lunes, 28 de noviembre de 2016

EL CAMINO. COSECHA DE PENSAMIENTOS, LIBRO 3.


INTRODUCCIÓN[1]



   Toda gran aventura posee un comienzo, una raíz, aunque se sitúe en medio de la monotonía de la cotidianeidad. Y la lectura, la reflexión y la escritura son grandes aventuras, que parten desde decisiones radicales, considerando toda la miseria material y espiritual que acompaña a la vida humana. Y así, este pequeño libro es la raíz de un árbol que continua dando frutos, o en otras palabras, aludiendo al título de la obra, es el camino (la palabra método se deriva de los términos griegos “metha”: más allá, y “odos”: camino) a partir del cual se ramifican otros varios.



   La escritura fragmentaria posee una larga historia en lo que hace a la literatura filosófica, por citar unos pocos ejemplos, podemos recordar que gran parte de los escritos conservados de estoicos y epicúreos son cortos pero intensos; también, ya en la modernidad, Schopenhauer incursionó en los micro escritos, y a su vez su discípulo Friedrich Nietzsche,  a quien quizá sus constantes ataques de migrañas sólo le permitían escribir de esa manera.

   No importa mucho la forma en que nos iniciemos en la escritura filosófica, más vale mantener encendida la llama del asombro ante el mundo, el hombre y la sociedad, para así encontrar un sendero que nos permita seguir creyendo en el pensamiento como una irrenunciable medicina para los dramas humanos.

   Al final, como daba entender David Hume al culminar la demolición del dogmatismo de su época, lo que también podemos esperar de la filosofía es “modestia y humildad”[2], y ¿porque no? También una pisca (o mejor una buena dosis) de ironía ante las circenses imágenes de nuestro mundo.

Enlace al libro completo:





[1]  Los siguientes escritos han aparecido a lo largo del año 2003, y formaron parte originalmente del libro “Sublimes pasos hacia la escoria”, publicado en el 2004. La primera edición de “El camino” fue publicada en el año 2011.  Los comentarios han sido añadidos en el año 2010 en su gran mayoría. Nos hemos propuesto agrupar los escritos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre, la de ser en el mundo, ser con uno mismo, y ser con los demás.

[2] David Hume. Letter from a Gentleman. Citado en David Hume. Tratado de la naturaleza humana. Estudio preliminar. Folio, Barcelona, 2000, p. 36.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA AUTO-ÉTICA. REFLEXIONES SOBRE LA VIDA HUMANA INDIVIDUAL


INTRODUCCIÓN[1]



   Ya en la antigua Grecia, en particular desde Sócrates y los sofistas, se plantearon cuestiones que hasta hoy siguen inquietando a aquellos que se atreven a reflexionar sobre sus vidas: la felicidad, el buen vivir, la prudencia, las normas de conducta, etc.

   Por nuestra parte en este ensayo, no nos preocuparemos por buscar una felicidad llena de exigencias y condiciones (como acaso lo planteó alguna vez Aristóteles),  nos bastará con sostener que una vida tolerable es posible, desde la base del cultivo del espíritu[2].

   El hombre es un ser complejo (múltiple en su unidad) y se despliega existencialmente en tres dimensiones: como ser en el mundo, como ser consigo mismo y como ser con los demás. En cuantos seres con nosotros mismos, tenemos dos facultades fundamentales, conocer y actuar. En tal contexto, la auto-ética constituye un conjunto de conocimientos y prácticas, centrado en la dimensión humana de ser con uno mismo, pero que se extiende recursivamente hacia la sociedad y el medio ambiente. 

    Podemos plantear que nuestra auto-ética posee un objetivo fundamental: la construcción de la subjetividad desde lo trascendente.  Y esto lo consideramos importante porque uno de los principales desafíos de la humanidad, tanto en el presente como también en el futuro es contrapesar la desintegración espiritual del individuo[3].



   La palabra trascendente proviene del prefijo “trans”, que significa “a través”, o “de un lado hacia otro”, y el término latino “scandere”, trepar, escalar, más el sufijo “nte”, que alude a una acción. Entonces etimológicamente lo trascendente es “el paso de un lado hacia otro”. Uno de estos lados no es más que la cotidianeidad, con todas sus miserias e insatisfacciones, mientras que el otro lado se relaciona con la experiencia estética, que modifica radicalmente al mundo, haciendo de la vida a la vez un juego, sueño y experimento.

   En cuanto seres en relación con nosotros mismos, estamos inmersos en un mundo en el que se han desvanecido los fundamentos que el pensamiento tradicional había establecido; un abismo anida en la trágica travesía humana hacia ninguna  parte. Esta situación se refleja a su vez en la condición del sujeto, que ahora se muestra “débil”, o “crepuscular”, como lo explicó Gianni Vattimo[4]. Y este contexto en el que se desarrolla el pensamiento actual constituye para nosotros un renovado espacio para lo trascendente. Sin embargo, sigue siendo necesario que el hombre por lo menos plantee una dirección consciente a su vida (a la manera de una estrategia, no de un programa[5]), de modo a no dejarse llevar por la corriente de la masificación social, o para no caer en la ilusión de que se está viviendo una realidad fundada y absoluta, y a su vez, para establecer las condiciones para que advenga lo trascendente.

   Precisamente, uno de los propósitos importantes de la auto observación (uno de los tres grandes capítulos de este ensayo) es el logro de un “estado de alerta”, a partir del cual se accede al “estado de angustia”, que nos abre a la experiencia estética radical (en donde un mundo maravilloso se muestra sobre el abismo de la nada).

   Plantearemos el desarrollo del ensayo desde lo más teórico a lo más práctico, y así comenzaremos con el auto-estudio, pasaremos por el auto-trabajo y concluiremos con la auto-observación.   

 Enlace al ensayo completo:





[1] Este ensayo se erige a partir de la reflexión en torno a nuestros doce libros de la serie “cosecha de pensamientos”; también se apoya en nuestro ensayo sobre el problema del hombre, titulado “Retorno”.
[2] Lo que en términos de Pierre Bourdieu denominaríamos el “cultivo del capital cultural incorporado”. Véase Pierre Bourdieu. Las estrategias de la reproducción social. Siglo Veintiuno, Bs. As., 2011, p. 215.
[3] R.L.H. Del pasado al futuro. Ensayo sobre el devenir del hombre. Interiora terrae, Asunción, 2015, p. 30.
[4] Gianni Vattimo. Las aventuras de la diferencia. Península, Barcelona, 1990, p 55-57. También, del mismo autor. El sujeto y la máscara. Península, Barcelona, 1989, p. 191-221.
[5] Cfr. Edgar Morin. Introducción al pensamiento complejo. Gedisa, Barcelona, 2007, p. 113 y 116.

viernes, 4 de noviembre de 2016

COMENTARIOS A LA ETERNA BORRACHERA


LA ETERNA BORRACHERA (letra y música: Robert León Helman)

Siembro caminos de guitarras que hablan al viento…
tomo el trago amargo de esta vieja historia…
 y entre aquella sombra que esconde la llave correcta…
camina errante un ebrio con ojos de fuego…
Es el velo del universo…
es la vieja historia del tiempo…
me muestra su necia sonrisa de perro…
es el eterno afán de la vida…

Comentarios:
   Este tema está fuertemente marcado por la presencia de las ideas de Arthur Schopenhauer. El ebrio bandolero no es más que el hombre en su aventura trágica, que no logra en sus interminables afanes más que un mísero bocado para paliar un hambre radical, el hambre insaciable del ser, de la voluntad.
   “Siembro caminos de guitarras que hablan al viento…”. La guitarra es el gran vehículo de nuestras expresiones musicales, en ella se apoya la voz para desplegar los tejidos literarios, que son lanzados al viento para culminar así el ciclo de la creación artística.
   “Tomo el trago amargo de esta vieja historia…”. Para Schopenhauer “vivir es padecer”, y así esta “vieja historia” de la humanidad se parece a un “trago amargo” cuando la contemplamos desde la memoria histórica, pero he aquí lo maravilloso de la experiencia estética, esta amargura se transmuta en gozo cuando nos adherimos con plenitud a los símbolos de la obra. La función liberadora del arte nos permite aspirar a este bálsamo para las desdichas cotidianas.
  “Y entre aquella sombra que esconde la llave correcta…” Las sombras no son sino nuestro mundo cotidiano, pletórico de miserias y necesidades, que cuando se extreman desembocan en las llamadas “situaciones límites”, que dan lugar al estado de ánimo fundamental, la angustia, la “llave correcta” que nos abre a la experiencia estética radical.
   “Camina errante un ebrio con ojos de fuego…” este ebrio de deseos interminables no es más que la figura del hombre, anhelante de una felicidad que siempre se le escapa de las manos, errante entre placeres y dolores que lo mantienen atolondrado.
   “Es el velo del universo…” El universo entero es como el velo o la máscara con la que se atavía la voluntad, esencia del mundo, y así lo que más se valora en la cotidianeidad, sea dinero o fama no son más que ilusiones que nos permiten mantener tapada a la voluntad, puesto que verla en su pureza nos llevaría a un terror visceral (relacionado íntimamente con lo que llamamos angustia).
   “Es la vieja historia del tiempo…” Un tiempo que parece ser la repetición incesante de las desgracias humanas, el eterno retorno de los juegos del dolor y del placer, que crea y destruye individuos, sociedades y culturas, acontecimiento que ya también se ha desplegado hacia la naturaleza (ésta misma a la que tratamos como una bestia de carga)…quizá el último recinto sagrado del hombre…
   “Me muestra su necia sonrisa de perro…” La metáfora de la sonrisa de perro representa a una alegría banal, detrás de la cual yace un mar de frustraciones que se tratan de ocultar a toda costa, pero que sin embargo constituye una constante en la vida humana.
   “Es el eterno afán de la vida…” vuelve finalmente la temática de la voluntad, esencia del mundo, fundamento metafísico del cosmos. Como planteaba Schopenhauer, fuera de la voluntad no existe sino la nada, una nada que ya para nuestro propio entender se revela a la par que se da una experiencia estética radical.
Enlace al video:



lunes, 24 de octubre de 2016

VIVIR Y FILOSOFAR. COSECHA DE PENSAMIENTOS. LIBRO 6 (ED. 2016)


INTRODUCCION[1]



   La vida humana, ésta que desde hace ya miles de años desarrolla una aventura tanto sublime como trágica (y porque no decirlo, también cómica), posee, podemos decirlo, tres dimensiones fundamentales: la de ser en el mundo, ser con los demás y ser con uno mismo. Y desde estas aristas de su mundo el hombre ha creado herramientas, mitos, leyendas, rituales, sociedades, culturas, guerras, catástrofes, declaraciones de paz y solidaridades…Y así, lo paradójico y complejo de esta extraña y sorprende criatura que llamamos ser humano, es lo que nos invita (y hasta a veces nos obliga) a pensar en esta “nuestra” vida…

   Nuestra vida, porque todos los desafíos que ahora inquietan a la humanidad (degradación ambiental, guerras, pobreza o desintegración espiritual del individuo) son nuestros y no sólo, como a veces parece, de unos excéntricos rumiadores de libros o de unos escandalizados líderes sociales.



  Desde hace siglos el hombre viene escarbando su suelo, buscando el fundamento último de aquello que hace y conoce. Y lo que no deja de asombrarnos es que en ocasiones podemos saber que estamos parados sobre nada, una nada sobre la que se eleva lo maravilloso  del conocimiento estético.

 

   La autorrealización no es sino el camino de encuentro con el propio destino (tal destino florece en la contemplación estética). El destino es un llamado, una invitación a recorrer un camino trazado por las revelaciones de la intuición. El destino une, religa, a uno mismo con sí mismo, con los demás y con el planeta tierra. Por ello, el proceso de autorrealización se despliega desde una ética y una estética. Una ética que busca y explica la religación, y una estética que busca y explica las conciencia del debilitamiento del sujeto cognoscente y el objeto conocido.

   Por motivos como estos, el pensar puede dejar de ser una esforzada y hasta odiosa actividad para pasar materias de estudio o para aspirar a un mísero aumento de sueldo; el pensar puede hacerse ya, como diría Ortega, un “afán de mi vida”, y desde ese momento estar comprometido y vivido con lo que uno fue, es y puede ser, como individuo, como componente de la especie y como integrante de un mundo socio-cultural. 

  

   Nos posee un ánimo filosófico, y en tal sentido podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.

   En fin, sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.



 Enlace al libro completo:







[1]  Los siguientes escritos han aparecido a lo largo del año 2006, y formaron parte originalmente del libro “Entre las ruinas del ser”, publicado en el 2008. Los comentarios han sido añadidos en el año 2011 y 2013 (señalados con uno y tres asteriscos respectivamente). Nos hemos propuesto agruparlos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre, la de ser con uno mismo,  ser con los demás y ser en el mundo.

viernes, 21 de octubre de 2016

COMENTARIOS A GRITO AGRESTE


GRITO AGRESTE (Letra y música: Robert León Helman)

Grito agreste traspasa el mandiocal, llevando las penas de este sueño campestre…

Si pudieras tocar este mal, te cantaría como canto al campo…

Vos andante entre caminos de arena, son al viento que traspasa la siembra…

Bien conoces la triste canción, de los que hablan en el alma del campo…

Si pudieras besar la oración, te ofrecería mi guitarra y mi canto…

Vos andante entre caminos de arena, son al viento que traspasa la siembra…



Comentarios:

   ¿Cómo interpretar este “grito” que parte del mundo agrario? ¿Es acaso de desesperación, de alegría o de angustia? Podría partir  desde cualquiera de estos estados anímicos, pero aquello que viene más a propósito de la elaboración de una obra artística quizá sea la angustia, pues ella abre a la nada sobre la que nos paramos y sobre la cual se erige a su vez un mundo pletórico de símbolos (como arquetipos o Ideas).

   “Llevando las penas de este sueño campestre”. Pero ¿en dónde residen las penas del mundo agrario paraguayo? Se podría plantear que en dos factores principales: por un lado la pobreza divisada en distintos ámbitos (en términos de capital económico, cultural, social o simbólico), una pobreza que sin embargo muestra su cara de sencillez en el modo y en los ritmos de la vida diaria, hasta podría decirse que estas carencias contribuyen a templar el carácter de los arandu ka’aty (sabios del bosque) que aún podemos encontrar cuando nos adentramos en las compañías agrarias de nuestro país.

   El otro factor que podría producirnos aquella pena espiritual que nos mueve a tomar una postura estética, es la creciente fuga de la población joven de las zonas campesinas, lo que se refleja en campos cada día más silenciosos y melancólicos, una visión pletórica de símbolos que nos ayudan a reflexionar sobre los procesos sociales y culturales del Paraguay.

   “Si pudieras tocar este mal te cantaría como canto al campo”.

La visión del mal en un mundo en donde predominan concepciones pre-capitalistas no puede ser precisamente la de la modernidad, es decir, el mal no tiene que ver con una determinada organización de la sociedad, sino con el cumplimiento de unos ciclos que se van repitiendo como las estaciones del año. En tal sentido, las deplorables condiciones de la sociedad y la cultura campesina revelan un tiempo de decadencia, de ocaso y despedida.

   Cuando hablamos de “tocar este mal”, nos referimos a sentirlo y vivirlo estéticamente, de modo tal que uno pueda  “comprender” la canción que despliega este mensaje, y aún, recrearla en nuestra propia alma.

   “Vos andante entre caminos de arena, son al viento que traspasa la siembra”. Este canto pinta a través del lenguaje los espacios agrarios (como las sendas arenosas y los sembrados), y al hacerlo propicia la unidad del hombre con su entorno, una unidad que puede ser no solamente simbólica, sino también puede ser vivida a través una intuición maravillosa.

   “Bien conoces la triste canción, de los que hablan en el alma del campo”. Esta frase recrea lo que ya habíamos dicho sobre la pena sublime que brota en la experiencia estética del campo. “Los que hablan en el alma del campo” no son sino aquellos llamados  “arandu ka’aty”, sabios del bosque, de espíritu noble, y ya en peligro de extinción ante el avance incontenible de las miserias urbanas.

   “Si pudieras besar la oración, te ofrecería mi guitarra y mi canto”. También, como ya expusimos más arriba, se propone al lector y al oyente de esta canción que se dé un paso más, hacia la vivencia de los símbolos o Arquetipos de la vida agraria, y de este modo lograr cerrar el círculo mágico de la creación artística, cuando el intérprete de una obra re-crea en su ser el flujo mismo que dio origen a la experiencia estética del autor. 

 Enlace al video:

lunes, 17 de octubre de 2016

EN TORNO A UN MUNDO GRIS. ENSAYO DE FILOSOFÍA SOCIAL (ED. 2016)


INTRODUCCIÓN



   Los planteamientos sobre la sociedad, su origen, fundamentos, formas y fines, comenzaron a hacerse en forma secularizada hacia el siglo IV ac, con Sócrates y los sofistas, desde entonces hasta nuestro tiempo las incógnitas, los libros sobre el tema, los debates y las polémicas continúan, quizá cada vez con más fuerza.



   Hablar de un mundo gris, es como hablar de un mundo que no se adapta a las claridades enceguecedoras de los optimistas ni se conforma con los pronósticos sombríos de los pesimistas (la postura pesimista es siempre tentadora, en especial para aquellos que muestran un temperamento melancólico). Un mundo gris es un espacio a la vez lleno de oportunidades, de incertidumbres, de peligros y de goces, apto para el crecimiento y la muerte, para el dolor y el júbilo.

   Cuando usamos la palabra “mundo”, no queremos referirnos a la totalidad de la naturaleza ni al planeta tierra, sino al espacio socio-cultural en el que habitamos, sufrimos y gozamos. En tal sentido, lo social y lo cultural constituyen la situación[1] en la que nos encontramos como seres vivos y como individuos.

   Podemos pensar el mundo social desde distintas aristas, sea desde la sociología, la economía, la antropología cultural, la psicología social, la filosofía, etc. Sin embargo, lo que intentaremos desarrollar será, aparte de una crítica de las míseras condiciones espirituales de nuestro tiempo, la búsqueda de un modo tanto ético como estético para ubicarnos en él, que al final de cuentas no nos proporcionará otra cosa que la posibilidad de vivir tolerablemente. No encontraremos pues en este modesto ensayo rimbombantes anuncios de felicidad social, ni proclamas de liberación de las cadenas de la injusticia; dejemos eso para los obstinados simpatizantes de la utopía política.

   Pero ¿Qué queremos decir cuando hablamos de ética y estética, y más aun al relacionarlas con las condiciones socio-culturales de nuestro tiempo? Lo estético desborda lo meramente teórico y se despliega en una transformación del sujeto cognoscente, que deja su condición fundante, egoísta y apegada, propia de nuestra mezquina cotidianeidad. La modernidad trató de imponer esa condición del sujeto, pero hoy lo que ella nos ha dejado es un profundo desengaño frente a tantas promesas desviadas e incumplidas. Asi, un enfoque estético reclama del lector algo más que la mera comprensión, reclama la búsqueda del goce del espíritu. De Todas maneras, una lectura meramente comprensiva también es posible, desde luego, y mejor si tiene inclinaciones críticas.



   Nuestro ensayo está dividido en dos partes que se realimentan mutuamente, la primera constituye un recorrido de las ideas fundamentales sobre la sociedad que utilizamos en el trabajo; la segunda se desarrolla como una búsqueda direccionada hacia posturas que nos permitan lograr un mundo sociocultural más tolerable. 



   El problema del mal en el mundo, que había tomado un rumbo intelectualista con los clásicos pensadores griegos, que con el cristianismo se dramatizó con la idea del pecado original, que con los modernos adquirió un enfoque que al ser secularizado se hizo socio-cultural,  hoy nos muestra un panorama sombrío, pues los metarrelatos han perdido consistencia y el futuro ha dejado de entusiasmar a las masas. Navegamos hacia ninguna parte, cuidándonos de no empeorar la deplorable situación en la que el mundo se encuentra. Tal vez entonces, una ética social sólo puede prometernos ya hacer de la convivencia algo más tolerable, luego de tantas discordias, guerras internacionales y agresiones al medio ambiente.

   Pero buscar un espacio tolerable para vivir no implica que la crítica social sea paralizada, al contrario, en la medida en que la configuración socio-cultural se complejice a través de ella, podrá mantenerse a flote en medio de las crecientes incertidumbres de nuestro tiempo.

   Cuando hablamos de ética, necesariamente nos topamos con la trivialidad que llena a la cotidianeidad y que se conjuga con el dolor interminable de tener que luchar por sobrevivir y figurar mejor en una sociedad mundial sumida en una profunda crisis de valores. Esto termina desembocando en un crudo narcicismo difundido ampliamente[2]. Vemos que el mundo se desmorona ¿Qué hacer entonces? ¿Simplemente contemplar como todo se va al diablo? ¿O es que acaso todavía hay posibilidad de salvación? Las ideologías de la gran promesa se han desinflado, la misma ciencia ha dejado de ser la garante del progreso, y así, quizá lo que humildemente nos resta es buscar por lo menos una sociedad más tolerable. ¿Acaso ya es esto mucho pedir? No si confiamos en las posibilidades del aprendizaje humano.

      A partir de esto alguno puede preguntarse porque lo ético tiene que ver especialmente con lo social. En las condiciones actuales de crisis de los fundamentos, un saber como la ética, que pretendía ser universal e incuestionablemente verdadero, ahora sólo puede ser consensuado y no impuesto. Esto nos obliga a ver la ética como una extraña dualidad de principios de mínimos de convivencia y de máximos de auto-realización.

   Entre estas polaridades de la vida humana podemos desplegar los propósitos del ensayo, como un viaje de ida y vuelta entre lo pragmático de la ética social y lo gozoso e inefable de lo estético.

   Partir de la crisis de los fundamentos no implica renunciar al conocimiento,  antes bien, ir en busca de un renovado encuentro con el saber, de modo a dejar de lado esa fría imagen que se tiene de la actividad intelectual como un juego sacrificado y exigente al que solo se pueden entregar unos pocos estudiosos. La modernidad quiso emparentar a la filosofía con las ciencias, mas, lo que ahora también podemos reclamar es que la filosofía vuelva a ser el juego maravilloso que surge desde el asombro ante el espectáculo del mundo y del hombre.


Enlace al ensayo completo:

[1] Cfr: Robert León Helman. La auto-ética. Reflexiones sobre la vida humana individual. Interiora terrae, Asunción, 2014, p 12-13.  En adelante apuntaremos las citas de este autor con las siglas R.L.H.
[2] Cfr: Lipovetzki, Gilles. La era del vacío. Anagrama Barcelona, 1986.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LLAMADO. COSECHA DE PENSAMIENTOS, LIBRO 5.


PREFACIO[1]



   Comprender al ser humano, a éste de todos los días, levantado con el látigo del despertador, ansioso entre ardientes embotellamientos, en guerra en el trabajo y en el hogar; a éste de todos los tiempos, desde el creador de los utensilios de piedra, pasando por que el que cultiva la tierra, hasta a aquel que ha llevado a cabo los más increíbles desarrollos tecnológicos y los más sublimes sistemas de pensamiento; a éste hombre paradójico y complejo desde donde se lo mire, comprenderlo es nuestro atrevido propósito, perseguido quizá desde un atrevimiento juvenil e imprudente, pero con un gozo que rebosa las limitadas cuencas de nuestro espíritu.

   ¿Pero por qué tratar de comprender al ser humano? ¿Acaso por una mera curiosidad efímera? ¿Por un simple capricho intelectual? Tal vez antes que nada porque la vida es una danza interminable entre el dolor y el placer, una danza realmente trágica, que cuando no es edulcorada con las interminables ocupaciones cotidianas, nos abre al estado de angustia, desde dónde es posible plantear con seriedad la pregunta más radical de todas: “¿por qué existe el ser y no más bien la nada?”[2]. Así, quizá todo el libro no constituya más que un ejercicio previo, que nos permitirá prepararnos para afrontar a esta pregunta que es a la vez la primera y la última.

   Creemos que cada ser humano posee un destino, una vocación, un llamado, que debe ser descubierto a partir de la transformación de la conciencia que se produce en el estado de ánimo de la angustia. En tal sentido, el estudio del hombre no sólo constituye una de las principales formas de fortalecer la auto-ética (que propicia el advenimiento de la angustia a través del estado de alerta), sino que a su vez se concreta en algunos momentos intensos, en una auténtica fuente de goce estético, que al ser radical no da también la revelación de la nada.  



   Nos posee un afán filosófico, y en tal sentido podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.

   En fin, sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.

Enlace al libro completo:



[1]  Los siguientes escritos han aparecido a lo largo del año 2005, y formaron parte originalmente del libro “Ahí donde un abismo alimenta”, publicado en el 2008. Los comentarios han sido añadidos en el año 2011 y 2013 (señalados con uno y tres asteriscos respectivamente). Nos hemos propuesto agruparlos de acuerdo a las que consideramos dimensiones fundamentales del hombre, la de ser en el mundo, ser con uno mismo, y ser con los demás.
[2] Martin Heidegger. ¿Qué es metafísica? Nova, Bs. As. p.53.