lunes, 17 de marzo de 2014

LA IDEA DEL PARAGUAY (ED. 2014)


LEÓN HELMAN, ROBERT. LA IDEA DEL PARAGUAY. HACIA UNA VISIÓN ESTÉTICA DE LA CULTURA PARAGUAYA. INTERIORA TERRAE, ASUNCIÓN, 2014.
Enlace al libro:

https://docs.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWdldpU0hLNTd0Sms/edit

miércoles, 5 de marzo de 2014

SOBRE CÓMO EL ARANDU ENFRENTA EL CONFLICTO


   Una manera corriente que tiene el arandu de enfrentar problemas es aplicar el “ñembo tavy”, el hacerse del tonto, del desentendido. Muchos podrán pensar que el ñembo tavy constituye una especie de anti valor, sin embargo, la postura contraria, la de enfrentar con interés y análisis el problema tampoco nos asegura siempre un resultado positivo.

   El arandu no se propone solucionar los problemas que lo inquietan de manera inmediata, los deja madurar, busca que el tiempo revele los sentidos ocultos a una visión apasionada.  Por algo algunos estudiosos de la cultura paraguaya ha calificado al paraguayo de tierra adentro como “estoico”, como alguien que cumple a cabalidad el proverbio que reza: “abstinere et sustinere”, abstenerse y aguantar.  A la larga, hace uso de otros dos recursos tradicionales, espera que el dilema termine en el “opa rei” o apela a una solución “so’o”.

   El opa rei es una curiosa manera que tienen los conflictos, relativos a las cosas y a los pensamientos, de disolverse por sí mismos. Como dice el dicho popular, que bien puede ser relacionado con esta postura espiritual: “No hay mal que dure cien años, ni nadie que lo aguante”, es decir, aunque uno sufra largamente las miserias de la vida, en última instancia llegará la muerte como una suprema medicina.

 En lo que hace a la solución so’o, podemos decir que es un abordaje “a medias” a los problemas, como quien hace algo “por hacer”, sin importarle mucho las “formas” de sus acciones. Folclóricamente a este tipo de posturas también se le llama hacer algo “a lo Paraguay”, “a lo Chaco”, o también “a lo Luque”, “vaikuepe…”, si “ya o’valema…”.

(Extracto de “Elogio a la vida del campo).

lunes, 24 de febrero de 2014

AL DIABLO CON EL MUNDO (ED. 2014).

LEÓN HELMAN, ROBERT. AL DIABLO CON EL MUNDO. COSECHA DE PENSAMIENTOS. LIBRO 1. INTERIORA TERRAE, ASUNCIÓN, EDICIÓN 2014.

Enlace al libro:

https://docs.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWbE9wZDVBdGpjcHc/edit

lunes, 4 de noviembre de 2013

PERIODO DE GESTACIÓN DE LA IDEA DEL PARAGUAY


 En el periodo de gestación, que abarca toda la época colonial,  se fue formando lentamente el alma del Paraguay, en medio de las peculiaridades geográficas y sociales, en medio de los desafíos constantes y las luchas por emerger a la luz. Como estadios resaltantes de esta originaria etapa tenemos a los símbolos de las reducciones jesuíticas y la revolución comunera.

   Los jesuitas. El lema seguido obstinadamente por los jesuitas en el Paraguay rezaba: “El reino de Dios sobre la tierra”. Al parecer, tratando de concretar tal afán, los hombres de Ignacio de Loyola siguieron casi al pie de la letra las recetas dadas por Platón en su obra “La República”. ¿Qué tendrá este genio griego que pudo infiltrarse delicadamente incluso entre las junglas impenetrables del Paraguay del siglo XVII? En fin, las reducciones se convirtieron en una suerte de estado comunista de raíces religiosas, con un curioso aislamiento hacia mundo exterior que al parecer, en algunos periodos de tiempo, ni la  misma iglesia romana podía ya violar.

   La revolución comunera. Pero si vimos una orientación comunista y aislacionista con los jesuitas en la gestación del alma del Paraguay, con la revolución comunera tenemos plantada la semilla para la rebeldía, a través de la crítica y la libertad. De hecho pareciera que en todo lo existente coexisten estas dos tendencias fundamentales, una fuerza centrípeta (de aislamiento y búsqueda de la serenidad) y otra centrifuga (de inconformismo y búsqueda del cambio).
 
 
 
(Extracto de “La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya”)
 
 
 

lunes, 28 de octubre de 2013

GENERALIDADES SOBRE LA IDEA DEL PARAGUAY


  Si partimos del presupuesto de que el Paraguay es una "Idea", entonces, siguiendo a Goethe y a Spengler podemos decir que ella se expresa tanto histórica como orgánicamente.

  Pero detengámonos antes de continuar en una consideración teórica. La Idea del Paraguay no pretender ser la explicación última e incuestionable de la cultura paraguaya, es simplemente un esbozo de pensamientos que antes que nada buscan un sentido y un valor estético, y sólo en segundo lugar quizá una motivación para los estudios formales en las áreas de las ciencias humanas.

  Pero ¿Qué queremos decir cuando aludimos a un sentido estético? Lo estético tiene que ver con una experiencia que nos hace ver al mundo como un gran espectáculo, más allá de las  miserias y contrariedades que encontramos en la vida cotidiana. Pero lo estético no constituye precisamente una evasión de la realidad, puesto que podemos estar seguros que lo real mismo está en cuestión con la crisis de los fundamentos de la razón. Vivir el mundo estéticamente implica a la par que un goce espiritual, una crítica a las condiciones miserables de existencia a las que el hombre se somete en su cotidianeidad.

  Entonces, hecha esta aclaración, podemos decir que la Idea del Paraguay se expresa en la historia paraguaya, con un carácter orgánico, que va desde un periodo previo de gestación, pasa por la edad de oro de la niñez, por los ideales de la juventud, por la fortaleza, seguridad, la auto-conciencia de la madurez, hasta llegar a la sabiduría, el hastío y el desengaño de la vejez.

  Luego de ver el marco de estudio planteado, podemos considerar que Justo Prieto hacia los años 50 también había planteado algo similar. Sin embargo, el carácter estético y hermenéutico que le queremos dar a este estudio, constituye su peculiaridad, y más aun, debemos considerar que nuestro enfoque pretende antes que nada ser filosófico, y sólo en un sentido secundario, histórico.
 
(Extracto de “La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya”).
 
 
 

viernes, 25 de octubre de 2013

EN TORNO A NATALICIO GONZÁLEZ


   Es notable en los más conocidos escritos de Natalicio González (como "Proceso y formación de la cultura paraguaya" o "El Paraguay eterno") su fuerte cercanía a las ideas de grandes pensadores románticos, vitalistas, e historicistas alemanes (Herder, Schelling, Fichte, Spengler,) articulados brillantemente con enfoques de pensadores franceses (Ernest Renan, Hippolyte Taine) y pensadores paraguayos (Blas Garay, Juan E O’leary, Manuel Domínguez) logrando así una amalgama original y ricamente estética.

  La obra de Natalicio González está llena de estéticos dones, y es a ellos a los que queremos resaltar de las incursiones por la espesura de sus inolvidables textos. La faceta política de su pensamiento, aunque la consideramos de importancia para un análisis integral de su obra, a lo sumo sirve como espacio para una deconstrucción crítica de sus afanes totalitarios. Y precisamente, del debilitamiento de sus bases dogmáticas surge y se afianza el sentido estético de nuestra interpretación. Nuestra tarea quizá sea tener en el aire las ideas de Natalicio González, tal como de hecho está todo el pensamiento occidental, en medio de la reinante crisis de los fundamentos, que afecta tanto a la ciencia como a la filosofía.  

  Dice Natalicio González al inicio de "El Paraguay Eterno" (título muy sugestivo por cierto): "El Paraguay es una entidad espiritual típicamente americana". Esto para nosotros quiere decir en pocas palabras que el  Paraguay es una Idea. Esto a su vez lo apuntó claramente el colombiano Victor Franck, aludiendo a la existencia de un “concepto platónico-goetheano del “Arquetipo”  -que encontramos en la obra de J. Natalicio González en la acepción aristotélica de un germen y un fin espirituales del hombre y la sociedad paraguayas”[1]

   A partir de aquí, y desde el estudio y la interpretación de la obra del pensador paraguayo, tenemos un fuerte lazo con el sentido estético que la palabra "Idea" encuentra ya sea en Platón, en el neoplatonismo, en Goethe, en Schelling, en Schopenhauer, en Spengler, en Mircea Eliade, o en Carl Jung. A propósito recordemos las palabras de Goethe “La forma (o la Idea) es movediza, cambiante, transitoria. La morfología o teoría de las formas es teoría de las mutaciones. La doctrina de la metamorfosis es la clave que nos permite descifrar todos los signos de la naturaleza”[2]. Y Oswald Spengler extenderá este método a todas las formas culturales.

  La noción de Idea del Paraguay emerge de la obra de Natalicio González y el pensamiento paraguayo, y toma vuelos estéticos, hermenéuticos y nihilistas. El camino que nos queda por recorrer es infinito, sean las obras de nuestro genial pensador guaireño la invitación para hacerlo[3].

(Extracto de “La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya”).



[1] De Espíritu y camino de Hispanoamérica. Citado en Dávalos-Livieres, El Problema de la historia del Paraguay; en Bosio-Devés, Pensamiento paraguayo del siglo XX. Intercontinental, Asunción, 2006, p 180. 
[2] Citado den Spengler, Oswald. La decadencia de occidente, T 1. Espasa-Calpe, Madrid, 1958, p 142.
[3] Podemos animarnos a plantear que el legado de la filosofía diletante paraguaya, que tiene a Natalicio González como a uno de sus principales representantes, es tomado en distintas medidas por una pléyade de maestros y filósofos que constituyen la primera generación de la filosofía académica en el Paraguay, nos referimos a Laureano Pelayo García, Adriano Irala Burgos, Juan Santiago Dávalos, Secundino Núñez, Vicente Sarubbi, Eduardo Torreani Cuevas, y otros. A partir de esta generación intelectual-filosófica, se despliega hasta nuestros tiempos lo que podemos llamar una tradición filosófica-académica, no demasiado notoria, pero sin embargo existente.

jueves, 24 de octubre de 2013

LAS LINEAS DE IDEAS DEL NOVECENTISMO


Luego de la tragedia de la guerra grande, el Paraguay tuvo que reacomodarse a un vivir plagado de carencias y malestares; al viejo optimismo de la edad oro de los López, le sucedió una visión pesimista y gris, un valle de lágrimas convertido en patria. El trabajo de reafirmación de los ánimos fue lento, tal como la convalecencias de un enfermo; en 1893, un grupo de brillantes estudiosos surge de la novel universidad nacional de Asunción. El periodo juvenil de la cultura paraguaya empezaba a florecer.  

 En aquel tiempo, en toda Latinoamérica el positivismo había sido utilizado como un trampolín para independizarse intelectualmente de España, llegando a ocupar una posición análoga a la de la ilustración para los europeos. Y así, de alguna manera el romanticismo fue la reacción del sentimiento, de la voluntad, a las frías y mecánicas construcciones racionalizadoras de la ilustración. Y ¿en Latinoamérica como se reaccionó a los excesos del positivismo? El mejicano Octavio Paz nos explica que con la sublime y espiritual aventura del modernismo literario: “El modernismo fue un estado del espíritu. O más  exactamente: por haber sido una respuesta de la imaginación y la sensibilidad al positivismo y a su visión helada de la realidad, por haber sido un estado de espíritu, pudo ser un autentico movimiento poético”[1].

 Volvamos entonces al Paraguay. Nuestro modernismo literario (marcado por la romántica figura de Manuel Ortiz Guerrero) coincidió con el periodo cultural llamado "el novecentismo", integrado por inolvidables escritores y estudiosos como Blas Garay, Cecilio Báez, Manuel Domínguez, Juan E Oleary, Manuel Gondra, Fulgencio R Moreno, y otros. Como podemos apreciar citando estos nombres, el novecentismo viene a ser el espacio intelectual en el cual se ponen frente a frente el positivismo y el espíritu vitalista e historicista que explosionó con el modernismo literario (sin dejar de reconocer que en algunos autores conviven ambas orientaciones).

  Tenemos entonces en el origen de la cultura paraguaya moderna principalmente a dos líneas de ideas bien marcadas, por una parte la dirección positivista, encabezada por Cecilio Báez, Manuel Gondra y otros; por otra parte la dirección vitalista e historicista, que agrupa a Juan E O’leary, Manuel Domínguez, y en una generación posterior a Natalicio González (quizá en sentido estricto no podemos llamar a Natalicio un novecentista, siendo no obstante uno de los principales herederos intelectuales de este periodo cultural).

   Pero aun existe una tercera línea, a la que podemos llamar socialista, que se desarrolló tímidamente durante las primeras décadas del siglo XX. Esta posición intelectual tiene a Rafael Barret como a su iniciador, y tal vez como a su principal representante. Al parecer se tuvo que esperar varias de décadas luego de la muerte del pensador español para recuperar otra figura intelectual de su fuste, y en efecto, recién hacia los años 60 aparece Oscar Creydt, reavivando en cierta medida el discurso socialista en la esfera cultural paraguaya.

(Extracto de “La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya”)


[1] Paz, Octavio. Los hijos del limo. Seix Barrail, Mexico, p 129.