jueves, 18 de noviembre de 2021

NOVENTA AÑOS DE DOMINGO RIVAROLA (1931)

 

     Sociólogo y pensador paraguayo. Nació en la ciudad de Tobati. Fue uno de los fundadores del Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES) y de la Revista Paraguaya de Sociología (RPS).

      Su obra más difundida lleva como título “Una sociedad conservadora ante los desafíos de la modernidad”, publicada en el año 1991. Rivarola parte desde una matriz teórica estructural-funcionalista, que la conjuga con una posición crítica hacia los basamentos sociales y culturales del Paraguay, en especial aquellos que considera asociadas con el régimen stronista (en tal sentido se refiere a una cultura política).

      Rivarola es uno de los pensadores paraguayos que más se ha concentrado en las temáticas sobre la educación en el Paraguay.

      Uno de sus principales planteamientos es que la paraguaya es una cultura conservadora que le pone frenos a la modernización del país.

     También, vuelve a tomar la idea del aislamiento, en el sentido de afirmar que la dictadura stronista propició nuevas formas de aquella, en especial el de tipo político.

 El conservadurismo paraguayo

      Rivarola sostiene que la ideología conservadora se sustenta sobre un relato histórico y sobre una mitología (el mito de la unanimidad, el mito de enemigo interior y el mito del actor predestinado)[1]. Por supuesto, aquí está revelando ya cuestiones culturales que apuntalan a esta ideología conservadora que no es sino la ideología nacionalista.

(Extracto de “Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay).



[1] Domingo Rivarola. Una sociedad conservadora ante los desafíos de la modernidad. 1991, p. 41-47.

jueves, 11 de noviembre de 2021

INTRODUCCIÓN A "HOLGURA. COSECHA DE PENSAMIENTOS. LIBRO 9"

 

   La holgura económica puede deberse a un montón de factores (herencias, trabajo, inteligencia financiera, impulso empresarial, buena fortuna, picardía, etc), que no vienen al caso desarrollar, pero la holgura espiritual proviene de una actitud muy sencilla: disminuir los deseos, una enseñanza universal, repetida por budistas, taoístas, cristianos, estoicos, neoplatónicos, racionalistas, e incluso dentro de las tradiciones de sabiduría autóctona (como es el caso del arandu ka’aty paraguayo).

   Mas, ¿Quién querría disminuir sus deseos cuando de lo que se trata en un mundo consumista es de recrearlos cada día, para que así se vuelva casi imposible caer en los pozos del desencanto, adquirir la palidez del aburrimiento o pasearse por los aterrorizantes desfiladeros de la angustia? Pues casi nadie, sería preferible desembolsar unos cuantos billetes y librarse de las tinieblas del infierno.

   Mas, no nos dejemos engañar, la globalización ha llegado con muchas caras, no sólo con los bifes de McDonalds o con los jarabes de Coca Cola, ha llegado también con un mensaje casi de contrabando, con una nota de prolongación del alivio, que nos recuerda que la sabiduría de todos los tiempos es patrimonio humano, y nos llega sin respetar fronteras ni aduanas, sin impuestos ni multas, y quizá lo más importante, sin promesas ni condenas... 

 

 

   La característica de la presente versión de esta cosecha de pensamientos es la presencia marcada de llamados al ordenamiento de la vida cotidiana, teniendo como guías del camino a pensadores morales como Aristóteles, Séneca o Schopenhauer. A la par que esta orientación, se nota la presencia recurrente de las ideas de Oswald Spengler, que se despliegan en interpretaciones sobre el arte, la sociedad mundial y la cultura paraguaya.

     La serie cosecha de pensamientos son un conjunto de doce libros que agrupan escritos de corta extensión, marcados por el asombro y la desmesura de mis años juveniles, y que con el paso del tiempo se ha convertido en la base para los diversos ensayos que se han desparramado a partir de las primeras ideas y afectos contenidos en estos libros de aprendizaje.

 

     El problema central de esta colección de pensamientos es el hombre, al que calificamos como un ser en relación: con el mundo, con los demás y con su personalidad. Y en ese mismo tono hemos agrupado a los escritos en tres partes que se corresponden con esas tres relaciones fundamentales.

 

   Nos posee un afán filosófico, y en tal sentido podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.

   En fin, sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.

 

 ÍNDICE

Introducción………………………………………………………….……7

Primera Parte: Ser con uno mismo…………….……………………......9

Capítulo 1.1. La auto-ética…………………………..………………….11

Capítulo 1.2. Lo estético……………………………………..………….21

Capítulo 1.3. Otras cuestiones filosófica………………………….…...28

Segunda Parte: Ser con los demás………………………….........…….38

Capítulo 2.1. Sociedad…………………………………………….…….39

Capítulo 2.2. El Paraguay…………………………………………….....43

Tercera Parte: Ser en el mundo………………………………………...48

Bibliografía……………………………………………………………….52

 

 Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1k16LpEIYTKL9mqs8p-22-aH2Nv4hkD9e/view?usp=sharing

 

 

 

jueves, 4 de noviembre de 2021

INTRODUCCIÓN A "DESDE EL ASOMBRO. ENSAYO SOBRE EL CONOCIMIENTO HUMANO"

 

   Decía Aristóteles en el libro I de su Metafísica: “Sumidos en el asombro comienzan los hombres a filosofar”, y éste es un comienzo que se repite constantemente, pues cuando estamos asombrados frente al mundo, al hombre y a la sociedad, quiere decir que hemos dejado los turbios afanes de la cotidianeidad y podemos empezar a entregarnos gozosamente al pensamiento, pues con la filosofía adviene a la par que asombro también un intenso gozo.

     Pero asombro a su vez es el punto de partida tanto para recrear el conocimiento que la tradición nos ha donado, como para construir identidades (colectivas y personales).

     Y este gozo nos aleja del sufrimiento reproducido a través de un mundo socio-cultural que crea incansablemente necesidades superfluas.

    Ciertamente, el conocimiento[1] no empieza a desplegarse junto a la filosofía sino mucho antes, pero es desde la filosofía que éste comienza a ser cuestionado como tal, como conocimiento en cuanto tal. De ahí la cercanía entre la pregunta por el conocimiento y la filosofía.

     En general, tanto para los antiguos griegos como para los pensadores medievales,  el conocimiento podía alcanzar a la misma realidad, con tal de que se direccionara a ella cumpliendo con las pautas de un pensamiento correcto.

      Pero esto cambia en la filosofía moderna. Desde Descartes, uno no conoce directamente a la realidad, sino a una representación (una idea) de la realidad. Se hace entonces problemática la relación entre el conocimiento y la realidad.

 

     El hombre es un ser en relación, con el mundo, con los demás y con su personalidad. Cada una de estas relaciones está mediada por las dos facultades fundamentales del ser humano: el conocer y el querer. Entre estas dos podemos encontrar una tercera facultad, el sentir, asociada íntimamente con la experiencia estética.

   Afirmaba también Aristóteles en la obra ya citada: “Todos los hombres desean por naturaleza conocer”, lo que nos revela que el conocimiento no es en verdad ningún lujo innecesario sino una auténtica necesidad humana.

     Y en su relación con el mundo el hombre revela dos formas principales de conocimiento: la intuición y el pensamiento. En medio del mundo moderno la intuición ha ido perdiendo peso frente a la importancia cada vez mayor que ha adquirido la racionalidad (el pensamiento), una de tipo meramente formal. Una racionalidad formal que ha pasado también a configurar a la misma personalidad del individuo, que ocupa casi todo su tiempo en perseguir el dinero y lograr una mejor figuración social. Y esto es la modernidad, así se expresa. 

   Nos referimos entonces a un pensamiento centrado en un sujeto fuerte (aliado al egocentrismo) que termina orientándose al mundo y al hombre con turbios  y violentos afanes de dominación.

 

     La reflexión sobre el conocimiento puede direccionarnos hacia el logro de una experiencia estética al permitirnos tomar distancia de los interminables afanes cotidianos. También puede darnos pistas para comprender en qué consiste la construcción de identidades, personales, nacionales y humanas que nos permitan abordar las situaciones de crisis por las que atraviesa el mundo en nuestro tiempo.

 



[1] Del latín “cognoscere”, que posee el prefijo ”com”, que significa asociación, y el radical “noscere” o bien “nosco”, que significan conocer. Ajustando términos, podemos decir que la asociación que se da en el conocimiento es la de un sujeto y un objeto; que en el contexto del pensamiento moderno permanecían como separados e independientes (asegurando asi un conocimiento certero de la realidad), en cambio, en las condiciones postmodernas se hallan entrecruzados y entrefecundados, en una relación compleja que hace de ambos factores a la vez contrarios, concurrentes y complementarios.

   Apuntemos también que el radical “noscere” deriva del griego “gnosis”, que también significa conocimiento, y que por ejemplo compone el término “gnoseología”, que se define como teoría o estudio del conocimiento.


ÍNDICE 

Introducción…………………………………………………...…….7

Primera Parte: El conocimiento y el mundo…………………….10

1.1. La crisis de los fundamentos……………………………..….11

1.2. El contacto con el mundo…………………………………….14

Segunda Parte: Cuestiones generales sobre el conocimiento…17

2.1. Temáticas centrales de Gnoseología…………………….......18

2.1.1. Formas del conocimiento………….…………………….....18

2.1.2. Los tipos de conocimiento……………………………..…..26

2.1.3. Los grandes problemas del conocimiento…………….....33

2.2. El doble pensamiento ………………….………………….....37

2.3. Los sistemas de ideas……………………………………...…45

Tercera Parte: El conocimiento y la estética…………………….47

La contemplación estética………………………………………...48

Glosario…………………………………………………………..…52

Bibliografía………………………………………………………....53

  

Enlace al ensayo completo:

https://drive.google.com/file/d/1qUnaJ3aC_5KOcN_s1jTdIZlJSuRRfwti/view?usp=sharing

miércoles, 27 de octubre de 2021

A NOVENTA AÑOS DE LA MUERTE DE GEORGE HERBERT MEAD (1863-1931)

 

     Fue un filósofo, sociólogo y psicólogo estadounidense. En filosofía se constituyó en uno de los más destacados exponentes del pragmatismo norteamericano (junto a Dewey y James). En sociología es considerado como uno de los precursores de la corriente llamada interaccionismo simbólico. Como norteamericano recibió el influjo de la tradición conductista, pero lo adaptó a sus intereses sobre la investigación social.

Conductismo reformulado

     Frente a Watson que se negaba a considerar cualquier tipo de actividad mental entre un estímulo y su correspondiente respuesta, Mead acepta el influjo de la mente en la respuesta, pero lo asocia con el funcionamiento del sistema nervioso central. En tal sentido escribió: “Insisto en que los patrones que encontramos en el sistema nervioso central son patrones de acción, no de contemplación”[1]. Una apreciación que puede servirnos para entender que los “patrones de contemplación” se asientan en un imaginario social que es previo a cualquier tipo de actividad.

     Pero entiéndase bien, el sistema nervioso no hace sino repetir análogamente los patrones de acción que se enraízan en los patrones de contemplación.

Ética

     Su interpretación de la ética es bastante peculiar, pues sostiene que ella no se trata del ordenamiento de la vida individual sino de la búsqueda de la solución pacífica de los conflictos sociales. En tal sentido, se hace necesario el reconocimiento recíproco en la búsqueda de encontrar acuerdos en medio de las diferencias.

  (Extracto de “Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno”).

 



[1] Citado en “George Ritzer. Teoría sociológica clásica. 2011, p. 430”.

jueves, 14 de octubre de 2021

INTRODUCCIÓN A “ARROJADOS AL PARAGUAY. COSECHA DE PENSAMIENTOS, LIBRO 10”

  

   No puedo pensar el desarrollo de mi escritura sino a partir de las doce semillas espirituales que constituyen a la serie “cosecha de pensamientos”. Y es que la escritura no precisamente surge de la nada, por simple capricho inentendible, sino de la necesidad de precisar y comunicar un pensamiento antes difuso o un sentimiento intenso. Y ciertamente, como dice Schopenhauer, para escribir bien hay que pensar bien, pero también podemos plantear lo inverso, para pensar bien, hay que aprender a escribir bien (y también, por extensión, a “sentir” más y mejor). ¿Por qué? Porque la escritura te obliga a ordenar, aclarar y profundizar tus pensamientos y afectos.

   Así que los escritos aquí presentados son los rastros que van quedando en el tiempo, como producto de la persecución de estos quijotescos afanes, que casi sin sentirlo, se van acumulando como las diminutas gotas de una canilla averiada, que terminan por hacer  rebosar de agua hasta al más enorme balde. 

 

   Pero detengámonos en el título del libro.

   A parte de constituir el suelo que nos ha acogido y la cultura que nos ha alimentado el espíritu, el Paraguay es un motivo de reflexión constante, que en momentos privilegiados nos llena de un gozo que trasciende todo interés científico, académico o político.

   En medio de tanta calamidad mundial, una oportunidad privilegiada se nos presenta en la contemplación estética, oportunidad que llega también junto a los símbolos e imágenes  que pueblan la cultura paraguaya, y que la han hecho desplegar sus dones espirituales a través de la historia.

   Por ello, parafraseando a Martin Heidegger, quien hablaba de que hemos sido arrojados a la existencia, sin siquiera decidirlo, nosotros podemos decir en forma más específica que hemos sido “arrojados al Paraguay”, y no precisamente -como dirían muchos alucinados por la modernidad- para nuestra desgracia, sino también –y esta es la perspectiva que queremos abrazar- para nuestro gozo.

   Y no necesitamos eludir las miserias de nuestra sociedad, metámonos en el lodo inmundo de nuestras penas y angustias, y desde ahí descubramos los horizontes y posibilidades –tanto críticas como estéticas- que nos da la reflexión y la vivencia de nuestra cultura y nuestra historia.

 

   Siguiendo nuestros planteamientos sobre antropología filosófica, hemos separado estos escritos en tres grandes partes, relacionadas con las que consideramos las principales dimensiones del hombre: la de ser con la personalidad, ser con los demás y ser con el mundo.

 

ÍNDICE GENERAL 

Introducción…………………………………………………………….…7

Primera Parte: Ser con uno mismo………………………………….…..9

Capítulo 1.1. La auto-ética………………………………..................….11

Capítulo 1.2. Lo estético………………………………………………...17

Capítulo 1.3. Otras cuestiones filosóficas…………………………..…22

Segunda Parte: Ser con los demás………..……………………….……28

Capítulo 2.1. Sociedad………………………………………………......29

Capítulo 2.2. El Paraguay……………………………………………….39

Tercera Parte: Ser en el mundo………………………………………...50

Bibliografía…………………………………………………………….…52

 

Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1G6BJLOZXqwWrXftveZrJwfq7U_UXF9z7/view?usp=sharing 

 

 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

A CIENTO OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE JOHANN FREIDRICH HERBART (1776-1841)

 

     Fue un filósofo y pedagogo alemán. Estudió en Jena con Fichte. Podríamos decir que fue un exponente de la ilustración en el campo de la educación, siguiendo planteamientos de Rousseau y Kant. También puede ser considerado como uno de los precursores de la psicología.

Pedagogía

     Planteó cuatro pasos para el proceso de enseñanza-aprendizaje: claridad, asociación, ordenación y aplicación. Con estos conceptos podemos notar también en qué medida ha influido en los nuevos enfoques pedagógicos del siglo XX (pensemos solo en las ideas de John Dewey).

Estética y Ética

    Para Herbart el objeto de la estética es el concepto-modelo o idea (es posible encontrar planteamientos semejantes ya sea en Schelling o Schopenhauer). Y estas ideas son también valores, que producen deleite en su contemplación pero que también sirven como referentes éticos. Podemos recordar que casi en el mismo tiempo, Schiller plantearía una “educación estética” del hombre.

 (Extracto de “Robert León Helman. Entre la revolución y el control. Ensayo sobre la vida de las ciencias humanas”)

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

INTRODUCCIÓN A “ELOGIO A LA VIDA DEL CAMPO. HACIA UNA PARAGUAYOLOGÍA FILOSÓFICA”

 

     Ya en la antigüedad el escritor romano Tácito con su “Germania” o Jean Jaques Rousseau en el “Emilio”, en la modernidad, o en el Paraguay, Natalicio González con “Proceso y formación de la cultura paraguaya”, por tomar unos pocos ejemplos, han elogiado las riquezas y los dones de la vida en contacto con la naturaleza, de la vida en los espacios agrarios. Estos análisis revestidos con la belleza de la escritura se han consolidado a través del contraste con modos de vida sofisticados (urbanos), alejados de los ritmos elementales y armónicos de la vida del campo. 

     En este ensayo seguiremos buscando la pista de lo maravilloso que todavía se recrea en la visión  de mundo, en las actitudes espirituales y en las acciones concretas de los hombres de tierra adentro, que ni los avances de la tecnología ni las avalanchas de la globalización han podido borrar.

 

   Cuando aquí hablemos de la vida del campo, nos referiremos principalmente a una vida contemplativa desarrollada en el campo, y no a cualquier forma de existencia en tal espacio geográfico, aunque si podamos encontrar algunas coincidencias entre todas ellas.

   Quien cumple a cabalidad la vida contemplativa del campo es el sabio del bosque (arandu ka’aty[1]), quien encarna una suerte de moral paradigmática, es decir, una moral basada antes en el ejemplo que en la teoría. Así, elogiar al campo es también elogiar a estos hombres excepcionales, de inteligencia aguda y de afectos generosos.

     Pero insistimos en esto, el temple del arandu ka’aty va más allá de lo moral, es una actitud contemplativa, es decir, una actitud hacia la inacción (mientras que la moral es expresa acción).

   El arandu vive a plenitud los “arquetipos”[2] de la cultura seminal paraguaya[3], manteniéndolos vigentes a pesar de la avalancha del mundo globalizado, que amenaza con sumir a todo en el flujo putrefacto de la banalidad[4]. Podríamos preguntarnos entonces ¿en qué forma vive los arquetipos de su cultura el arandu ka’aty?

     Podemos identificar dos grandes grupos de arquetipos (o Ideas o proto-formas) que caracterizan a la cultura seminal paraguaya, los arquetipos del pensamiento y los arquetipos de la acción. Los arquetipos del pensamiento se expresan en la visión del mundo y del hombre del arandu; mientras que los arquetipos de la acción se expresan en las actitudes frente a las situaciones de la cotidianeidad. Podríamos también hablar de valores intelectuales y valores pragmáticos con sus correspondientes pautas de pensamiento y de acción.

      Entonces, podemos también preguntarnos: ¿Qué peculiaridades tienen estos dos tipos de arquetipos?

     En las dos primeras partes de nuestro ensayo estudiamos estos arquetipos, mientras que en la tercera veremos cómo éstos se proyectan en medio de las costumbres.

 

   Pero debemos reconocer a su vez que esta experiencia contemplativa se puede producir en el hombre de la ciudad, que deja su mundo de tensiones y frustraciones, o de preocupaciones por el dinero o la figuración social, para darle un sentido renovado a la formación de su subjetividad.

   Muchas veces, al describir las peculiaridades de la vida en el campo, estableceremos contrastes sugerentes con la vida en la ciudad, puesto que ambas formas de vivir constituyen una dualidad que no solamente implica una oposición irremediable, sino también acaso, la posibilidad de establecer al final una suerte de complementariedad entre ambos espacios.

   La identidad del paraguayo se enraíza en el campo y adquiere modificación en las ciudades, dándose esta transformación a lo largo de distintas edades que la cultura del Paraguay va recorriendo en su historia.

 

     Podemos recordar que ya Helio Vera en su obra “En busca del hueso perdido” se propuso partir de la “sabiduría selvícola” (arandu ka’aty) para desplegar las ideas de su clásica obra sobre “paraguayología”[5], expresión literaria de aquello que Cristian Andino llamó “sátira socio-anecdótica”[6] de la identidad nacional.

     Junto a la obra de Helio Vera, quizá el libro de Saro Vera “El paraguayo, un hombre fuera de su mundo”, sea uno de los más representativos de esta manera de pensar y escribir a la que se dio en llamar paraguayología, que en su caso  no es tanto sátira, sino un conjunto de observaciones empíricas[7] del que el que  sobre el comportamiento típico del paraguayo. Por ello, nosotros preferimos referirnos a esta matriz narrativa como “socio-empírica”.

      Ambas obras nos servirán como principales puntos de partida, a las que sumaremos también nuestras propias experiencias, cosechadas luego de años de visitar periódicamente distintas zonas agrarias de Villarrica, en especial la Colonia 14 de Mayo.

    A partir de aquí es que nos animamos a ubicar como subtítulo de la obra “Hacia una paraguayología filosófica”, porque no nos contentaremos con describir pautas de comportamiento y valores de la cultura agraria paraguaya, trataremos de interpretarlas, buscando en ellas principios últimos y conocimientos integrados en una visión de mundo y del hombre.

     También es necesario advertir que aquí idealizaremos al sabio del campo y a la cultura agraria, algo necesario porque también queremos presentar esta temática como una especie de referencia para una ética de máximos de felicidad, buen vivir o vida tolerable. Será entonces, siguiendo con la terminología de Helio Vera, un paraguayo de “gua’u”, un constructo consciente, en donde separaremos los vicios y debilidades propias de lo humano. Aunque también hay que decir que no es tarea sencilla separar al paraguayo de “guaú” del “te’ete”, el auténtico del construido (e incluso, si consideramos al pensamiento postmoderno podríamos reclamar la dignidad de lo que es de “gua’u”). En fin, esto nos permitirá orientarnos con mayor comodidad hacia los arquetipos de la cultura paraguaya.

 

      Pero también el estudio de las peculiaridades de la vida del sabio del campo puede ayudarnos a considerar la identidad del paraguayo, y a partir de ahí encontrar ideas que enriquezcan nuestras formas de relacionarnos con un mundo muy complejo, en donde cada cultura debe hacer su aporte para manejar las situaciones de crisis que la humanidad tiene en el presente y que se proyectan también hacia el futuro, como la degradación ambiental, los conflictos armados, la pobreza o la desintegración espiritual del individuo.

 

 

 



[1] “Al sabio propiamente dicho de lo denominará con la palabra “arandu”, atributo adquirido gracias a la integración con el universo, cuyo palpitar lo siente y presiente. Para esta sabiduría no se requiere basto conocimiento sino la actitud medio mística de sentirse parte integrante de la naturaleza”.  Saro Vera. El Paraguayo, un hombre fuera de su mundo.1994, p. 140.

[2] Los arquetipos son objetos del conocimiento a los que se accede intuitivamente, no a través del razonamiento, por eso al que sólo utiliza su intelecto le cuesta mucho comprender esto, porque uno debe abrirse a ellos a través del sentimiento o a través de una experiencia estética, antes que a través de la utilización mecánica del concepto. Los arquetipos también son valores que sirven de referencia al modo de ser del arandu ka’aty, que son desarrollados en los dos primero capítulos del libro.

[3] En referencia a esto nos dice Eliade: “Vivir de conformidad con los arquetipos equivalía a respetar la “ley”, pues la ley no era sino una hierofanía primordial, la revelación in illo tempore de las normas de la existencia, hecha por una divinidad o un ser mítico.  Y si  por la repetición de las acciones paradigmáticas y por medio de las ceremonias periódicas, el hombre arcaico conseguía, como hemos visto, anular el tiempo, no por eso dejaba de vivir en concordancia con los ritmos cósmicos; incluso podríamos decir que se integraba a dichos ritmos (recordemos sólo cuán “reales” son para él el día y la noche, las estaciones, los ciclos lunares, los solsticios, etc)” Mircea Eliade. El mito del eterno retorno, 1952, p. 107-108. 

[4] Al respecto también dice Saro Vera: “Los acontecimientos vividos por el paraguayo no son objetos del recuerdo sino parte integrante de su vida. Los lleva grabados”. Saro Vera, El paraguayo, un hombre fuera de su mundo. 1994, p. 102.

[5] “Es en el mundo del arandu ka’aty (sabiduría selvícola) donde se encuentran todas estas pistas, de las cuales podremos extraer los elementos medulares de la cosmovisión del paraguayo”. Helio Vera. En busca del hueso perdido, 2006, p. 63.

[6] Cristian Andino. Logos guaraní, 2018, p. 62.

[7] Lo que sería una especie ajustada de lo que se dio en llamar el método de la “observación participante”.


Índice:

Introducción………………………………………………………....7

1. Visión de mundo del arandu…………………………………..12

2. Actitudes espirituales del arandu……………………………..16

2.1. La visión del hombre del arandu ka’aty……………………17

2.1. La búsqueda constante de lo maravilloso………………….19

2.2. El arandu y el conflicto………………………..……………...21

3. Peculiaridades de la vida del campo………………..…….…..24

3.1. Sobre la lengua guaraní……………………………………....25

3.2. El mate y el terere……………………………………………..27

3.3. Las caminatas por el kokue y el ka’aguy………………...…29

3.4. La medicina tradicional……………………………………....32

3.5. La música tradicional………………………………………...34

3.6. La religiosidad y la magia………………………………..…..36

3.7. Las distracciones……………………………………………...38

3.8. El trabajo……………………………………………………….39

3.9. El rancho campesino……………………………………….…41

3.10. El viaje hacia el campo……………………………………...42

Conclusión……………………………………………………….…47

Glosario……………………………………………………………..48

Bibliografía………………………………………………………....49


Enlaces al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1WIyz_owMHVvLF6cz8yhO20Kq6LgcQXkq/view?usp=sharing

https://www.academia.edu/s/d17276d49d