viernes, 12 de mayo de 2017

INTRODUCCIÓN A “UN PARAGUAYO QUE LEYÓ A SCHOPENHAUER”


   Por el hecho de que el periodo de tiempo que abarca esta autobiografía alcanza sólo aproximadamente un tercio de lo que vive en promedio una persona en nuestro tiempo (es decir, tenemos sólo la infancia y la juventud), la metodología de la división en cuatro edades de la vida, que utilizamos generalmente en nuestros escritos tomará algunas peculiaridades. Seguiremos con la división en cuatro, pero en vez de edades utilizaremos las cuatro estaciones anuales: primavera, verano, otoño e invierno.



   En verdad, no sé precisamente quién soy[1], me he buscado toda mi vida y sólo he encontrado imágenes, que se han ubicado curiosamente entre todo lo que he escrito (esto me hace acordar de las enseñanzas de Hume). Pero también he buscado a la filosofía en mí, porque he hecho de ella una cuestión personal y quizá por ello la he  hallado en la forma de numerosas preguntas, que aunque sin respuestas, alimentan el gozo y el asombro de seguir buscando.

   La distancia al presente que he considerado en este escrito es de diez años, pues a través de este espacio de tiempo la vida se ve ya desmaterializada, o como diría Schopenhauer desvoluntarizada, y por lo tanto se muestra apta para la contemplación estética, o simplemente para una observación mesurada y tranquila, que deje de lado tantos vanos apegos. Al respecto nos dice el mismo Schopenhauer:

“Aquella felicidad de la intuición voluntaria es, finalmente, la que difunde ese encanto tan asombroso sobre el pasado y la distancia, y nos lo presenta a una luz embellecedora por medio de un auto-engaño. Pues al hacernos presente los días pasados hace tiempo vividos en un lejano lugar, lo que nuestra fantasía evoca son solamente los objetos, y no el sujeto de la voluntad, que antaño cargaba con innumerables sufrimientos igual que ahora: pero ahora están olvidados, porque desde entonces han dejado su lugar a otros”[2].

   La vida es como un suspiro, de modo que todos los recuerdos dan la impresión de que son sólo de ayer, pero plasmados como en los horizontes de un cuadro, o como una sublime sinfonía que queda sonando en nuestra memoria cuando ya hemos dejado de escucharla.

   Todo lo que hemos vivido forma parte de todo lo que de alguna manera ya hemos muerto, quedando las imágenes antes que nada como arquetipos o símbolos, y no ya como una forma de auto consideración, y quizá por ello, acaso podemos plasmar la vida pasada en una obra literaria.

    Y precisamente, la escritura y la reflexión sobre las imágenes de mi pasado  constituyen formas del cultivo del espíritu, una de las principales enseñanzas que he tomado de Schopenhauer. Antes de asimilar las ideas del filósofo alemán, mi vida se reducía a seguir las metas que la sociedad moderna (en sus distintos tipos) nos impone: la obtención de dinero y de posicionamiento social. Schopenhauer me enseñó que existe algo que vale aun mucho más que estos logros, y al que a su vez deben subordinarse, y es el cultivo del espíritu.

   Y así como en el título de la autobiografía hago alusión a Schopenhauer, también apunto a mi condición de paraguayo[3], como alguien que construye su subjetividad en el contexto de una sociedad y una cultura peculiar[4] (la paraguaya), que ineludiblemente condiciona las direcciones que tomó, toma y puede tomar una aventura de vida.





[1] Las tres fundamentales preguntas de la antropología filosófica son: ¿Quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? Las cuales abordamos a lo largo del presente trabajo.
[2] Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación. Biblioteca nueva, Bs As, p. 253.
[3] La identidad nacional se define como el sentimiento de pertenencia a un determinado grupo social, pero a su vez, el sentido de pertenencia forma parte de una de las necesidades fundamentales propuestas por Abraham Maslow, que aquí podemos volver a recordar: necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de aprecio y de auto-realización.
[4] Cfr. Robert León Helman. La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya. Interiora terrae, Asunción, 2014.
Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWREFpN2hKQTcwOG8/view?usp=sharing

miércoles, 26 de abril de 2017

PREFACIO A "PREPARACIÓN PARA LA MUERTE"



 
PREFACIO[1]

   En una de las cartas que Séneca le enviaba regularmente a su amigo Lucilio, le contaba a éste que él se preparaba para morir, encarando a la muerte no como un espacio espiritual de tristezas y malestares, sino como la oportunidad de pensar en uno mismo, en el mundo y la sociedad, y a su vez, sobre las cadenas que nos limitan y sobre las posibilidades de la libertad.

   Y así, estimulados por esta actitud de Séneca, nos hemos propuesto agrupar los escritos que aquí presentamos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre: como ser en el mundo, ser consigo mismo y ser con los demás.

   El presente libro, como cada uno de los doce que integran la colección “Cosecha de pensamientos” presenta algunas características peculiares. Entre ellas podemos apuntar la insistencia en las interpretaciones de problemas sobre el hombre, la sociedad y la filosofía con la ayuda de una terminología proveniente de las obras de filósofo italiano Gianni Vattimo.
   Por supuesto, de la mano de Vattimo vienen Nietzsche y Heidegger, pero en nuestro caso ha sido a la inversa, pues Nietzsche apareció ya en el libro 3 (tímidamente, es cierto), en tanto que Heidegger en el libro 5 (fortaleciendo las ideas sobre la auto-ética).
   Aun con este cambio de perspectiva, Schopenhauer no ha desaparecido, antes bien sus ideas son realimentadas con las nuevas visiones filosóficas.

    Si buscamos una justificación para el libro -aparte de suponer quizá un sentido personal de necesidad de comunicación, de devolver de alguna manera lo que nuestra sociedad y nuestra cultura nos ha dado- podemos apuntar que se desenvuelve como la búsqueda de aclaraciones sobre los inagotables cuestionamientos relativos a la vida humana, en un contexto preferentemente filosófico.
 Y de hecho, podemos afirmar que la investigación filosófica no necesariamente se reduce a ensayos, monografías, tesis de grado o postgrado, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos sistemas de pensamiento.
  Quizá el libro, aludiendo a su título, pueda enseñarnos a morir, reconociendo que la muerte nunca adviene sola, pues siempre le acompaña la vida misma, en una
danza cósmica inefable. El misterio del hombre, es una invitación al pensamiento, que busca hacerse estético, contemplativo, para darnos con ello el supremo regalo de lo místico.
   Sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.






[1] Los siguientes escritos han sido elaborados a lo largo del año 2007, formando originalmente parte del libro “Sobre los escombros de la destrucción”, publicado en el 2008. Los comentarios han sido agregados en su mayoría en el año 2011.

Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWbUxCTnpoa3p4XzQ/view


lunes, 10 de abril de 2017

INTRODUCCIÓN A “EN POS DEL PENSAMIENTO INÚTIL”


   En relación a la anterior edición de este ensayo, hemos aumentado las pretensiones de sus alcances, ya que en vez de concentrarnos solamente en la historia de la filosofía en el Paraguay hemos empezado a buscar ya el despliegue del pensamiento paraguayo como tal, que por supuesto tiene a la reflexión filosófica como un componente importantísimo, pero que ciertamente no se agota en ella.

   Esta obra sigue estando en plena ejecución, por lo cual la publicación que aquí compartimos en como una fotografía que inmoviliza a un organismo en constante movimiento, que como nuestro mundo mismo, no puede mantenerse con vida sino a través de creaciones y re-creaciones constantes.  



   En un recordado convivium de filosofía de la universidad católica, el maestro José Brun proclamaba: “Vamos en pos del pensamiento inútil”. Y el filosófico es un pensamiento inútil porque no se deja utilizar como una silla o un automóvil, no se deja amoldar como una doctrina o una ideología, y no se deja encasillar ni por el más célebre de los filósofos. La filosofía es una actividad interminable, y por ello acaso la más improductiva. En el Paraguay, a pesar de lo poco que se ha difundido, la filosofía ha estado presente desde los mismos inicios del andar de la nación, y persiste hoy, en medio de nuestro putrefacto entorno socio-cultural. Vamos entonces, como quería el profesor Brun, en pos del pensamiento inútil, pero en nuestra tierra, en nuestro destino, en nuestro goce de espíritu, el Paraguay.

   En este aventurado ensayo consideraremos a grandes rasgos a la filosofía hecha “en” el Paraguay, o si se quiere a la filosofía “del” Paraguay (creemos que la filosofía paraguaya es sencillamente aquella que fue hecha por paraguayos, o por aquellos extranjeros que recibieron influencias de la cultura paraguaya, a través del desarrollo de un pensamiento filosófico). Como el conocimiento filosófico no permanece en el aire, en los distantes espacios etéreos, sino en la cabeza de los pensadores que la cultivan, nuestra tarea consistirá esencialmente en un recorrido en torno a las influencias filosóficas y a las ideas de aquellos que en el Paraguay se han dedicado en forma más notable al cultivo o a la enseñanza de este noble saber.

   Nos hemos propuesto diferenciar dos grandes periodos en el desarrollo de la filosofía en el Paraguay. Por una parte, el periodo diletante, en el cual los pensadores que se ocupan de la filosofía son hombres de múltiples inquietudes intelectuales, y en la mayoría de los casos con una estrecha relación con los juegos del poder político; por otra parte, el periodo académico, que se inicia con una serie de notables maestros y filósofos de formación europea, que establecen la “normalidad filosófica”[1] en el Paraguay.

   Si tomamos en cuenta la periodización hecha en nuestra obra “La Idea del Paraguay”[2], podemos decir que el periodo diletante forma parte de la niñez, juventud y parte de la adultez de la cultura paraguaya, mientras que el periodo académico abarca desde finales de la edad adulta hasta la actualidad, tiempo de fría vejez.

   Así, en nuestro último capítulo, volveremos a esbozar un desarrollo orgánico de la filosofía en el Paraguay, ya con independencia de la diferenciación entre filosofía diletante y académica.  

  

   Pero a su vez podemos plantear que en el periodo de gestación de nuestra cultura, la filosofía ya estuvo de alguna manera presente. Así, con el mismo lenguaje guaraní venia asociado ya una suerte de reflexión filosófica sobre el mundo, por supuesto, no con la auto-conciencia de cultivar este saber, lo que se logró a partir de la filosofía griega antigua, pero si con el sentido originario que cada lengua destila a partir de sus estructuras fundamentales. Tres importantes pensadores paraguayos han hecho hincapié en este carácter filosófico que muestra la lengua guaraní, Manuel Gondra, en un ensayo titulado “El guaraní y las ideas abstractas”, Natalicio González, en uno de los capítulos de “El milagro americano”(titulado “Ideología guaraní”), y Efraim Cardozo en su “Historiografía paraguaya”. A propósito de esto también podemos citar a la obra del español José Manuel Peramás, “La república de Platón y los guaraníes”, de 1791, en donde se establece un notable paralelismo entre la utopía platónica y la organización política jesuítica-guaraní establecida en tierras sudamericanas.

   Pero si aludimos a los jesuitas, necesariamente debemos recordar al otro importante capítulo de la edad cultural que estamos recorriendo aquí brevemente, la revolución comunera, que también tuvo sus importantes componentes filosóficos. Los pensadores españoles de los siglos XVI y XVII como Mariana, Vitoria, y en especial Suarez, con sus enseñanzas sobre la preeminencia del pueblo sobre el rey o cualquier otra autoridad, en lo que hace fundamentación del poder, sin lugar a dudas fueron factores centrales en la ideología revolucionaria de aquellos comuneros.

   A su vez, cuando los jesuitas fueron expulsados del Paraguay, los franciscanos se hicieron cargo de la universidad de Córdoba, el principal centro de formación de la región en aquel entonces, reemplazando a Francisco Suarez por Dans Escoto. Entre otros motivos para esto, los españoles terminaron por darse cuenta del potencial revolucionario que poseían las ideas del pensador jesuita.

   De esto podemos considerar entonces que todo el periodo colonial de la cultura paraguaya (que asociamos con su estadio de gestación orgánica) estuvo marcado, como era de esperar por la centralidad teórica que ostentaba la filosofía escolástica.

   A su vez, las ideas de los filósofos ilustrados, como Rousseau, Volteare o Montesquieu, alimentaron el espíritu revolucionario de los primeros independentistas tanto paraguayos como latinoamericanos, quienes a su vez identificaron las revolución francesa y norteamericana, con sus propios anhelos de libertad.  











[1] Francisco Romero introdujo la noción de normalidad filosófica, entendida como el ejercicio de la filosofía como función ordinaria de la cultura.
[2] Cfr. Robert León Helman. La Idea del Paraguay. Hacia una visión estética de la cultura paraguaya. Interiora terrae, Asunción, 2014. En adelante, al referirnos a nuestros trabajos utilizaremos las iniciales R.L.H.
Enlace al ensayo completo:

viernes, 31 de marzo de 2017

PREFACIO A “PARAR LA MARCHA”


PREFACIO[1]



     Los temas de esta edición de nuestra cosecha de pensamientos son variados, pero esbozan las líneas generales de la visión de mundo que sostenemos y que se concreta en nuestra tesis sobre la Idea del Paraguay.

      Podríamos preguntarnos por la justificación de la publicación de un trabajo intelectual como éste y más aun por el contenido marcadamente filosófico de la obra. A parte de suponer un evidente sentido individualista detrás de este afán, podemos apuntar razones más plausibles, como la búsqueda de aclaraciones a problemáticas sobre el mundo y sobre la humanidad, en dirección a sus fundamentos (aunque estos al final siempre se esfumen).

     También, podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías o trabajos de grado, también puede tomar la inocente forma de un aforismo o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos sistemas de pensamiento.

     Estudiar filosofía académicamente implica buscar el lado formal o metodológico que ella posee, sin embargo ¿Qué hay del sentido poético, vibrante y hasta místico que despierta el conocimiento filosófico? Al parecer esta dimensión de la filosofía no es suficientemente atendida en las universidades, en donde se privilegia la rigurosidad, la disciplina y la eficacia. Frente a esta situación, tal vez los escritos que aquí publicamos puedan recordarnos que la filosofía no tiene por qué ser solamente formalista o metodológica, tiene que poder ser cotidiana, tiene que poder arrancar un suspiro, una lágrima o una sonrisa auténticos, y no un mero dolor de cabeza al tener que preparar un examen, una exposición o una tesina.





     A parte de esto, pensamos que la principal finalidad de estos escritos es apuntalar la reflexión filosófica en torno a las tres dimensiones fundamentales del hombre: ser con uno mismo, ser con los demás y ser en el mundo.



     Sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.













[1] Los siguientes escritos han aparecido a lo largo del año 2008, en tanto que los comentarios en el 2011.
Enlace al libro completo:

viernes, 17 de marzo de 2017

LA EXPERIENCIA ESTÉTICA DESDE EL PENSAMIENTO DE ARTHUR SCHOPENHAUER


INTRODUCCIÓN[1]



   En un mundo lleno de los vacíos dejados por la crisis de los valores tradicionales, por la crítica despiadada contra la religión, por el desencantamiento de los mitos y leyendas, volver a buscar una experiencia maravillosa o la plenitud de la vida constituyen quizá una auténtica necesidad y un grandioso desafío, para no sumirnos en el barro del hastío y el absurdo.

   En tal sentido, la experiencia estética se presenta como un sendero que se abre ante nosotros para ayudarnos encarar los desafíos que el mundo ultramoderno nos presenta.

   Mas, quizá uno de los primeros en enfrentarse a estos malestares de la modernidad fue el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, quien a pesar de su perspectiva pesimista dejó entrever varias claves teóricas que desde el pensamiento actual es posible aprovechar.

   Y precisamente, la idea que nos estimula a valorar estas claves de Schopenhauer es la de “Verwindung”, término utilizado por Heidegger y reinterpretado por el filósofo italiano Gianni Vattimo, que significa remitir un mensaje, uno que nos reconcilia con nuestro pasado, como aquello a lo que estamos destinados, por el hecho mismo de que nuestro presente se enraíza en el pasado de la tradición del pensamiento y a su vez nos proyecta hacia las posibilidades del futuro.  

   Pero antes de meternos de lleno en estos senderos del pensamiento y la estética actuales, desde los impulsos que nos presta Schopenhauer, nos ocuparemos de apuntar en dos capítulos separados, los lineamientos fundamentales de su metafísica y su estética. Su metafísica, porque ella constituye el cimiento sobre el que se asienta toda la reflexión de nuestro filósofo; y su estética, porque es el vector teórico que nos permite introducirnos por los intrincados caminos del pensamiento de nuestro tiempo.

   En último lugar, y en la forma de un tercer capítulo, penetraremos en el inquietante mundo de la filosofía actual, siguiendo los señalamientos estéticos que nos prestó Schopenhauer en los capítulos anteriores, y de este modo alcanzaremos los frutos que puede ofrecernos la investigación que hemos llevado adelante.



   Schopenhauer constituye un filósofo extraordinario, y desde sus obras nos hemos introducido a este maravilloso y desafiante mundo de la filosofía, tratando de comprendernos a nosotros mismos, a la sociedad y al cosmos; por ello, aquí intentaremos justificar de una manera formal lo que venimos haciendo ya desde nuestros primeros pasos como estudiantes de filosofía: cuestionar al mundo trepados sobre los hombros de este gigantesco pensador.

   Las  notables implicancias de la experiencia estética, tanto en lo que hace al objeto conocido como al sujeto cognoscente, es uno de los temas más importantes y de mayor relevancia que ha dejado Schopenhauer para el pensamiento actual. La crisis del sujeto (paralela a la crisis de los fundamentos del conocimiento, de la razón e incluso de la ciencia), temática central del nuestro tiempo, encuentra en las ideas de Schopenhauer precedentes notables, que pueden ayudar a clarificar y a replantear algunas posturas sobre el problema.

   Así, la continuidad inapelable del pensamiento filosófico a través del tiempo, nos permitirá afianzarnos en el manejo de las ideas de nuestro espacio intelectual, y a su vez nos darán claves para entender las proyecciones culturales que revela.   La investigación ahondará en las formas y  enigmas de la experiencia estética, que nos acercan en gran medida al pensamiento descentrado, post-logocéntrico, que marca fuertemente a nuestra época. De ahí que Schopenhauer se presentará ante nosotros como el genial anunciador de nuevas posturas (que por tomar un  ejemplo, tiene a Nietzsche como el primero en registrarlo)  así como un vigente propiciador del goce estético y del renunciamiento al mundo. 



   Nos proponemos someter a análisis los planteamientos de Arthur Schopenhauer sobre la transformación que se produce en el sujeto que conoce cuando se alcanza la contemplación estética, junto a la correspondiente modificación que sufre el objeto conocido.  

   El problema sobre el conocimiento estético se agudizó ya hacia el siglo XVIII, cuando el inglés Francis Hutcheson sustituye el intuicionismo metafísico en la estética por el intuicionismo psicológico, es decir, sostiene que ningún objeto podría ser considerado bello sin un sujeto dotado del sentido de la belleza. Así, lo estético alcanza el grado de un problema del conocimiento,  y como se sabe, explicar la forma y los fundamentos a partir de los cuales el hombre conoce constituyó un tema central de los siglos XVII y XVIII, tanto entre racionalistas como entre empiristas. Estas cuestiones serán retomadas de manera original tanto por los idealistas alemanes como por el romanticismo, tanto alemán como inglés.

   Este cambio nos revela la relevancia del pensamiento filosófico en su íntima relación con las distintas manifestaciones artísticas, religiosas, mitológicas y simbólicas en general, pensamiento enfrentado a la preponderancia que la ciencia ha ido ganando progresivamente en la cultura occidental.

   En el marco de la experiencia estética se da una modificación del sujeto, que deja de lado la interpretación cotidiana de la vida como una tarea penosa y obligatoria que realizar, o como un foco interminable de conflictos. Las ideas de Schopenhauer contribuyen a redescubrir esa sabiduría olvidada y difundida por filósofos como los presocráticos, Platón, o los románticos, que enseña a ver al mundo como un espectáculo maravilloso.    

   Al final nos propondremos exponer las ideas estéticas de Schopenhauer como un camino importante para ubicarnos en el problema actual de la crisis de la visión tradicional del sujeto cognoscente, que implica por supuesto, una problemática crítica también en el objeto.     Schopenhauer solía comparar su obra cumbre “El mundo como voluntad y representación” con un tema musical de cuatro movimientos; y así, nosotros podemos decir que nuestro trabajo es como dos variaciones musicales del primer y tercer movimiento de la obra del filósofo alemán (metafísica y estética respectivamente), y un movimiento (o capítulo) final que se vale de las mismas ideas centrales pero a través de un lenguaje musical atonal (comparable con filosofía contemporánea, o específicamente con el pensamiento débil).



   Ya para cerrar esta breve introducción, queremos significar la importancia de los estudios académicos de filosofía, que permiten al estudiante interesado en esta disciplina, encontrarse con una tradición intelectual que se mantiene vigente con los años, y que de ese modo ofrece las condiciones para que una educación sólida, coherente y sistemática pueda llevarse adelante sin los dramas y carencias que muchas veces vienen adheridos a una formación auto-didacta.

   Creemos que sin los exigentes desafíos que la formación escolar filosófica propone, muchas vocaciones intelectuales inclinadas hacia nuestra disciplina pueden dispersarse y hasta diluirse por falta de un conveniente direccionamiento conceptual de los estudios y el aliento moral de los maestros. Por ello, queremos que este trabajo constituya no sólo una puerta que nos abra a la obtención de un título académico, sino también una carta de agradecimiento a la labor y a las reflexiones de todos nuestros maestros a lo largo de nuestros años de estudio[2].



[1] El presente estudio fue construido sobre la base de una tesina para la obtención de una licenciatura en filosofía, por lo cual en algunas pocas ocasiones es necesario ubicarse en ese contexto para comprender mejor algunos pasajes del trabajo.
[2] Este trabajo está dedicado especialmente a Darío Sarah y Adalberto Antúnez, maestros y amigos a lo largo de mi errabundo paso por la carrera de filosofía.
Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWLUI1aGtSWTJFcVE/view

martes, 28 de febrero de 2017

PREFACIO A “HOLGURA”


Prefacio[1]

   La holgura económica puede deberse a un montón de factores (herencias, trabajo, inteligencia financiera, impulso empresarial, buena fortuna, picardía, habilidades delictivas, etc), que no vienen al caso desarrollar, pero la holgura espiritual proviene de una actitud muy sencilla: disminuir los deseos; una enseñanza universal, repetida por budistas, taoístas, estoicos, neoplatónicos, racionalistas, románticos, entre otras corrientes culturales de mayor o menor destaque.
   Mas, ¿Quién querría disminuir sus deseos cuando de lo que se trata en un mundo consumista es de recrearlos cada día, para que así se vuelva casi imposible caer en los pozos de la depresión, adquirir la palidez del aburrimiento o pasearse por los aterrorizantes desfiladeros de la angustia? Pues casi nadie, sería preferible desembolsar unos cuantos billetes y librarse de las tinieblas del infierno.
   Mas, no nos dejemos engañar, la globalización ha llegado con muchas caras, no sólo con los nutrientes de McDonalds o con los jarabes de Coca Cola, ha llegado también con un mensaje casi de contrabando, con una nota de prolongación del alivio, que nos recuerda que la sabiduría de todos los tiempos es patrimonio humano, y nos llega sin respetar fronteras ni aduanas, sin impuestos ni multas, y quizá lo más importante, sin promesas ni condenas... 


   La característica de la presente versión de esta cosecha de pensamientos es la presencia marcada de llamados al ordenamiento de la vida cotidiana, teniendo como guías del camino a pensadores morales como Aristóteles, Séneca o Schopenhauer. A la par que esta orientación, se nota presencia recurrente de las ideas de Oswald Spengler, que se despliegan en interpretaciones sobre el arte, la sociedad mundial y la cultura paraguaya.

   Nos posee un afán filosófico, y en tal sentido podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.
   En fin, sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.






[1] Los siguientes escritos han aparecido a lo largo del año 2009. Los comentarios han sido añadidos en el año 2011. Nos hemos propuesto agruparlos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre, la de ser en el mundo, ser con uno mismo, y ser con los demás.


Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWRkluVFZ4WENDeWM/view

 




lunes, 13 de febrero de 2017

PREFACIO A “ENTRE VILLARRICA Y ASUNCIÓN”


   No es común en nuestro ambiente cultural la publicación en dúo de una colección de poemas, y en verdad, la idea no fue largamente planificada como sucede muchas veces en emprendimientos de este tipo, sino que surgió como un chispazo genial en la mente de mi amigo guaireño Arnulfo Morínigo Paniagua (¿no es acaso esto lo que significa un desarrollo orgánico antes que artificial de la obra artística); y puesto que nunca tuve dudas ni reservas en publicar cuanta coma, letra o palabra haya escrito, no tardé ni un segundo en aceptar este inusual planteamiento.

   De todas maneras, siento que el libro es de Morínigo, así que le dedico a él este prefacio y todos los poemas que están a mi nombre, se lo merece por su tesón como activista cultural y por su obstinado amor hacia el arte.

  

   Villarrica ha sido para mí como una patria espiritual, de modo que en alguna medida he hecho en mí mismo este intercambio dual entre ideas y visiones de mundo que se ha dado entre los poemas de Morínigo y los míos; en otras palabras, también he partido yo, en cierta forma, desde las nobles raíces guaireñas para asomarme a ese mundo pletórico de miserias espirituales que es Asunción, la ciudad más urbanizada del país (la obra del mayor poeta modernista paraguayo, Manuel Ortiz Guerrero, a quien homenajeamos en nuestra portada, nos revela también pistas de esta maravillosa corriente espiritual guaireña-asuncena).

   Esto lo ha sabido matizar el también  poeta guaireño Martin García Silvero, cuando me expresó que: “Vas caminando muy dentro tuyo, indagando tus propios horizontes, perteneces más allí que aquí, por eso cuando gritas allí se hoye el susurro de un poema aquí”. Pues bien, García Silvero tal vez quiso decirme que yo pertenezco más allí (Asunción) que aquí (Villarrica), como de hecho desde la experiencia empírica y cotidiana es verdad, pero yo siempre querré partir desde “aquí”, porque mi alma siempre habitará “aquí”.



   Continúo entonces, ahora escribiendo sobre un emergente y renovador poeta de nuestro “aquí”, de Villarrica, hablaré de Morínigo, el enigmático artista de la compañía Rincón.

   Pensar en la obra de un escritor, como Arnulfo Morínigo, implica no sólo fijarse en la peculiaridad de su estilo o en las direcciones de sus ideas, sino también, considerar las raíces y el ambiente que alimentan su obra, tal como cuando observamos una planta y tratamos de conocer su carácter y sus propiedades.

   Y asi, sin lugar a dudas la literatura de Morínigo brota maravillosamente desde el espacio cultural del Paraguay, y muy particularmente desde el Guairá y todo su histórico flujo espiritual.

   Como hemos planteado en uno de nuestros ensayos[1], la cultura paraguaya se encuentra situada en un espacio de putrefacción espiritual, en donde la unidad y la consistencia de la cultura seminal se han aminorado claramente. Tenemos a un Paraguay conectado ya a un mundo globalizado que nunca duerme, lo que constituye todo un shock socio-cultural para un país que hasta hace algunas décadas podía ser considerado “la China sudamericana” o “una isla rodeada de tierra”.

   Y la cultura guaireña fue repitiendo estos caracteres de la cultura paraguaya, resistiéndose hasta último momento en sus tradiciones y en su arte, en sus barrios de antaño y sus compañías silenciosas. Pero un paseo por Villarrica basta para dimensionar la magnitud del cambio espiritual que se avecina: calles ruidosas, gente apresurada, supermercados poblados, en fin, la marca de numerosas fracturas en el antes compacto y sólido espíritu del pueblo.

   Y es justo en esta intersección de tiempos (uno sereno, el otro agitado) donde Arnulfo Morínigo nos entrega su mensaje poético, como un reflejo espontáneo de un cúmulo de pesares y de goces que traspasa a la vez su propia interioridad y las circunstancias sociales y culturales que lo rodean.

   Entre afectos místicos y amorosos se despliega su corriente poética, con un lenguaje que a veces se asemeja a una estocada en el alma, seca y profunda, sin avisar siquiera al lector de la proximidad de una inquietud semejante.

   Puede decirse que debido a nuestro ambiente social enrarecido por el espectáculo y la banalidad, nuestra mente necesita una llave que la abra a las profundidades del ser humano, y en tal afán los senderos poéticos que Morínigo nos ofrece, puede servirnos de aliciente espiritual.



   Para terminar este prefacio, quiero hacer alusión al círculo artístico e intelectual que hemos bautizado como “Interiora terrae”[2], formado ya a finales del siglo pasado, junto a el profesor Felipe Villalba Britos, y al que se han agregado luego el guitarrista caazapeño José Irrazabal, y por último Arnulfo Morínigo, quien le ha prestado al grupo un dinamismo notable y un entusiasmo juvenil que apreciamos mucho.

   Tampoco debemos olvidar que el maestro Filemón Espinoza (al que calificamos como componente del trío de oro de la madurez de la cultura guaireña, junto a Ramiro Domínguez y Modesto Escobar)  ha alentado siempre el fortalecimiento de  nuestro círculo cultural,  con ese talante de maestro incansable, manifestado en sus pensamientos, en sus palabras y acciones.

   En la presente edición hemos agregado un par de trabajos de la artista colombiana Adriana Baquero Pardo (1965) y un dibujo del guaireño Arnaldo Amarilla (1986), a quienes agradecemos por la empatía y la apertura hacia nuestras ideas.



R.L.H.



[1] Cfr. Robert León Helman. La Idea del Paraguay. Interiora terrae, Asunción, 2014, p. 27-30.
[2] En latín, interiores o entrañas de la tierra. Extraído del lema alquimista: “Visita interiora terrae, rectificandum invenues ocultum lapidem”, visita los interiores de la tierra, que rectificando (el espíritu) encontrarás la piedra oculta (la piedra filosofal).
Enlace al libro ccompleto:

https://drive.google.com/file/d/0B1fbaSG6HJjWYkxYWTBUcU52S3c/view