martes, 30 de mayo de 2023

A CINCUENTA AÑOS DE LA MUERTE DE GABRIEL MARCEL (1889-1973)

 

     Fue un filósofo francés, representante de lo que se puede catalogar como un existencialismo cristiano. El calificativo de “existencialista cristiano” lo conecta directamente con las ideas del principal precursor del existencialismo: Soren Kierkegaard. Pero es necesario tener en cuenta que entre Kierkegaard y Marcel está Husserl, el padre de la fenomenología, que tuvo un peso enorme en el existencialismo. A su vez, como contemporáneo de Marcel está Heidegger, quien también tuvo su influencia en el pensamiento del primero.

     De todas maneras, es necesario apuntar que él mismo Marcel definió su pensamiento, en el prefacio a su obra “Misterio del ser”, como un neosocratismo[1].

      Entre sus obras pueden citarse: “Ser y tener”, “Diario metafísico”, “el misterio del ser”, “Posición y aproximaciones concretas del misterio ontológico”.

     Entre sus principales temáticas tratadas se encuentran las diferenciaciones entre el problema y el misterio, y entre el ser y el tener.

a. Problema y misterio

      Un problema es algo que uno puede enfrentar, ya que se presenta como un objeto frente a mí. En cambio, cuando estoy frente al misterio no hay ningún ente al que pueda identificar y abordar, y esto se asocia íntimamente con aquellos estados de ánimo de los que hablaba Heidegger: el temor y la angustia.

     Para abordar un problema puedo utilizar el pensamiento, por ello lo problemático se asocia con la cotidianeidad y con la ciencia.

     Pero en medio de la cotidianeidad puedo encontrarme con problemas que uno identifica con uno mismo, con su propia identidad, y que trata de resolverlos también mediante el pensamiento. El resultado de ello no será sino el fracaso, porque aquello que uno es esencialmente constituye un misterio, no un problema.

b. Ser y tener

     Para Marcel el hombre se relaciona con las cosas a través de la dimensión del tener, así, las cosas se convierten en útiles. Y esto podemos entenderlo también a partir de la dualidad problema-misterio. Si consideramos al mundo como un problema, lo reducimos a un objeto que puede ser utilizado, tal como lo planteó Francis Bacon al justificar a la ciencia experimental moderna; en cambio, si vemos a la naturaleza como un “misterio”, ella se nos presenta como expresión del ser, como un aliento para la contemplación antes que para la utilización.

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno").

 

 



[1] Cfr. Reale-Antíseri. Historia de la Filosofía. 210, p. 360.

jueves, 11 de mayo de 2023

INTRODUCCIÓN A “ARANDU KA’ATY, MODERNIDAD Y CRISIS DE LOS FUNDAMENTOS. ESCRITOS DISPERSOS 4”

 

     El pensamiento paraguayo se ha desarrollado a la par que el despliegue de la sociedad y de la cultura paraguaya, en tal sentido, luego de dar sus primeros pasos con el Dr. Francia en el periodo independiente, de rebrotar juvenilmente con los novecentistas después de la guerra grande, de alcanzar la madurez durante el periodo autoritario, ha desembocado en una crítica edad de vejez en donde los valores de la cultura tradicional se han disgregado.

      Lo que en este trabajo tratamos de hacer es presentar algunas temáticas centrales extraídas de una serie de escritos centrados principalmente en la sociedad, en la cultura y en el pensamiento paraguayo.

       A través de un método de investigación cualitativa e interpretativa hemos extraído las ideas centrales de “Arandu ka’aty, modernidad y crisis de los fundamentos”.

      El arandu ka’aty (sabiduría del campo) es un tipo de conocimiento empírico intensamente asociada con una actitud contemplativa. El arandu ka’aty es como el centro de la cultura seminal paraguaya, que ha ido perdiendo relevancia en la medida en que el proceso de urbanización se ha extendido en el país.

      Y precisamente, la modernidad se difundió en el Paraguay junto al proceso de urbanización. De todas maneras, hay que decir que esta modernidad paraguaya ha tenido sus peculiaridades desde que empezó a desarrollarse a finales de los años setenta del siglo XX, ha sido, como lo apunta Luis A. Galeano: parcial, tardía y conservadora.

      Con el avance del proceso de urbanización también puede observarse un resquebrajamiento de los valores de la cultura tradicional paraguaya, lo que implica para nosotros una auténtica “crisis de los fundamentos”, que termina poniendo en cuestión no solo la visión de mundo tradicional, sino también la moderna.


ÍNDICE

-Introducción…………………………………………………………….5

-Arandu ka’aty, modernidad y crisis de los fundamentos……….…7

-La sociedad, religión y moral………………………...……...……….126

-Deconstrucción de la personalidad, experiencia estética y situaciones límites………………………...…………………….....................………157

-Filosofía y pensar……………………………………………………...163


Enlace al libro 

https://bit.ly/3nmqLUb

 

miércoles, 19 de abril de 2023

A SESENTA AÑOS DE LA MUERTE DE JUSTO PASTOR BENÍTEZ (1895-1963)

 

     Fue un sociólogo, historiador y pensador paraguayo. Perteneciente a una generación de intelectuales postnovecentistas, y agrupado en la fracción liberal “cuarentista” (en la que también se encontraba Pablo Max Insfrán), grupo que en el campo de la historia dejó de lado la posición anti lopista, alentó enfoques nacionalistas[1] y propuso la atención a la “cuestión social”. En esta perspectiva podríamos decir que el grupo tiene como a un precursor al novecentista Eligio Ayala.

     Entre sus obras cabe citar: “La vida solitaria del doctor José Gaspar de Francia”, “Carlos Antonio López”, “El solar guaraní” y “Formación social del pueblo paraguayo” (1955), “Sociología nacional” (1955) y “Sociología paraguaya” (1961).

       En el campo de las ciencias sociales, se puede plantear que Justo Pastos Benítez fue un exponente de aquello que algunos llaman “sociología de cátedra”, para diferenciarla de una sociología más empírica, que estaría ya relacionada con el C.P.E.S. y con la “Revista Paraguaya de Sociología”.  Junto a Justo Prieto e Hipólito Sanchez Quell, representó al Paraguay dentro de las primeras redes internacionales de Sociología en Latinoamérica, durante los años cincuenta (organizadas por la Asociación Latinoamericana de Sociología, ALAS, fundada en 1950). Por supuesto, esto tiene que ver con planteamientos un tanto polémicos dentro de la historia del pensamiento paraguayo, en los que aquí no pretendemos entrar.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay"). 



[1] Cfr. Ibíd, p. 59.

miércoles, 22 de marzo de 2023

INTRODUCCIÓN A "DEL CAMPO A LA CIUDAD Y DE LA CIUDAD AL CAMPO. ENSAYO SOBRE LOS PROCESOS SOCIALES DEL PARAGUAY"

 

   El Paraguay pasó de ser en sus orígenes una sociedad agraria, a ser ya en nuestros tiempos otra preponderantemente urbana, situación que viene aparejada con una transformación de la visión de mundo del paraguayo[1], que sin dejar de ser un hombre de costumbres agrarias, comienza a pensar, a sentir y actuar como urbano. Y esto implica cambios a nivel político, económico, social y cultural.

     Se han dado varias denominaciones a este pasaje de lo rural a lo urbano, por ejemplo, José N. Morínigo habla de sociedades de “desarrollo dual”, Luis Galeano habla de “sociedad dislocada” y  Vicente Sarubbi Zaldivar apunta a la coexistencia de tres formas de sociedad (segmentaria, estratificada y diferenciada) basándose en ideas de Niklas Luhmann.

   La modernidad constituyó en occidente todo un proceso de crisis que significó el paso de una sociedad eminentemente agraria a otra de tipo urbana. Uno de los principales factores que intensificó esta transformación fue el desarrollo industrial.

   En el Paraguay la modernidad tuvo sus propias peculiaridades, fue parcial, conservadora y tardía[2]. Y vino asociada con características propias, por ejemplo, la masiva migración de los habitantes del campo hacia las ciudades no se canalizó mayoritariamente hacia el sector industrial, sino hacia el sector terciario (comercio y servicios) pero de un tipo informal y precario.  

   En las ciudades a grandes rasgos se deja de confiar ya en la divinidad, en los santos y en los milagros, para apostar por la acción transformadora del hombre, que a través de la racionalidad puede llegar al desarrollo de sus sociedades y culturas.

   Pero ciertamente, en el Paraguay no se da un quiebre radical entre visión tradicional y visión moderna del mundo, antes bien, la cultural agraria pervive en las ciudades (por ejemplo el guaraní sigue siendo usado en algunos ámbitos urbanos y la religiosidad popular sigue teniendo adherentes) mientras la cultura moderna penetra los espacios rurales, en particular a través de los medios de comunicación, la migración, y aun por procesos educativos. De ahí que podamos hacernos la pregunta de cuáles son las características propias de estos dos escenarios, de modo a comprender mejor el proceso de cambio social y cultural que se dio, se está dando y ser dará en el Paraguay. 

 

     Un problema constante cuando reflexionamos sobre el Paraguay es el de la identidad[3]. Las identidades se articulan como narrativas. Y estas narrativas a su vez se conforman históricamente. El proceso social paraguayo (tema de este ensayo), que muestra un paso del campo hacia la ciudad, se muestra también históricamente, de ahí que nuestro estudio pueda articularse con la reflexión y la búsqueda constante de una imagen de lo que significa ser paraguayo. En tal sentido podríamos hacernos la pregunta: ¿cuál es la identidad del paraguayo que se desprende a partir del proceso social paraguayo? Y una segunda pregunta: ¿En qué sentido es posible un retorno de la ciudad hacia el campo?

   Lo que en este ensayo trataremos de hacer es esbozar los escenarios de esta transformación cultural que se da con este paso del campo a la ciudad, y que se viene gestando desde los mismos inicios de la historia paraguaya, hasta los críticos momentos que hoy nos toca experimentar. Y por otra parte buscaremos plantear las implicancias de algunas formas de retorno al campo.

    Para ello primero estudiaremos algunos caracteres de los que podemos considerar los tres principales tipos de sociedad: la agraria, la moderna y la postmoderna (o ultramoderna o postindustrial). En segundo lugar estudiaremos las distintas variaciones que se han dado en el escenario rural a lo largo de la historia del Paraguay; y en tercer lugar haremos lo mismo pero en relación con el escenario urbano.

 

 

 



[1] Cuando escribimos “visión de mundo del paraguayo” nos referimos a una que al inicio se asocia con la “cultura seminal” del Paraguay, que no es otra sino la cultura agraria.

     En relación con el término “seminal”, podemos considerar que  San Agustín hablaba de unas “razones seminales”, que son distintas a las Ideas (situadas para el mismo autor en la mente de Dios), que son creadas y que se despliegan en las cosas particulares en el tiempo y en el espacio (Cfr. Julius Weinberg. (1998). Breve historia de la filosofía medieval). Para más ideas véanse nuestros ensayos “La Idea del Paraguay” (2022) y “Elogio a la vida del campo” (2021).

[2] Cfr. Luis A. Galeano. (2016). Modernización conservadora, tardía y parcial.

[3] Cuando abordamos un problema como la identidad también nos conectamos con problemas pertenecientes a la filosofía, como los propios de la Antropología Filosófica, pues nos preguntamos ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?


Índice:

Introducción…………………………………………………………7

1. Sociedades agrarias y sociedades urbanas…………………...11

2. El proceso agrario paraguayo…………………………………31

3. El proceso urbano paraguayo………………………………....42

3.1. El urbanismo y la modernidad conservadora…. ………….44

3.2. El urbanismo en el mundo globalizado…………………….49

Conclusiones……………………………………………………….52

Glosario……………………………………………………………..54

Bibliografía…………………………………………………………56

 

 Enlace al ensayo completo:

https://bit.ly/408UOwe

miércoles, 8 de marzo de 2023

A CIENTO OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE FRIEDRICH HOLDERLING (1770-1843)

 

     Fue un poeta y pensador alemán. Fue amigo de Schelling y de Hegel, una amistad que se refleja en las conexiones que pueden encontrarse entre sus ideas, aunque la apuesta de Holderling fue de un carácter más intuitivo que intelectualista. No perteneció al grupo romántico de Jena, pero en su obra se reflejan las principales temáticas del romanticismo alemán, como la unión con la naturaleza, la peculiaridad de la figura del genio o la búsqueda de lo originario.

       Fue un admirador de la cultura griega, de la que extraía novedosas interpretaciones desde su visión romántica del mundo; no es de extrañar por ello el interés que despertó en un pensador como Martin Heidegger, también abocado en la búsqueda de lo originario desde la cultura de la antigua Grecia.

      Su vida apartada, estuvo marcada por crisis interiores periódicas, hasta que cuando tenía 36 años[1], se sumió en un estado de desorden de la personalidad hasta su muerte[2]. Esta situación a veces nos hace recordar de Nietzsche, otro romántico (en este caso tardío), quien también terminó en medio de achaques mentales.

     Su obra más conocida lleva como título “Hiperión o el eremita en Grecia”, una novela formativa, es decir, que relata una serie acontecimientos dramáticos que van transformando la personalidad del personaje (el genio romántico).

      Holderling plantea una “Volksreligion”, una religión del pueblo, que consiste en religar al hombre con la naturaleza a través de un retorno a la vida sencilla de los pequeños pueblos, y esto, frente a la artificialidad urbana del mundo moderno.

    Por supuesto, cuando Holderling habla de religión lo hace exaltando la experiencia que propicia la unidad con el todo, en especial en referencia con la poesía lírica.

      Holderling así como es un amante de paisajes sublimes es también un explorador de abismos, una virtud reconocible en su lema: “Ahí donde crece lo que pierde, crece también lo que salva”.

 (Extracto de: Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno).



[1] Un caso que puede ser asociado con la crisis de la mediana edad de la que habló Carl Jung.

[2] Cfr. Reale-Antíseri. Historia de la filosofía. 2010, p. 42.

miércoles, 8 de febrero de 2023

A CIENTO CUARENTA AÑOS DE LA MUERTE DE KARL MARX (1818-1883)


    Fue un filósofo alemán. Iniciador de la corriente de pensamiento denominada materialismo histórico-dialéctico. Sigue a su manera con ese ideal hegeliano de concretar la realización plena de un principio fundamental, solo que en reemplazo del Espíritu, Marx ubica a la materia. Ella no se despliega sólo en el ámbito de la naturaleza, sino también en los espacios humanos, en la economía, la sociedad y la cultura.

     Realizó sus estudios secundarios en Tréveris, su ciudad natal, luego pasó a Bonn en donde empezó a estudiar Leyes, pero al parecer entonces le entusiasmó más la vida bohemia que el estudio; por ello, su padre lo trasladó a Berlín, en donde se apasionó por la filosofía. 

La dialéctica marxista

     Partiendo desde aquello que Hegel llamó espíritu objetivo, Marx llegará a su propia concepción de la dialéctica, una que estará marcada por el materialismo asumido por su autor.

El hombre

     Marx, como todo pensador socialista, posee una visión optimista del hombre, así, plantea que las posibilidades del pleno desarrollo humano están abiertas, y que sólo se debe trasformar a la sociedad para ellas florezcan.

     Precisamente, las condiciones sociales que impiden al hombre su desarrollo pleno para Marx se asocian con el capitalismo. Este modo de organización económica sume a los seres humanos en un estado de alienación[1]. El hombre alienado es aquel que se hace “otro”, distinto a lo que por naturaleza debería alcanzar, esto es, su realización plena a través del trabajo.

La sociedad capitalista

   Una cuestión central del pensamiento de Marx al analizar la estructura de la sociedad capitalista es la del valor-trabajo. Para los economistas clásicos como Smith y Ricardo, el valor podía ser de dos tipos, el de uso y el de cambio (al que también podemos denominar precio). El primero, el de uso, se relacionaba directamente con la posibilidad de satisfacer las necesidades humanas; y se diferenciaba del segundo, el valor de cambio, porque éste regía la comparación de un objeto con otro, en orden a su intercambio. En tal sentido, Marx sostenía que los productos del trabajo en una sociedad capitalista se constituían en una “mercancía”, por estar sujetos a la compra y a la venta (valores de cambio).

   Lo que Marx llamó el “fetichismo de la mercancía” hace que los productos del trabajo humano se vuelvan meros “objetos”, separados (o alienados) ya del hombre, negando a su misma naturaleza. Esta “objetivación” del mundo llevada a cabo por el capitalismo, según Marx, encontrará una fuerte resonancia en ideas como la racionalización (Weber) o la reificación (Luckacs) en todos los ámbitos de la sociedad moderna.

   Para Marx la propiedad privada es fuente de injusticias, y clave para explicar la explotación que sufre el proletariado en el modo de producción capitalista. Entre las dos principales clases sociales de la sociedad industrial, burgueses y capitalistas, son los primeros los que poseen la propiedad de los medios de producción, a través de los cuales explotan a los segundos, negando y amputando así las capacidades humanas del trabajador.

El futuro

   Otra temática importante en el pensamiento de Marx son sus predicciones para el futuro.

   Resulta curioso que algunos estudiosos planteen por ejemplo que “Marx solía escribir como si pensara que los cambios en los modos de producción fueran inevitables”[2]. Diferenciar entre lo que pensó, y está efectivamente plasmado en sus escritos, y lo que quiso pensar pero que no escribió, es un juego malabarístico que no nos lleva sino al oscurecimiento de las ideas de este genial pensador.

   Lo mismo podemos decir con comentarios como “Marx parece un determinista económico en numerosos lugares de su obra”[3]. La pregunta que podemos hacernos es ¿parece o es? En este caso George Ritzer alude al método dialectico utilizado por Marx para negar el determinismo, mas, a partir de esta afirmación podríamos preguntarnos a su vez ¿fue siempre Marx fiel a la dialéctica? Y ¿no se dirigió hacia ahí la crítica de los marxistas hegelianos hacia el maestro?

   Marx pensaba que el propio desarrollo capitalista terminaría por llevarlo a la ruina, en particular por la acumulación de capital en manos de unos pocos, lo que llevaría a la proletarización del mundo. A partir de ahí la lucha de clases daría lugar a una revolución, gracias a la cual el proletariado instauraría una dictadura.

     En este enfoque recibió la influencia del antropólogo norteamericano Lewis Henry Morgan, quien sostenía que la humanidad había pasado por las etapas de salvajismo y barbarie, para desembocar luego en la civilización, representada por la cultura y la sociedad occidental. Marx se apoyó en estas ideas para sostener que las sociedades humanas pasaron por distintos estadios como el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, el actual capitalismo, y que necesariamente debería también desembocar en el comunismo, dándose así un retorno a una especie de mítica edad de oro[4]. Por supuesto, el comunismo posterior al capitalismo ya habría asimilado dialécticamente los estadios anteriores, pero de todas maneras tendríamos un comunismo al fin.

     Sin embargo, el capitalismo ha sabido realizar aquello que Schumpeter llamo “destrucción creativa”, lo que le ha permitido mantenerse hasta nuestros días, no sin numerosas fricciones, y apelando a interminables reformas para manejar esta embarcación de la humanidad que según algunos pensadores sociales, como Anthony Giddens o Zygmund Bauman, ha perdido el rumbo.

La dictadura del proletariado[5]

   Para Marx el estado no era más que un órgano burgués de opresión y coerción del proletariado. En gran medida debido a esta apreciación, no pensaba que una revolución[6] pudiera darse sin el uso de la violencia, o sea a través de las formas tradicionales de hacer política[7].

   Marx nunca apreció la idea del estado, por lo cual sostuvo que la dictadura establecida por el proletariado implicaría la substitución del estado burgués, y ya luego con la llegada comunismo se eliminaría toda reminiscencia de tal institución.

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno).

 

 



[1] Del verbo latino “alieno”, alejar, desunir, descontentar, asociado con el sufijo “ción”, que alude a una acción o efecto.

[2] George Ritzer. Teoría sociológica clásica, ed. cit., p. 184.

[3] George Ritzer. Teoría sociológica contemporánea. McGraw-Hill, Madrid, 1993, p. 157.

[4] Cfr. Mircea Eliade. El mito del eterno retorno. Emece, Bs. As., 1952, p. 164.

[5] Podemos plantearnos aquí la pregunta ¿Qué es la dictadura? Es una forma de gobierno en donde el poder se concentra en manos de un individuo o de un grupo (o élite gobernante); por ende, en una dictadura no existe una división de poderes, ni es posible, en general, un traspaso del poder a un grupo opositor a través de procedimientos pacíficos,  ni tampoco se da participación de la ciudadanía en la elección de las autoridades. La forma política de la dictadura fue utilizada por los antiguos romanos, en especial en tiempos de crisis. La forma de gobierno opuesta a la dictadura es la democracia. 

[6] Del latín “revolutio”, término que posee el prefijo “re” (hacia atrás), el radical “volveré” (dar vueltas) y el sufijo “tio” (acción y efecto). De ahí que la idea básicamente signifique: acción y efecto de dar la vuelta de un lado hacia otro.

[7] Considérese que pensadores como Roger Garaudy sostienen que lo esencial de la revolución socialista no es la violencia sino la transformación radical de los modos de producción.

 

 

 

miércoles, 25 de enero de 2023

OCHENTA AÑOS DE FILEMÓN ESPINOZA (1943)

 

     Filósofo, estudioso de las lenguas antiguas, del arte y de la cultura nacional. Lo hemos catalogado como integrante del trío de oro de la madurez de la cultura guaireña (junto a Modesto Escobar y Ramiro Domínguez). En el ámbito del pensamiento paraguayo su mayor influencia proviene de las obras de Ramiro Domínguez.

      Entre sus escritos cabe citar: “Comentarios desde el barrio Paso Pé” (2017) y “A Modesto Escobar Aquino. Poeta” (2012). En sus ideas pueden notarse influencias de Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino o Max Scheler. En un plano religioso, su admiración hacia Don Bosco es patente.

    El libro “A Modesto Escobar. Poeta” es una obra que se adecua a la “sospecha”, bien intencionada, por supuesto, algo que Ramiro Domínguez ya lo supo ver con sus dotes de sagaz hermeneuta, cuando sostuvo que el libro es: “Una escritura a cuatro manos, donde el autor y el crítico parecen ejecutar magistralmente la misma partitura. No podía ser de otro modo, tratándose de dos seres hermanados en el oficio de pensar y expresar  un común sentir en torno al azaroso periplo del destino humano”[1].  Entonces desde este “des-velamiento” propiciado por Ramiro podemos comprender mejor que los temas centrales tratados por Modesto, son también temas filosóficos fundamentales pensados por Filemón. Usando otra metáfora podríamos decir que Modesto es el espejo en el que Filemón se mira a sí mismo, con suma claridad. ¿Es posible esto? Desde luego ¿No se trata de eso la experiencia estética? ¿De traspasar las míseras limitaciones de la personalidad y encontrar aquello que “hermana” a toda la humanidad?

   Entonces temas filosóficos fundamentales para Filemón son (precisados por él mismo, detrás de la máscara de Modesto): “Dios, el tiempo, la fatal fluencia y transitoriedad de la vida, la muerte como apertura a la Trascendencia, la esperanza, la libertad, la conciencia, compromiso social”[2]. Sin dudas, un rico arsenal de temáticas para comprender el universo intelectual de Filemón Espinoza.

1. El hombre

   Podríamos decir que el punto de partida de las reflexiones de Filemón Espinoza es el hombre, pero de una manera muy peculiar es el hombre de todos los días, aquel que pisa el barro de las desdichas y sufre, pero también aquel que goza y que parece poder tocar las estrellas con las manos. Para Filemón “el hombre es fundamentalmente un ser en relación con el semejante, con Dios y con la naturaleza”[3].

     El hombre es también un ser “axiotópico”, un ser que se direcciona hacia los valores[4]. Y a partir de este direccionamiento establece jerarquías entre estos valores. Y es así como pueden diferenciarse ámbitos económicos, familiares, políticos, intelectuales, artísticos o religiosos en la vida del ser humano.

1.1. Hacia lo trascendente 

   El hombre puede alcanzar alturas espirituales y sobreponerse así a las miserias de la cotidianeidad. Esta idea de elevación aparece con cierta constancia en los escritos de Filemón, a veces como una “torre” (en referencia a un escrito de Manuel Ortiz Guerrero), un “balcón” (Modesto Escobar).

     Pero también se utilizan otras metáforas para representar esa búsqueda constante de lo trascendente, como el “aire” (Arnulfo Morínigo)[5] o el “peregrino”[6].  En referencia a esta última imagen sostiene que: “El hombre, cualquier ser humano, es pues un peregrino por naturaleza: siempre proyectándose hacia algo que está un poco más a allá y que quiere alcanzar”[7].

2. La Filosofía

2.1. Generalidades

     Entiende la filosofía como un modo de ser del hombre, por eso la encuentra, por ejemplo, entre la vida de la gente sencilla del campo, pero principalmente entre los poetas. Filemón constantemente busca una filosofía escondida en la palabra poética[8].

    En uno de sus escritos, Filemón relata como empieza a reflexionar sobre la filosofía cuando un vecino se acerca al  patio de su casa, en el barrio Paso Pé,  para preguntarle cómo puede aprender a escribir y a filosofar. Las cátedras universitarias no son imprescindibles, lo único imprescindible es una actitud inquisidora frente al hombre, la sociedad y Dios. 

2.2. El tiempo

   A modo de un Bergson guaireño, Filemón piensa sobre la temporalidad. Existe un “tiempo cosmológico” y un “tiempo psicológico”.

2.3. La naturaleza

     Filemón ve la naturaleza como una expresión de la creación divina[9].  En esto podemos notar la influencia de San Agustín de Hipona, una de las principales influencias de este filósofo guaireño[10]. También constantemente encuentra en pensadores griegos como Pitágoras, Heráclito o Plotino una referencia para reflexionar sobre la armonía cósmica[11].

3. El Paraguay

    Como pensador, dijimos más arriba, sus ideas siempre parten del hombre en su situación particular, y gran parte de sus escritos tratan sobre el hombre paraguayo, en especial el hombre del campo, el “chokokue”. Y desde sus reflexiones antropológicas y desde su “paraguayología” (por citar un término acuñado por Helio Vera) asciende con insistencia inclaudicable hacia lo trascendente.

    También Filemón plantea una visión orientada hacia lo utópico, como cuando hace la referencia a la búsqueda constante de “Otro Paraguay”[12].

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").

 

 

 



[1] Ramiro Domínguez en “Modesto Escobar Aquino. Poeta”, 2012, p. 8.

[2] Ibíd., p. 153.

[3] Filemón Espinoza. Comentarios desde el barrio Paso Pé. 2017, p. 103.

[4] Ibíd., p. 195.

[5] Ibíd., p. 103.

[6] Ibíd., p. 163. Ya sea en referencia a la “tierra prometida” de los judíos, “el reino de Dios sobre la tierra” de los cristianos, o el “Yby marane y” de los mbya.

[7] Ibídem.

[8] Dice Filemón que la poesía es “el lenguaje más existencial y metafísico”. Ver “Comentarios desde el barrio Paso Pé”, 2017, p. 100.

[9] Ibíd., p. 16, 20.

[10] Ibíd., p. 161.

[11] Ibíd., p. 16, 102.

[12] Ibíd., p. 63.