Cuando la
filosofía europea empezó a incursionar en el ambiente cultural latinoamericano,
ella contaba ya en occidente con más de veinte siglos. Sin embargo, creemos que
desde el momento en que la filosofía hace presencia en los pueblos americanos
(que empezaron a independizarse en la primera década del siglo XIX) y es
utilizada por los pensadores de esta parte del planeta para tratar de
comprender a la sociedad, al individuo y al mundo natural, comienza la vida
peculiar de esta historia filosófica regional.
Pero ¿qué sucede con el pensamiento de
los pueblos originarios? ¿acaso no aportan también en el conocimiento de la
filosofía latinoamericana? Ciertamente sí, pero en la medida en que han sido
asimilados por pensadores o filósofos formados en la cultura occidental. De
todas maneras, aquí tenemos cuestiones que deben ser constantemente
reformuladas por la relevancia que puede tener en un afán de re-crear el
pensamiento a partir de nuestras propias circunstancias.
La historia de la filosofía latinoamericana
revela una vida orgánica, que la asumimos no en un sentido meramente académico,
sino estético. Con ello, estamos invitando
a través de su estudio a lograr el goce espiritual[1].
La vida no es más que un sueño, la expresión
de un fundamento que no puede ser alcanzado por el pensamiento, pero que en
medio de un estado de alerta se revela, gracias a la intuición. Desde el estado de alerta el pensamiento no
es más que un entretenimiento, un juego, o si se quiere, un fenómeno estético.
Y es desde esta perspectiva teórica (que de todas maneras puede ser contrastada
a través de una investigación interior) que debe ser interpretado el subtítulo
de la obra: "Ensayo sobre el pensamiento latinoamericano".
La elaboración de la obra se ha basado en
la revisión bibliográfica. En su primera
parte se pretendió hacer el abordaje de algunos de los más destacados filósofos
latinoamericanos, aludiendo a su nacionalidad, la corriente de ideas a la que
pertenece, las obras principales y a algunas breves reflexiones sobre algunos
de sus planteamientos. En la segunda
parte, se ha pretendido seguir un esquema organicista, que divide el flujo de
ideas en cuatro edades de desarrollo, buscando propiciar con ello una visión
integrada que abra el camino para una experiencia estética
Para terminar esta introducción queremos
plantear lo siguiente. Consideramos que es controvertido hacer diferenciaciones
entre la filosofía “en” Latinoamérica y la filosofía latinoamericana en cuanto
tal. La filosofía desarrollada en Latinoamérica, no importa cual corriente,
lleva necesariamente los condicionamientos que le otorgan la cultura y la
sociedad del filósofo que la cultiva, por más que la corriente llevada adelante
tenga orígenes europeos o norteamericanos. En tal sentido, las principales vertientes
de la filosofía latinoamericana (americanista, historicista, liberacionista) no
ensombrecen las posturas más asociadas al pensamiento europeo en general, que
también fueron cultivadas de manera peculiar por los intelectuales
latinoamericanos (por ejemplo el positivismo).
La identidad es una construcción, por ello
no podemos postular esencialidades cuando nos referimos a algo que
sencillamente fue ensamblado. No hay una filosofía esencialmente
latinoamericana, simplemente la construimos, y el presente ensayo simplemente
muestra una construcción más.
[1] El goce
espiritual se puede dar en cualquiera de las tres formas del cultivo del
espíritu: el arte, la espiritualidad o la intelectualidad. En el presente
ensayo de alguna manera conjugamos la primera y la tercera forma, aunque con el
predominio de la intelectualidad, ya que apelamos a cadenas de pensamientos.
Invocamos a una experiencia estética (conectada con lo artístico) ya que nos
valemos de arquetipos o Ideas como objetos de nuestro conocimiento (por ejemplo
las edades de la vida).
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