viernes, 11 de octubre de 2013

EL PARAGUAY


   El Paraguay es una Idea, un objeto maravilloso que emerge de la contemplación estética. Tal Idea no es un objeto inmutable como se desprende de la enseñanza platónica original, sino que se encuentra sometido a un flujo incesante, de carácter tanto orgánico como histórico.

   Esta Idea nos muestra hoy un estadio orgánico putrefacto, expresado en una crisis socio-cultural que no implica sólo un sentido pesimista, paralizante y resignado, antes bien significa un estímulo para pensar, para vivir estéticamente la debacle, y aun para desenvolver una crítica que parta desde el mismo suelo abismal que nos constituye.



(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”)
 
 


jueves, 10 de octubre de 2013

SOCIEDAD


El contacto con los demás es ciertamente una fuente de innumerables conflictos, sin embargo, las exigencias de nuestro tiempo, tanto en relación con la especie, como en relación con el individuo, hacen necesario que las problemáticas socio-culturales sean vividas y pensadas, no para proclamar alguna ingenua utopía o una absurda redención de la humanidad, sino para mantenernos parados en este viaje incierto que nos hace a todos “compañeros de infortunio”.

   La democracia, que podemos considerar como el régimen político “menos nocivo” de todos, precisa constantemente no sólo del conflicto de la crítica, sino también de acuerdos sobre principios mínimos de convivencia, que le permitan al individuo seguir el proyecto de felicidad que se le antoje, en medio de este maremágnum de visiones de mundo que caracteriza a nuestro tiempo.

   A su vez, el cultivo de una ética social debilitada, debe contribuir a al mantenimiento de las condiciones de vida en el planeta, que se ha visto amenazado tanto por la degradación ambiental (resultado de la actividad humana) como por las guerras con armas nucleares (resultado de la necedad humana).


(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”)

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

SER CON LOS DEMÁS


Cada ser humano vive en medio de una sociedad peculiar y de una cultura que lo constituye, otorgándole ambas las herramientas necesarias para satisfacer no solamente sus necesidades fundamentales u orgánicas, sino también las sociales y las espirituales. Tales herramientas no implican que el individuo tendrá el camino abierto para transitar despreocupadamente por la vida, antes bien, los obstáculos y las dificultades se constituyen en un modo en que la configuración socio-cultural y la misma naturaleza desafían al hombre a cumplir su destino. 

   La sociedad en la que vivimos no es un paraíso de bienestar, en gran medida se parece más a un valle de lágrimas, foco de conflictos y frustraciones, que en los peores casos ha terminado en guerras de exterminio étnico, desastres atómicos, y en distintas formas de esclavitud social. Sin embargo, ya no estamos a tiempo de anunciar la inminente llegada de la revolución salvadora, pues lo único que nos queda es sólo tratar de no empeorar  nuestra patética situación, tanto como individuos, como especie y como sociedad.



 
(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos. Libro VIII)
 


martes, 8 de octubre de 2013

CUESTIONES FILOSÓFICAS


 El pensamiento debe poder mantenerse siempre crítico, hacia el mundo, hacia el conocimiento, hacia la acción, hacia la sociedad y la cultura, hacia la misma razón, y tal afán quizá sólo podrá tenerse en pie si el mismo pensamiento se orienta constantemente hacia lo místico o trascendente, que siempre se muestra como nada.

   Esto requiere un trabajo constante y disciplinado en torno al saber filosófico, que debe dejar de ser sólo una disciplina de estudio más, para compenetrarse con la misma apuesta vital de aquel que pretende trascender su propio egoísmo a través del estudio y la contemplación. Tal proyecto vital ya no puede ser propuesto como el camino de la verdad  incuestionable y del bien absoluto, pero si como una invitación a descubrir el gozo indescriptible que surge a la par que la crítica al mundo y el encuentro con la nada.



 
(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”).
 



 

viernes, 4 de octubre de 2013

POLARIDADES


En el fondo está la nada, que se presenta a la par que un mundo estetizado, y el conocimiento no hace más que orientarse a esa nada sin nunca hacerlo un objeto más, así lo que queda de la aventura de conocer no es más que un “ser debilitado”, el mundo convertido en visión, en símbolo, en cifra. Lo trascendente es conocimiento fronterizo, no es la posesión del ser en cuanto tal, pues a la vez que se revela se oculta (ya que siempre emerge junto a la nada).  El saber se desenvuelve en polaridades, desde su misma condición fundamental, la de ser una dualidad entre el sujeto y el objeto, hasta el recorrido de los límites ontológicos, el ser y la nada.

  Quizá ya no estemos para los dualismos que desgarraron al pensamiento moderno, como la razón y el cuerpo, como el espíritu y la naturaleza, como la libertad y el determinismo, como el pensamiento y la acción, etc, tal vez sea tiempo de considerar un contexto dialógico, que sin desechar la oposición, asuma la complementariedad y la concurrencia entre las diversas polaridades de nuestro conocimiento y actuar.



 
(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”).
 



jueves, 3 de octubre de 2013

LO ESTÉTICO


La contemplación estética puede tomar dos formas, la moderada y la radical. Ambas formas se caracterizan porque el sujeto se revela como “débil”, en tanto que el objeto como “idea infundada”, “símbolo”, o “cifra”. La variante moderada se presenta con más facilidad, pudiendo ser producida por objetos o acontecimientos que no implican demasiadas intensidades afectivas. En cambio, la forma radical se asocia con el estado de ánimo de la angustia, en donde a la par que un mundo estetizado se muestra la misma nada.

   El hombre en general no es consciente del contexto cognoscitivo, e incluso epistemológico en el que estamos inmersos, no considera aun la “estetización  genera de la existencia”[1], en donde debe ser ubicada incluso la misma ciencia (esto no implica minusvalorar a la ciencia, sino, darle el sentido que más la potencie en el contexto del pensamiento actual, a través de una relación dialógica con la filosofía). 

   Vivimos en una especie de sueño, como ya lo decían desde siempre los sabios orientales y los filósofos de la tradición platónica, y despertar es comenzar a ver al mundo en forma estética. Este despertar, aunque sea en breves e intensos momentos, nos revela nuestro propio destino, nuestra vocación ineludible, nuestro llamado de vida. Por ello, la experiencia estética se relaciona directamente con una auto-ética, con el establecimiento de las condiciones necesarias para lograr la auto-formación.

   En medio de un mundo sin finalidades últimas, el camino que nos lleve a la experiencia estética no puede ser más que una invitación, y no ya una serie de normas incuestionables y absolutas que definan claramente a la felicidad. Sumidos en la torre de Babel de la diversidad cultural e individual, la experiencia del mundo como un gran juego y una sueño, es sólo una opción para dejar de lado tantas luchas absurdas y preocupaciones insignificantes, o usando la imagen de la tragedia griega, dejar de tanto cargar en vano el tonel de las Danaides.



 
(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”).





[1] Vattimo, Gianni. El fin de la modernidad. Cap VI

miércoles, 2 de octubre de 2013

LA AUTO-ÉTICA


En cuanto seres en relación con nosotros mismos, estamos inmersos en un mundo en el que se han desvanecido los fundamentos que el pensamiento tradicional había establecido. Un abismo anida en la trágica travesía humana hacia ninguna parte. Esta situación se refleja a su vez en la condición del sujeto, que ahora se muestra “débil”, o “crepuscular”, como lo explicó Gianni Vattimo[1].

   Este contexto en el que se desarrolla el pensamiento actual constituye para nosotros un renovado espacio para lo místico o trascendente. Sin embargo, sigue siendo necesario que el hombre dirija conscientemente su vida, de modo a no dejarse llevar por la corriente de la masificación social, o para no caer en la ilusión de que se está viviendo una realidad fundada y absoluta.

   Precisamente, el objetivo principal de la auto ética es el logro de un “estado de alerta”, a partir del cual se accede al “estado de angustia”, que nos abre a la experiencia estética radical (en donde un mundo maravilloso se muestra sobre el abismo de la nada).

   Simbólicamente, podemos decir que la vida del hombre es como una cruz, en donde el poste horizontal representa esa mezcla de placeres inmediatos y desdichas, de trabajo y de renunciamientos que caracterizan a la cotidianeidad, en tanto que el poste vertical expresa el desarrollo interior, que establece las condiciones necesarias para que los místico advenga (en sus formas a la vez estética y nihilista).



 
(Extracto de “Parar la marcha. Cosecha de pensamientos”).
 



 



[1] Vattimo, Gianni. Las aventuras de la diferencia. Cap 2.