volcados en escritos breves sobre el pensamiento social y sobre el proceso socio-cultural paraguayo, agrupados en la serie "Cosecha de pensamientos". El intento de ordenar esos escritos breves teniendo la dirección de algunas preguntas elementales es lo que ha dado lugar a este ensayo.

    En nuestro trabajo buscamos caracterizar el cambio socio-cultural paraguayo, considerando los principales escenarios de este cambio, que son el campo y  la ciudad; a su vez, desde esta descripción pretende ser la base para llevar adelante una interpretación de un camino de retorno, de la ciudad hacia el campo, en el sentido identitario, moral y contemplativo.

A modo de marco contextual

     Nuestra propia búsqueda interior nos llevó a hacer el camino de regreso de la ciudad al campo, por ello, de alguna manera este trabajo es también el intento de interpretar el flujo de vida de un paraguayo[7].

 Enlace al ensayo completo:

 https://drive.google.com/file/d/1psPzv8mlmmghSIWkaIpGro9ppYDbX6JH/view?usp=drive_open

 

 

 

 



[1] Cuando escribimos “visión de mundo del paraguayo” nos referimos a una que al inicio se asocia con la “cultura seminal” del Paraguay, que no es otra sino la cultura agraria. (León Helman, 2014/2025, págs. 22-29, apart.3.1.).

     En relación con el término “seminal”, podemos considerar que  San Agustín hablaba de unas “razones seminales”, que son distintas a las Ideas (situadas para el mismo autor en la mente de Dios), que son creadas y que se despliegan en las cosas particulares en el tiempo y en el espacio (Weinberg, 1998).

[2] (Morínigo, 1998)

[3] (Galeano, 2002)

[4] (Sarubbi Zaldivar, 1996)

[5] (Galeano, 2016)

[6] Ver en glosario.

[7] “Un paraguayo que leyó a Schopenhauer” (León Helman, 2014/2024)

jueves, 16 de abril de 2026

A SESENTA AÑOS DE LA MUERTE DE NATALICIO GONZÁLEZ (1897-1966)

 

Fue un pensador, literato y político paraguayo. Puede ser catalogado como un pensador post novecentista, o de una manera más específica como integrante de la generación del cuarenta. Entre sus obras cabe citar: “Proceso y formación de la cultura paraguaya” (1938), “Ideología guaraní” (1958) o “El Estado servidor del hombre libre” (1960).

     Natalicio fue presidente de la república del Paraguay por un breve periodo (1948-1949).

    Para Efraím Cardozo, Natalicio “es el primero en esbozar una filosofía de la cultura paraguaya”[1] en su obra “Proceso y formación de la cultura paraguaya”.

   A través de su editorial Guarania aparece la primera edición en español del célebre tratado de historia de la filosofía de Theodor Gomperz, “Pensadores griegos”, con un prólogo de su autoría, que permanecerá incluso en las ediciones posteriores de la editorial Herder.

     En 1948 asumió la presidencia de la república luego de la revolución civil de 1947 y de un golpe de Estado perpetrado por los colorados en contra de Higinio Morínigo. Su presidencia no duró mucho, a los pocos meses, en enero de 1949, otro levantamiento militar le obligó a renunciar al cargo. La consigna era lograr la unidad del Partido Colorado, y al parecer, las posturas políticas de Natalicio, eran un obstáculo para ello.

El pensamiento de Natalicio

     Considerando planteamientos de Octavio Paz, la reacción del sentimiento a la razón, que en occidente significó el enfrentamiento entre el romanticismo y la ilustración, en Latinoamérica se dio en la forma de un cruce entre el modernismo literario y el positivismo. En Paraguay aparecieron escritores modernistas de la talla de Manuel Ortiz Guerrero o Eloy Fariña Núñez, a los que podríamos sumar al mismo Natalicio González. Pero Natalicio, al igual que Juan E. O´leary, se pasan ya al campo del nacionalismo, para llevar adelante esta reacción paraguaya del sentimiento, frente a la racionalidad liberal y positivista en ese momento hegemónica dentro de la élite cultural del país.  

     Natalicio fue uno de los autores del nuevo ideario del Partido Colorado en 1935, que hasta aquel entonces poseía una orientación liberal. El nuevo enfoque que González le dio a la doctrina colorada refleja una postura socialista (con tintes también fascistas) y anti-liberal[2].

     Natalicio recibió el influjo de autores románticos, especialmente alemanes y franceses. Plantea un enfoque organicista (o si se quiere naturalista), marcado por factores como tierra, raza e historia.

El Paraguay Eterno

      La idea de eternidad que utiliza Natalicio para calificar al Paraguay tiene que ver con la interpretación historicista que el romanticismo alemán hizo del platonismo, sin embargo, es necesario considerar que en el pensador paraguayo, como en la mayoría de los autores nacionalistas, se ha dado ya el paso de lo filosófico a lo ideológico, es decir, no se busca solamente comprender al mundo, más bien se podría decir, que a partir de esa comprensión, se plantea que es posible y deseable cambiar al mundo. Y en los nacionalistas, este cambio se hace planteando arquetipos considerados eternos, es decir, más allá del tiempo y del espacio. Una vez más, vemos aquí una de las trampas de la mente, la idea de que el pensamiento y la acción humana pueden dominar a aquello que se escapa de sus dominios, justamente por ello han surgido las formas culturales como la religión, la magia, el conocimiento cotidiano, la filosofía, la ciencia o lo más importante para entender a Natalicio, la ideología.

La crítica a Natalicio

       Dávalos y Livieres Banks en su trabajo “El problema de la historia del Paraguay” le reclaman no haber considerado el conflicto entre lo tradicional y lo moderno, presente dentro de la cultura paraguaya.

      Adriano Irala Burgos, de manera implícita, extiende su crítica al nacionalismo natalicista, por la creación de mitologías como el retorno a una edad de oro, el maniqueísmo político o como el héroe máximo[3].

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay")

[1]  (Cardozo, 2007, pág. 364)

[2] (Rodriguez Alcalá, 2006, pág. 130)

[3] Comentario de Juan Andrés Cardozo al pie de la publicación en las redes sociales de la reseña de este autor: “Hay que reconocer el contexto intelectual de la época de Natalicio González. Formó parte de la generación que pretendía constituir, como Haya de la Torre en el Perú, Vasconcelos en México, Rodó en Uruguay, y más radicalmente Palacios en la Argentina, una ideología latinoamericana. Él fue un referente por el Paraguay. Todos fueron interdictos por el macartismo norteamericano que, con el fantasma del socialismo, impuso los regímenes militares en la región. Ya en México, Natalicio escribió un ensayo sobre Kant, con un lenguaje avanzadamente filosófico en que enfatizaba la necesidad de un giro de lo sentimental hacia lo racional en la visión del mundo. La oligarquía local lo repudia por su prédica del "pueblo al palacio". Emblema reducido por la literatura política como "populismo"” fb, 8/04/26.

jueves, 26 de marzo de 2026

A OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE ANTONIO CASO (1883-1946)

 

     Fue un filósofo mexicano. Puede ser ubicado dentro de la generación del novecientos del pensamiento latinoamericano. Desde Bergson, propone una especie de vitalismo cristiano, paralelo al pensamiento cristiano-católico.

   Escribió obras como “La filosofía de la intuición”, “La existencia como economía, desinterés y caridad” o “El problema de México y la ideología nacional”.

      Caso asume planteamientos de pensadores como Pascal o Tolstoi. Fundó con José Vasconcelos el “Ateneo de la juventud”, grupo de estudios filosóficos y humanísticos que se oponía abiertamente a la teoría positivista, de fuerte influencia en ese tiempo, tanto en México como en toda Latinoamérica. Los integrantes de este grupo proponían reemplazar a Comte y a Spencer por otros pensadores europeos, como Schopenhauer, Nietzsche, Bergson, o el pensador uruguayo José Enrique Rodó.

     Sus ideas se desenvuelven en un particular contexto intelectual y filosófico:

de la mano de Henri Bergson y Émile Boutroux, lleva a cabo la promoción de un vitalismo cristiano como horizonte crítico de una modernidad presa de dos alternativas antagónicas: el positivismo que otorga un anclaje doctrinal al capitalismo y su entramado político industrial, y el marxismo, que, desde la perspectiva de Caso, se constituye como columna vertebral de un comunismo totalitario que al identificar justicia con dictadura del proletariado, pugna por la abolición de la propiedad privada[1].

     Este influjo espiritualista en el pensamiento latinoamericano también puede detectarse en pensadores paraguayos novecentistas como Manuel Domínguez o Eligio Ayala, canalizado hacia el nacionalismo en el caso del primero y hacia un liberalismo progresista en el caso del segundo. 

(Extracto de "Robert León Helman. Pensar desde América. Ensayo sobre el pensamiento latinoamericano).



[1] (Ezcurdia, 2013, pág. 4)

jueves, 12 de marzo de 2026

INTRODUCCIÓN A "CAMINO AL PARAGUAY ETERNO" (2026)

 

Introducción

     Uno de los libros más recordados de Natalicio González lleva como título “El Paraguay eterno”, en donde el autor despliega su peculiar interpretación sobre la historia del Paraguay, apelando a un implícito marco teórico asociado con el platonismo y con el romanticismo alemán y francés. Siempre nos interesaron las implicancias estéticas de la obra de Natalicio, desde nuestras propias lecturas de Schopenhauer, Nietzsche, Spengler o Heidegger, en cambio, a lo largo de nuestro estudio de sus libros hemos tratado de distinguir sus pretensiones políticas, que de alguna manera traicionan a esos mismos planteamientos estéticos. De cualquier manera, Natalicio pensaba que era posible conjugar lo contemplativo y la acción, lo metafísico y estético, con la acción transformadora de lo político. Por nuestra parte, no vemos la necesidad de establecer este intento de conjunción, al contrario, creemos que la introducción del afán de transformación social puede significar un factor de contaminación de los espacios contemplativos.

     Lo que el lector encontrará en este libro es lo que pretende ser una reflexión sobre el ser humano a partir de un grupo de escritos breves que recorren distintas temáticas sobre el sistema social paraguayo. Los escritos aparecieron entre los años 2004 y 2020, por lo cual describen también un proceso de reflexión que luego sería canalizado hacia libros más estructurados como “La Idea del Paraguay”[1], “En pos del pensamiento inútil”[2] o “Elogio a la vida del campo”[3].

     En este estudio se pueden encontrar las señales de un camino lento pero sostenido para hacer del pensamiento, no la herramienta para alcanzar metas, académicas o de cualquier otro tipo, sino para descubrirlo como la expresión del maravilloso espectáculo que brota con la experiencia estética[4]. En este sentido, se verá al pensamiento y a la intuición en una danza constante, en un flujo que de una manera sutil invita a dejar de lado a ese sujeto que lucha, que teme y que desea, para dar la bienvenida al sujeto que contempla y que se asombra ante el mundo.

A modo de enfoque metodológico y analítico

     En el aspecto metodológico se pretendió llevar adelante una investigación cualitativa interpretativa[5], valiéndonos de la técnica de la observación documental[6], en este caso, de una serie de escritos breves referiros al sistema social paraguayo, aparecidos entre los años 2004 y 2020. El procedimiento consistió en extraer de cada escrito breve las temáticas tratadas, para posteriormente establecer un cálculo de frecuencias de modo a encontrar a las más recurrentes.

       A su vez, luego de obtener las temáticas principales las hemos definido y las hemos asociado en algunos casos con las demás temáticas extraídas, y también, al ubicarlas como subtítulo para el libro se han hecho referencias centrales para identificar a la obra.

    A partir de aquí, la pregunta que queremos hacernos es: ¿Cómo los resultados principales de nuestro estudio nos revelan el camino al Paraguay Eterno?

A modo de enfoque teórico

     De acuerdo a nuestro análisis, las temáticas que han aparecido en mayor número de escritos han sido las siguientes: idea del Paraguay, democracia y modernización, que las tomamos como variantes de una teoría substantiva[7]. Estos términos encuentran su significado último en ideas de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, como teorías generales, basada a su vez en un paradigma filosófico voluntarista. Nuestro voluntarismo, asume plenamente la “crisis de los fundamentos”, de modo que nuestro enfoque paradigmático rechaza cualquier tipo de apuesta logocéntrica.

     A continuación, consideraremos brevemente los términos centrales de nuestro análisis.

      La Idea del Paraguay. Del griego “idea” (idea), que significa forma, apariencia). Este término deriva a su vez de “eido” (eido), ”yo vi”. Para Platón eran las formas puras, los moldes inmutables a partir de los cuales los objetos sensibles adquirían consistencia. Para Goethe en cambio, la Idea se constituía en un conjunto de formas que se asemejaba a un organismo en desarrollo, en medio de un movimiento que se desvelaba a través de la intuición y del pensamiento analógico. Cuando hablamos de la Idea del Paraguay tomamos la acepción de Goethe, amplificada por Oswald Spengler a las sociedades y culturas, para describir e interpretar el desarrollo orgánico-histórico del sistema social paraguayo[8]. Y la contemplación de las Ideas, como enseñó Schopenhauer, forma parte de una experiencia estética, de ahí el subtítulo de la presente obra.

      La democracia es un tipo de régimen político, caracterizado por la aplicación de procedimientos que persiguen valores como el cultivo de la libertad de expresión, la posibilidad de cambiar las autoridades del gobierno sin derramamiento de sangre, elecciones periódicas y pluralistas,  apertura de la mayor variedad posible de canales de información, libertad de pensamiento y crítica sobre el funcionamiento de las instituciones estatales.

    En el caso de nuestro estudio, la democracia viene a ser la marca de todo un periodo histórico, el que comienza con el proceso de transición democrática iniciado tras la caída del régimen autoritario encabezado por Alfredo Stroessner.

     La modernización es el proceso por el cual una sociedad tradicional va adquiriendo características propias de las sociedades modernas. Entre estas características se encuentra la valoración del progreso, de la racionalidad, de la libertad, de la igualdad y de una concepción individualista del ser humano; a un nivel más social, se caracteriza por la división de trabajo, el industrialismo y el predominio del saber científico .

      La modernidad se difundió en el Paraguay junto al proceso de urbanización. De todas maneras, hay que decir que esta modernidad paraguaya ha tenido sus peculiaridades desde que empezó a desarrollarse a finales de los años setenta del siglo XX, pues ha sido, como lo apunta Luis A. Galeano: parcial, tardía y conservadora.

A modo de enfoque contextual

     La tapa de nuestro libro nos muestra una pintura de Edith Jiménez, en la que se representa a un rancho campesino, que para nosotros simboliza el brote de una Idea o Arquetipo, nos referimos a la Idea del Paraguay, que en medio de la contemplación por el sujeto puro e involuntario, nos revela al Paraguay Eterno. Considerando la crítica que Guido Rodríguez Alcalá le hizo a Natalicio por el uso del término Paraguay Eterno, no vamos a decir que La Idea del Paraguay se inició en tiempos de la primera república, no, puesto que una Idea no tiene principio ni fin, ya que se encuentra fuera del principio de razón, que explica la conjunción del tiempo, el espacio y la causalidad. Así, cuando hablamos del brote de una Idea nos referimos a un acontecimiento que se da en el aquí y el ahora, que no se resguarda en la memoria de ninguna personalidad en específico y que es inútil para llevar adelante la acción social, aunque es cierto, cuando se la transforma en mito, puede ser provechosa para enardecer a las masas (considérese en ese sentido los planteamientos de George Sorel).  

 Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1a9QNuGY25f9l-r6MhmZd0zqg2Nasb3Qm/view

 

 



[1] (León Helman, 2014/2025)

[2] (León Helman, 2014/2024)

[3] (León Helman, 2015/2025)

[4] (León Helman, 2011/2024, págs. 57, nro.99)

[5] (Guttandin, 2012, págs. 47-50)

[6] (Duverger, 1961/1981, pág. 115)

[7] Con el término teoría substantiva queremos referirnos a canales teóricos más cercanos al mundo empírico, lo que nos ayuda a direccionar hacia esquemas específicos nuestros marcos más globales, como las teorías generales y los paradigmas filosóficos.

[8] (León Helman, 2014/2025, pág. 18); (Spengler, 1918/1954 t1, pág. 142).

jueves, 26 de febrero de 2026

A VEINTE AÑOS DE LA MUERTE DE RAÚL AMARAL (1918-2006)

 

     Fue un historiador y crítico literario argentino-paraguayo. Fue uno de los más destacados estudiosos de la cultura paraguaya.  Entre sus numerosas obras cabe citar “La filosofía en el Paraguay”, publicada ya luego de su muerte, en el 2010, dedicada a Laureano Pelayo García; también podemos recordar a: “El modernismo poético en el Paraguay” (1982), “El romanticismo paraguayo” (1985) y “El novecentismo paraguayo” (2006).

La filosofía en el Paraguay

En su libro Amaral se remite a la reseña en torno a la filosofía, específicamente a los pensadores de la generación del novecientos. Es decir, no abarca a los pensadores de la llamada generación del cuarenta para adelante. Por supuesto, el objeto de este estudio no es un dato menor, puesto que los novecentistas constituyen el origen de la cultura paraguaya moderna. Amaral estudia a autores pre novecentistas como Carlos Antonio López o Ramón Zubizarreta; y a novecentistas como Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Eusebio Ayala, Ignacio A. Pane y otros.

En torno a la modernidad en el Paraguay

Raúl Amaral escribe sobre tres periodos de la modernidad en el Paraguay[1]: la “primera modernidad”, que va desde 1840 hasta 1870 (con figuras como Carlos Antonio López, Juan Andrés Gelly o Juan Pedro Escalada), la “segunda modernidad”, de 1870 a 1900 (con exponentes como Ramón Zubizarreta, Carlos López Sánchez o Ramón Oloasca) y la “tercera modernidad” (con los novecentistas paraguayos). Podemos considerar que Amaral se está refiriendo a un proceso de modernización cultural que incumbe principalmente a las élites intelectuales y políticas, y no a la totalidad de la sociedad paraguaya. Es por eso que Luís Galeano sostiene que la modernidad llega al Paraguay hacia el final de los años setenta del siglo XX con un carácter tardío, parcial y conservador[2], refiriéndose ya a una modernización social y económica, no sólo cultural. A partir de esto podríamos plantear que la modernización política llega al Paraguay con el inicio del proceso de transición democrática en el año 1989.

 (Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").



[1] (Amaral, 2010, págs. 128-129)

[2] (Galeano, 2016)

jueves, 12 de febrero de 2026

SETENTA AÑOS DE BENJAMÍN ARDITI (1956)

 

     Politólogo y pensador paraguayo. Junto a Ticio Escobar constituyen los precursores del pensamiento postmoderno en el Paraguay[1]. Formado en ciencias políticas y economía, influenciado por ideas de pensadores como Michel Foucault, Guilles Deleuze, Carl Smith, Norbert Lechner o Ernesto Laclau.

    Entre sus obras podemos citar “La sociedad a pesar del Estado” (1987, escrita junto a José Carlos Rodríguez), “Discutir el socialismo” (1988), o “Adiós a Stroessner, la reconstrucción de la política en el Paraguay” (1992).

El Estado contra la sociedad

Si Pierre Clastres habló sobre “la sociedad contra el Estado” al referirse a los guaraníes, Benjamín Arditi sostuvo la idea de “El Estado contra la sociedad”, al pensar en el Paraguay de los últimos años del régimen autoritario[2]. En su reflexión, Arditi se centra de manera particular, más que en la sociedad como un todo, en la llamada “sociedad civil”, que incluye a movimientos sociales y partidos políticos. Para Arditi el problema no es el Estado en sí mismo, que se ha vuelto ya un componente ineludible del sistema social paraguayo, desde su misma fundación, por parte del Dr. Francia en el siglo XIX, el problema era el régimen político del Estado, es decir, la necesidad de dejar atrás un régimen autoritario y acceder a otro democrático. Y en los años ochenta del siglo XX se veía que ese paso del autoritarismo a la democracia debía llevarse adelante a través de la razón, así, recordemos el título del libro de Juan Andrés Cardozo de 1984: “La razón como alternativa histórica”, o el de Jorge Báez Roa, de 1983: “De la esperanza a la razón”.

Elementos teóricos para el tercer espacio político paraguayo

En los últimos años del régimen stronista Benjamín Arditi sostenía que: “la autocracia está perdiendo un espacio que las fuerzas políticas democráticas no logran ocupar”[3], refiriéndose principalmente a la política tradicional conformada por los partidos políticos de oposición, sea la nucleación denominada “Acuerdo Nacional”, o sean incluso facciones del partido colorado como los denominados “éticos”. En contrapartida, fijándose en los movimientos sociales (estudiantes, obreros y campesinos principalmente), sostenía que eran “los únicos que, en esta lenta decadencia de la autocracia, parecen ofrecer algunos resultados edificantes”[4]. ¿No vemos aquí una especie de búsqueda de alguna alternativa a la política tradicional paraguaya, que podríamos asociar con planteamientos teóricos como los de Gramsci o Laclau? ¿No estamos aquí frente a la búsqueda de un modo de hacer política que vaya más allá del tradicional bipartidismo paraguayo? El mismo Arditi lo aclara: “Tal es el caso hoy con la relevancia que han ido adquiriendo los “movimientos sociales”, como tema nacional e internacional: la percepción de esa relevancia conlleva también el surgimiento de nuevos “modos de ver” o “nuevos enfoques” para pensar la realidad, enfoques que tienden a priorizar a la sociedad y a lo social, en lugar del estado y lo político-partidario”[5]. Vemos aquí algunos signos de los planteamientos del tan mentado “tercer espacio político” paraguayo (por supuesto, el más volcado hacia la izquierda).

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").



[1] (Rivarola M. , 2006, pág. 254)

[2] (Arditi & Rodriguez, 1987)

[3] (Arditi & Rodriguez, 1987, pág. 26)

[4] (Arditi & Rodriguez, 1987, pág. 27)

[5] (Arditi & Rodriguez, 1987)