viernes, 23 de junio de 2017

INTRODUCCIÓN A “ACOMPAÑAR A LA VIDA”


   Los escritos de cabecera que presentamos aquí han sido elaborados a lo largo del año 2011, mientras que los comentarios han sido añadidos en años posteriores. Nos hemos propuesto agruparlos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre: la de ser en el mundo, ser consigo mismo, ser con los demás.

   Podemos hacernos la pregunta ¿Por qué escribir un libro como este? Quizá debamos apelar una vez más a la vida misma: vivimos para gozar (el cultivo espiritual produce un gozo indescriptible), pero a su vez gozamos para vivir (el gozo nos mantiene parados en un mundo pletórico de incertidumbres). Pero aparte de esto, podemos decir que en un sentido más formal, la elaboración de este libro tiene que ver con una búsqueda de aclaraciones sobre los inagotables caminos de la vida humana, en un contexto preferentemente filosófico.

    También, podemos afirmar que la investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.

   En este numero de nuestra cosecha de pensamientos, se nota la aparición de las ideas sobre el pensamiento complejo propuestas por Edgar Morin, que se complementan curiosamente con otras nociones tomadas de Vattimo, Heidegger, Nietzsche, Spengler y Schopenhauer.

   Creemos que los comentarios agregados en años posteriores propician la re-creación de los primeros pensamientos y promueven a su vez una mejor articulación entre cada uno de ellos.

   Tal vez el libro pueda enseñarnos a “acompañar a la vida”, a dejar de lado tantos apegos, tantos resentimientos, tantos deseos que embotan la mente, pues de lo que se trata aquí  es de pensar al mundo y a la vida humana, de vivirlo en nosotros mismos, lo que no lograremos sino alcanzando la conciencia de la nada sobre la que se alza todo lo que conocemos.

    Sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.



Enlace al libro completo:
 https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWNVNodDlxLWdjY3c/view?usp=sharing






miércoles, 14 de junio de 2017

EN TORNO A “PATIO VIEJO”


Patio viejo, triste el paisaje en tu mirar…

Patio viejo, sombra y pozo en tu jardín…

Patio viejo, déjame un espacio para morir…

Patio viejo, se ensaya el viento en un gemir…

Patio viejo, que misterio vive junto a ti…

Patio viejo, déjame un espacio para morir…



Comentarios:

     Tantas veces me senté a contemplar el paisaje agrario desde el viejo patio de mi amigo Felipe Villalba Britos, en aquellos tiempos en que el pensamiento era tan natural como una imagen, un poema o una canción. Ahora, con más años encima el pensamiento puede estar mucho mejor estructurado, pero se pierde la espontaneidad y la soltura que sólo la etapa juvenil nos puede prestar. Por ello, las bases de las estructuras de nuestras ideas, que son intuiciones, generalmente brotan en la niñez y en gran parte de la juventud.

     Los espacios agrarios son silenciosos, tanto así que pueden evocar una tristeza profunda, luego de que uno se ha sometido tanto tiempo al jolgorio banal de los espacios urbanos…

     Un viento que zumba entre los árboles, dejando caer las flores del lapacho, flores que danzan bellamente en el aire antes de llegar al suelo para marchitarse…

     El pozo, ganado por unos tejidos de helechos, aun donaba el agua fresca del tereré, que corría entre guitarras y libros, como si aquel líquido fluyera con las ideas y los cantos, con los sentimientos y las letras…

    Y la muerte…una que nos hacía vivir plenamente, como si aquel fuera el último día, como si aquella fuera la última canción o el último suspiro…Como ”ser para la muerte” calificó Heidegger al hombre, y no precisamente para parecer macabro con sus ideas, sino para revelarnos un camino que nos libra de una cotidianeidad aletargante y fútil.

   








viernes, 9 de junio de 2017

INTRODUCCIÓN A “VIDA DEL PENSAMIENTO”


     Lo que queremos plantear con este trabajo es el despliegue orgánico del pensamiento occidental, que lo sostenemos antes que nada en clave estética, y sólo en un segundo momento en   sentido histórico. Así, retornamos a la naturaleza[1] también a través del pensamiento, contemplando las maravillas de la niñez, los sueños de la juventud, la fuerza de la madurez y los desengaños de la vejez, en los distintos periodos de vida del pensamiento.

   Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de estética? A un conocimiento que difiere del que es propio de la cotidianeidad y de la ciencia[2]. Como todo conocimiento, el estético también consiste en una relación entre objeto conocido y sujeto cognoscente; el objeto lo constituyen los símbolos, los arquetipos, las Ideas o las cifras; en tanto que el sujeto se caracteriza por ser “débil”, ajeno a aquel sujeto fuerte de la modernidad que quería manejar a su antojo al mundo.

   Podemos sostener, simbólicamente, que existen tres grandes  organismos teóricos que despliegan sus caracteres en el pensamiento occidental: el antiguo, el medieval y el moderno. Cada uno de estos organismos va cumpliendo paulatinamente cuatro grandes ciclos: la infancia (en donde también se considera un periodo de gestación), la juventud, la madurez y la vejez (que es una especie de nueva niñez).

   De este modo, nuestro recorrido de la historia del pensamiento se desenvuelve intensificando el cultivo espiritual, lo que a su vez nos permite dirigirnos hacia el objetivo principal de la auto-ética: la construcción de la subjetividad  desde lo trascendente, y con ello, tenemos a su vez motivos para pensar en los dilemas de la sociedad y la naturaleza.

   Uno de los principales hilos conductores que utilizamos en nuestro recorrido por la historia de la filosofía es el problema del mal en el mundo[3], ya que nos permite reflexionar al mismo tiempo sobre cuestiones relativas a la religión, a la filosofía y al pensamiento político y social.





[1] Desde la cual se desprende el sentido de lo orgánico.
[2] A propósito de esta ideas recordemos un párrafo de George Ritzer al referirse al pensamiento de Alfred Schutz: “Para él ésta (la ciencia) es una de entre una multitud de “realidades”. Según él existen varias realidades diferentes, entre ellas los mundos de los sueños, del arte, de la religión y de la demencia. La realidad eminente es, sin embargo, el mundo intersubjetivo de la vida cotidiana (el mundo de la vida), puesto que es “el arquetipo de nuestra experiencia de la realidad. Todos los demás ámbitos de significado pueden considerarse modificaciones de aquélla”” George Ritzser. Teoría sociológica clásica. Mc. Graw-Hill, México, 2012, p. 455.
[3] Cfr. Robert León Helman. En torno a un mundo gris. Interiora terrae, Asunción, 2016, p. 15-22. En línea:  https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWOFppSWFBbERQLUk/view
  En adelante citaremos nuestros trabajos con las iniciales R.L.H; Navarro-Calvo. Historia de la filosofía. Anaya, Madrid, 1992, p. 150-153.
Enlace al ensayo completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWWC04d2NoakozUEE/view

viernes, 26 de mayo de 2017

INTRODUCCIÓN A “AL DIABLO CON EL MUNDO”


    Mandar al diablo al mundo no tiene por qué ser precisamente algo enteramente negativo, ya que ello también se relaciona con un intento de recrearlo estéticamente, a partir del hecho mismo de su negación. Y así el juego del mundo también se hace arte, con sus dolores y placeres, con sus luces y sombras, con sus vidas y sus muertes…



  Este libro se constituyó a partir de una serie de escritos elaborados a lo largo del año 2001. Fue el primer paso de una incierta aventura del conocimiento, y aun de la acción, pues el pensamiento nos transforma, a la par que nos regala lo sagrado del goce del espíritu.

   Los comentarios han sido agregados posteriormente bajo algunos de los escritos originales. Éstos comentarios logran lo maravilloso del pensamiento y de la vida, la recreación constante, el inacabamiento  de la búsqueda, la emergencia recurrente de una tragedia, la de morir mientras se vive, la de vivir mientras se muere…



   En los escritos originales es notable la presencia de lo que podemos llamar una orientación platónica, en el más amplio sentido, a partir de la cual se pretendía dar un sustento filosófico a las experiencias tanto estéticas como místicas.

   

   Nos hemos propuesto agrupar los escritos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre: ser consigo mismo, ser con los demás y ser en el mundo.

   Si buscamos una justificación para el libro podemos apuntar que tiene que ver con la búsqueda de aclaraciones sobre los inagotables cuestionamientos relativos al mundo y a la vida humana, en el contexto de la filosofía.

   También, podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos sistemas de pensamiento.

   Sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.








viernes, 12 de mayo de 2017

INTRODUCCIÓN A “UN PARAGUAYO QUE LEYÓ A SCHOPENHAUER”


   Por el hecho de que el periodo de tiempo que abarca esta autobiografía alcanza sólo aproximadamente un tercio de lo que vive en promedio una persona en nuestro tiempo (es decir, tenemos sólo la infancia y la juventud), la metodología de la división en cuatro edades de la vida, que utilizamos generalmente en nuestros escritos tomará algunas peculiaridades. Seguiremos con la división en cuatro, pero en vez de edades utilizaremos las cuatro estaciones anuales: primavera, verano, otoño e invierno.



   En verdad, no sé precisamente quién soy[1], me he buscado toda mi vida y sólo he encontrado imágenes, que se han ubicado curiosamente entre todo lo que he escrito (esto me hace acordar de las enseñanzas de Hume). Pero también he buscado a la filosofía en mí, porque he hecho de ella una cuestión personal y quizá por ello la he  hallado en la forma de numerosas preguntas, que aunque sin respuestas, alimentan el gozo y el asombro de seguir buscando.

   La distancia al presente que he considerado en este escrito es de diez años, pues a través de este espacio de tiempo la vida se ve ya desmaterializada, o como diría Schopenhauer desvoluntarizada, y por lo tanto se muestra apta para la contemplación estética, o simplemente para una observación mesurada y tranquila, que deje de lado tantos vanos apegos. Al respecto nos dice el mismo Schopenhauer:

“Aquella felicidad de la intuición voluntaria es, finalmente, la que difunde ese encanto tan asombroso sobre el pasado y la distancia, y nos lo presenta a una luz embellecedora por medio de un auto-engaño. Pues al hacernos presente los días pasados hace tiempo vividos en un lejano lugar, lo que nuestra fantasía evoca son solamente los objetos, y no el sujeto de la voluntad, que antaño cargaba con innumerables sufrimientos igual que ahora: pero ahora están olvidados, porque desde entonces han dejado su lugar a otros”[2].

   La vida es como un suspiro, de modo que todos los recuerdos dan la impresión de que son sólo de ayer, pero plasmados como en los horizontes de un cuadro, o como una sublime sinfonía que queda sonando en nuestra memoria cuando ya hemos dejado de escucharla.

   Todo lo que hemos vivido forma parte de todo lo que de alguna manera ya hemos muerto, quedando las imágenes antes que nada como arquetipos o símbolos, y no ya como una forma de auto consideración, y quizá por ello, acaso podemos plasmar la vida pasada en una obra literaria.

    Y precisamente, la escritura y la reflexión sobre las imágenes de mi pasado  constituyen formas del cultivo del espíritu, una de las principales enseñanzas que he tomado de Schopenhauer. Antes de asimilar las ideas del filósofo alemán, mi vida se reducía a seguir las metas que la sociedad moderna (en sus distintos tipos) nos impone: la obtención de dinero y de posicionamiento social. Schopenhauer me enseñó que existe algo que vale aun mucho más que estos logros, y al que a su vez deben subordinarse, y es el cultivo del espíritu.

   Y así como en el título de la autobiografía hago alusión a Schopenhauer, también apunto a mi condición de paraguayo[3], como alguien que construye su subjetividad en el contexto de una sociedad y una cultura peculiar[4] (la paraguaya), que ineludiblemente condiciona las direcciones que tomó, toma y puede tomar una aventura de vida.





[1] Las tres fundamentales preguntas de la antropología filosófica son: ¿Quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? Las cuales abordamos a lo largo del presente trabajo.
[2] Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Biblioteca nueva, Bs As, p. 253.
[3] La identidad nacional se define como el sentimiento de pertenencia a un determinado grupo social, pero a su vez, el sentido de pertenencia forma parte de una de las necesidades fundamentales propuestas por Abraham Maslow, que aquí podemos volver a recordar: necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de aprecio y de auto-realización.
[4] Cfr. Robert León Helman. La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya. Interiora terrae, Asunción, 2014.
Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWREFpN2hKQTcwOG8/view?usp=sharing

miércoles, 26 de abril de 2017

PREFACIO A "PREPARACIÓN PARA LA MUERTE"



 
PREFACIO[1]

   En una de las cartas que Séneca le enviaba regularmente a su amigo Lucilio, le contaba a éste que él se preparaba para morir, encarando a la muerte no como un espacio espiritual de tristezas y malestares, sino como la oportunidad de pensar en uno mismo, en el mundo y la sociedad, y a su vez, sobre las cadenas que nos limitan y sobre las posibilidades de la libertad.

   Y así, estimulados por esta actitud de Séneca, nos hemos propuesto agrupar los escritos que aquí presentamos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre: como ser en el mundo, ser consigo mismo y ser con los demás.

   El presente libro, como cada uno de los doce que integran la colección “Cosecha de pensamientos” presenta algunas características peculiares. Entre ellas podemos apuntar la insistencia en las interpretaciones de problemas sobre el hombre, la sociedad y la filosofía con la ayuda de una terminología proveniente de las obras de filósofo italiano Gianni Vattimo.
   Por supuesto, de la mano de Vattimo vienen Nietzsche y Heidegger, pero en nuestro caso ha sido a la inversa, pues Nietzsche apareció ya en el libro 3 (tímidamente, es cierto), en tanto que Heidegger en el libro 5 (fortaleciendo las ideas sobre la auto-ética).
   Aun con este cambio de perspectiva, Schopenhauer no ha desaparecido, antes bien sus ideas son realimentadas con las nuevas visiones filosóficas.

    Si buscamos una justificación para el libro -aparte de suponer quizá un sentido personal de necesidad de comunicación, de devolver de alguna manera lo que nuestra sociedad y nuestra cultura nos ha dado- podemos apuntar que se desenvuelve como la búsqueda de aclaraciones sobre los inagotables cuestionamientos relativos a la vida humana, en un contexto preferentemente filosófico.
 Y de hecho, podemos afirmar que la investigación filosófica no necesariamente se reduce a ensayos, monografías, tesis de grado o postgrado, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos sistemas de pensamiento.
  Quizá el libro, aludiendo a su título, pueda enseñarnos a morir, reconociendo que la muerte nunca adviene sola, pues siempre le acompaña la vida misma, en una
danza cósmica inefable. El misterio del hombre, es una invitación al pensamiento, que busca hacerse estético, contemplativo, para darnos con ello el supremo regalo de lo místico.
   Sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.






[1] Los siguientes escritos han sido elaborados a lo largo del año 2007, formando originalmente parte del libro “Sobre los escombros de la destrucción”, publicado en el 2008. Los comentarios han sido agregados en su mayoría en el año 2011.

Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWbUxCTnpoa3p4XzQ/view


lunes, 10 de abril de 2017

INTRODUCCIÓN A “EN POS DEL PENSAMIENTO INÚTIL”


   En relación a la anterior edición de este ensayo, hemos aumentado las pretensiones de sus alcances, ya que en vez de concentrarnos solamente en la historia de la filosofía en el Paraguay hemos empezado a buscar ya el despliegue del pensamiento paraguayo como tal, que por supuesto tiene a la reflexión filosófica como un componente importantísimo, pero que ciertamente no se agota en ella.

   Esta obra sigue estando en plena ejecución, por lo cual la publicación que aquí compartimos en como una fotografía que inmoviliza a un organismo en constante movimiento, que como nuestro mundo mismo, no puede mantenerse con vida sino a través de creaciones y re-creaciones constantes.  



   En un recordado convivium de filosofía de la universidad católica, el maestro José Brun proclamaba: “Vamos en pos del pensamiento inútil”. Y el filosófico es un pensamiento inútil porque no se deja utilizar como una silla o un automóvil, no se deja amoldar como una doctrina o una ideología, y no se deja encasillar ni por el más célebre de los filósofos. La filosofía es una actividad interminable, y por ello acaso la más improductiva. En el Paraguay, a pesar de lo poco que se ha difundido, la filosofía ha estado presente desde los mismos inicios del andar de la nación, y persiste hoy, en medio de nuestro putrefacto entorno socio-cultural. Vamos entonces, como quería el profesor Brun, en pos del pensamiento inútil, pero en nuestra tierra, en nuestro destino, en nuestro goce de espíritu, el Paraguay.

   En este aventurado ensayo consideraremos a grandes rasgos a la filosofía hecha “en” el Paraguay, o si se quiere a la filosofía “del” Paraguay (creemos que la filosofía paraguaya es sencillamente aquella que fue hecha por paraguayos, o por aquellos extranjeros que recibieron influencias de la cultura paraguaya, a través del desarrollo de un pensamiento filosófico). Como el conocimiento filosófico no permanece en el aire, en los distantes espacios etéreos, sino en la cabeza de los pensadores que la cultivan, nuestra tarea consistirá esencialmente en un recorrido en torno a las influencias filosóficas y a las ideas de aquellos que en el Paraguay se han dedicado en forma más notable al cultivo o a la enseñanza de este noble saber.

   Nos hemos propuesto diferenciar dos grandes periodos en el desarrollo de la filosofía en el Paraguay. Por una parte, el periodo diletante, en el cual los pensadores que se ocupan de la filosofía son hombres de múltiples inquietudes intelectuales, y en la mayoría de los casos con una estrecha relación con los juegos del poder político; por otra parte, el periodo académico, que se inicia con una serie de notables maestros y filósofos de formación europea, que establecen la “normalidad filosófica”[1] en el Paraguay.

   Si tomamos en cuenta la periodización hecha en nuestra obra “La Idea del Paraguay”[2], podemos decir que el periodo diletante forma parte de la niñez, juventud y parte de la adultez de la cultura paraguaya, mientras que el periodo académico abarca desde finales de la edad adulta hasta la actualidad, tiempo de fría vejez.

   Así, en nuestro último capítulo, volveremos a esbozar un desarrollo orgánico de la filosofía en el Paraguay, ya con independencia de la diferenciación entre filosofía diletante y académica.  

  

   Pero a su vez podemos plantear que en el periodo de gestación de nuestra cultura, la filosofía ya estuvo de alguna manera presente. Así, con el mismo lenguaje guaraní venia asociado ya una suerte de reflexión filosófica sobre el mundo, por supuesto, no con la auto-conciencia de cultivar este saber, lo que se logró a partir de la filosofía griega antigua, pero si con el sentido originario que cada lengua destila a partir de sus estructuras fundamentales. Tres importantes pensadores paraguayos han hecho hincapié en este carácter filosófico que muestra la lengua guaraní, Manuel Gondra, en un ensayo titulado “El guaraní y las ideas abstractas”, Natalicio González, en uno de los capítulos de “El milagro americano”(titulado “Ideología guaraní”), y Efraim Cardozo en su “Historiografía paraguaya”. A propósito de esto también podemos citar a la obra del español José Manuel Peramás, “La república de Platón y los guaraníes”, de 1791, en donde se establece un notable paralelismo entre la utopía platónica y la organización política jesuítica-guaraní establecida en tierras sudamericanas.

   Pero si aludimos a los jesuitas, necesariamente debemos recordar al otro importante capítulo de la edad cultural que estamos recorriendo aquí brevemente, la revolución comunera, que también tuvo sus importantes componentes filosóficos. Los pensadores españoles de los siglos XVI y XVII como Mariana, Vitoria, y en especial Suarez, con sus enseñanzas sobre la preeminencia del pueblo sobre el rey o cualquier otra autoridad, en lo que hace fundamentación del poder, sin lugar a dudas fueron factores centrales en la ideología revolucionaria de aquellos comuneros.

   A su vez, cuando los jesuitas fueron expulsados del Paraguay, los franciscanos se hicieron cargo de la universidad de Córdoba, el principal centro de formación de la región en aquel entonces, reemplazando a Francisco Suarez por Dans Escoto. Entre otros motivos para esto, los españoles terminaron por darse cuenta del potencial revolucionario que poseían las ideas del pensador jesuita.

   De esto podemos considerar entonces que todo el periodo colonial de la cultura paraguaya (que asociamos con su estadio de gestación orgánica) estuvo marcado, como era de esperar por la centralidad teórica que ostentaba la filosofía escolástica.

   A su vez, las ideas de los filósofos ilustrados, como Rousseau, Volteare o Montesquieu, alimentaron el espíritu revolucionario de los primeros independentistas tanto paraguayos como latinoamericanos, quienes a su vez identificaron las revolución francesa y norteamericana, con sus propios anhelos de libertad.  











[1] Francisco Romero introdujo la noción de normalidad filosófica, entendida como el ejercicio de la filosofía como función ordinaria de la cultura.
[2] Cfr. Robert León Helman. La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya. Interiora terrae, Asunción, 2014. En adelante, al referirnos a nuestros trabajos utilizaremos las iniciales R.L.H.
Enlace al ensayo completo: