miércoles, 16 de julio de 2025

INTRODUCCIÓN A "LA IDEA DEL PARAGUAY. HACIA UNA VISIÓN ESTÉTICA DE LA HISTORIA DEL SISTEMA SOCIAL PARAGUAYO"

 

     Ya no estamos para postular un historicismo con aspiraciones políticas, sin embargo, el campo de lo estético se nos ha abierto ampliamente, de modo tal que podemos aventurarnos a interpretaciones filosóficas de la historia del sistema social paraguayo, que nos den una perspectiva global y a la vez débil[1], que no solamente nos proporcione conocimientos, sino también goces espirituales[2].

     También, la “Idea”[3] del Paraguay se nos abre como un camino renovado para el conocimiento de nuestra cultura y a su vez, para forjar el esquema de una identidad nacional en movimiento[4]. Entonces, en el contexto de este ensayo la identidad no es sino el despliegue de una Idea[5].

   Alguno podría plantear que a la hora de buscar goces intelectuales uno debería recurrir a una obra de carácter lírico y no a un ensayo histórico-filosófico, frente a lo cual sostenemos que una lectura que busca conocimientos o comprensión, no tiene por qué estar cerrada al deleite estético; aunque es cierto, las formas del trabajo deberán ser las propias de un estudio teórico y no de una poesía o una novela. Una idea o concepto puede ser contemplada o intuida, ahora, su definición, es decir, la delimitación de sus caracteres debe ser ya pensada. Entre esta danza de intuición y razonamiento queremos desenvolvernos.  

   En la búsqueda y vivencia de los arquetipos de la cultura paraguaya pretendemos alimentar nuestras reflexiones y fortalecer los pasos de nuestro recorrido, de modo a recrear constantemente esta interminable aventura de pensar estética, orgánica e históricamente al Paraguay. A partir de esto, la  pregunta que podemos hacernos es ¿Cómo se despliega esta Idea del Paraguay a lo largo de la historia[6]?

     La Idea del Paraguay está en continuo flujo, pero un flujo que pasa por las cuatro edades propias de un organismo: infancia, juventud, madurez y vejez. Pero el punto de partido no es sino aquello que llamamos la cultura seminal, que constituye a una estructura de arquetipos que expresan la visión del mundo, del hombre y de la sociedad del Paraguay de tierra adentro.

     Estas edades, que parten de la cultura seminal, podrían ser consideradas a su vez como sub Ideas. Entonces, atendiendo a lo recién expuesto podríamos  dividir nuestra primera pregunta en dos más: ¿En qué consiste la cultura seminal? ¿Cómo se despliega la Idea del Paraguay en su infancia, juventud, madurez y vejez?

     Prestar atención a este despliegue nos puede proporcionar dos resultados: primero,  la imagen de una identidad nacional, en donde el goce estético nos anima y reconforta; y en segundo lugar, esta misma identidad nacional nos puede permitir consolidar el conocimiento del sistema social paraguayo.

 

   Pero ¿Qué queremos decir cuando hablamos de un conocimiento estético? Como todo conocimiento, el estético también constituye una polaridad entre sujeto cognoscente y objeto conocido. El objeto en la contemplación estética lo constituyen los símbolos, o los arquetipos, o las proto-formas que caracterizan al mundo contemplado, lo que resumimos con el término Idea. Pero también, a la par de las Ideas se hace patente la nada, que ocupa la posición de fundamento de todo lo existente[7]. Por su parte, el sujeto adquiere un estado distinto del que es propio de la cotidianeidad y la ciencia¸ pues se hace puro e involuntario[8], y abandona el apego hacia una realidad cotidiana infundada y esclavizante (por la concepción de la identidad como estatus-rol[9]). Por ello, esta obra reclama del lector algo más que su mero estudio, reclama el intento de que se vivencien, a través de la intuición, los caminos que van siendo recorridos por las conceptos, juicios y razonamientos de los distintos capítulos y apartados. 

 

   Las reflexiones de Rodolfo Kusch, Octavio Paz y Victor Frankl sobre la filosofía latinoamericana que anida en lo profundo de las distintas manifestaciones culturales de los pueblos latinoamericanos, unido a los trabajos crítico-históricos de pensadores paraguayos como Adriano Irala Burgos, Juan Santiago Dávalos y Lorenzo Liveres Banks[10], nos dan a entender que el sendero del pensamiento desde Latinoamérica y el Paraguay nos conduce hacia horizontes aún insospechados.

   A propósito, aludiendo a las matrices narrativas de la historia paraguaya propuestas por Darío Sarah[11], podemos estar seguros, como  el autor parece indicarlo, que es posible ampliar las formas en las que nos conocemos e interpretamos, incluso si tales formas tienen afanes meramente estéticos. Pero al contrario de lo que espera Sarah, no proponemos una “mejor” interpretación de la historia cultural del Paraguay, logro que miramos con desconfianza, lo que si nos atrevemos a realizar es “otra” visión de ella[12].

   En medio de la dialógica entre la comprensión y la explicación, no está por demás decir que las pretensiones principalmente estéticas de las reflexiones sobre la Idea del Paraguay revelan una preeminencia de la comprensión. Así, la misma búsqueda de objetividad pasa intencionadamente a un segundo plano.  Sumidos en el microcosmos paraguayo, marcharemos hacia la aventura de repetir un macrocosmos  debilitado.

   Siguiendo la contraposición de Helio Vera[13], no podemos decir que la Idea del Paraguay se relacione con el Paraguay de gua’u o el Paraguay te’ete (en términos formales, cultura ideal y cultura real),  diferenciación que creemos no es fácilmente realizable. La Idea del Paraguay se sustenta en el estudio y la vivencia del mundo simbólico, mítico y mágico de la cultura paraguaya. ¿Es el auténtico Paraguay aquel que es descripto por las metódicas ciencias humanas?  La crisis de los fundamentos de la razón nos permite  creer que una lectura estética y hermenéutica también es posible y hasta necesaria.

 

   Así, la consideración del Paraguay por parte de Natalicio González, como un arquetipo (o una Idea), no es más que la constatación que el pensador guaireño ha hecho de la preponderancia del pensamiento simbólico-mítico-mágico sobre el empírico-racional-técnico en la cultura paraguaya.  Y hablar de la Idea del Paraguay es tratar de permanecer en ese marco maravilloso, destilando las implicancias estéticas que posee.

   Aquí pondremos al tapete esta preponderancia, pero no ya con pretensiones dogmáticas, como aquellas que pueden desprenderse de un abordaje acrítico de lo mítico o lo mágico, sino con la idea de hacer de nuestra propia “identidad nacional” una aventura de re-descubrimientos constantes. En tal sentido, la tarea llevada a cabo en este ensayo puede ayudarnos a valorar la cosmovisión paraguaya en medio de este maremágnum del mundo globalizado que desafía constantemente las construcciones de nuestra identidad tanto personal como cultural.

 

     Desde el mismo nacimiento de la cultura paraguaya, se ha buscado de una manera peculiar la eliminación del mal en el mundo[14] transformando a la sociedad (afán propio de la modernidad), aventura que llega hasta nuestros días, marcados por una crisis de valores que se refleja en la destrucción del medio ambiente, los conflictos sociales[15] y la desintegración moral del individuo[16]. Y precisamente, nosotros también podemos postular que el mal (o el sufrimiento) está en la sociedad, en este caso, en la sociedad paraguaya, y el mejor abordaje a esta situación es la construcción de identidades, que en el contexto socio cultura en que nos encontramos debe basarse en esquemas morales flexibles basados en valores democráticos.

 

   Partiremos entonces de las semillas de la cultura paraguaya, (el Paraguay seminal) que se expresa en una visión originaria del hombre y del mundo, para luego ver su desarrollo orgánico e histórico,  a partir de una hermenéutica impulsada a partir de nuestras pretensiones estéticas, cognoscitivas y éticas.

 

 Enlace al ensayo completo:

https://drive.google.com/file/d/1ANj0of8zhEimVHWxbQE3MubQYJrOxXCM/view



[1] En referencia a un pensamiento sin fundamento planteado por Gianni Vattimo (1990).

[2] El goce espiritual se puede dar en cualquiera de las tres formas del cultivo del espíritu: el arte, la espiritualidad o la intelectualidad. En el presente ensayo de alguna manera conjugamos las tres formas, aunque con el predominio de la intelectualidad, ya que apelamos a cadenas de pensamientos. Invocamos a una experiencia estética (conectada con lo artístico) ya que nos valemos de arquetipos o Ideas como objetos de nuestro conocimiento (por ejemplo las edades de la vida). Y también de alguna manera nos abrimos a la espiritualidad, ya que la experiencia estética nos permite desligarnos del pensamiento centrado en el ego (sujeto fuerte) y nos libera para pensar desde la misma Nada.

[3] Del griego “idea” (idea), que significa “forma”. También está asociado con el verbo “eidw” (eido), que significa “ver”.

[4] Términos también utilizados por Bartomeu Meliá, pero que en este ensayo deben ser entendidos en un contexto teórico distinto. También Edgar Morin escribe sobre una construcción en movimiento, como una composición musical; véase “El método 3. 2006, p. 25”,

[5] Para los neoplatónicos las Ideas se encontraban en la mente o en el alma de Dios, y así siguiendo con esta reflexión, podríamos decir que pensar y sentir a la Idea del Paraguay nos hace partícipes del “alma del Paraguay”. Considérese desde esta apreciación el título de la obra más conocida del pensador nacionalista paraguayo Manuel Domínguez: “El alma de la raza”.   

[6] Entendemos aquí al término Idea como “forma”, en el sentido que le dio Goethe y que fue seguido por Oswald Spengler. La Idea en esta concepción se halla sometida a un proceso de cambios de tipo orgánico, que son interpretados a través de las analogías que ofrece la naturaleza.

[7] (León Helman, 2013/2022, págs. 24-26)

[8] (Schopenhauer, 1819/1927)

[9] (Parsons, 1951/1988)

[10]Cfr. Adriano Irala Burgos. La epistemología de la historia en el Paraguay. Estudios paraguayos, Vol XXIV, nro. 2, 2006; Dávalos-Livieres. El problema de la historia del Paraguay. En Beatriz G. de Bosio-Eduardo Devés-Valdez. Pensamiento paraguayo del siglo XX,  2006, p. 175-186.

[11]  Darío Sarah. Prólogo a: Mauricio Schvartzman. Una contribución al estudio de la sociedad paraguaya. SNC, Asunción, 2011, p. 11-18.

[12] En tal sentido nos parece interesante lo que propone Milda Rivarola “Mirarse en otros espejos, crear mitos históricos, movilizadores propios, aunque más no sea para poder construir el presente con dignidad y para vivirlo con alegría”. Citado en Eduardo Devés-Valdés. Pensar en Paraguay hacia el 2000. En G. de Bosio-Devés-Valdés. Pensamiento paraguayo del siglo XX, ed. cit., p. 308.

[13] Helio Vera. En busca del hueso perdido (1989). Servi libro, Asunción, 2006, p. 46-47.

[14] R.L.H (Robert León Helman). En torno a un mundo gris. 2020, p. 13-23.

[15] En especial las guerras y la pobreza.

[16] Que implica la anomia y el egoísmo, tal como lo planteó Durkheim en su obra “El Suicidio”.

miércoles, 2 de julio de 2025

A NOVENTA AÑOS DE LA MUERTE DE MANUEL DOMÍNGUEZ (1868-1935)

 

     Fue un pensador, historiador y político paraguayo. Suele ser catalogado como integrante de la generación del novecientos, junto a Juan E. O´leary, Blas Garay, Manuel Gondra, Eligio Ayala y otros. La generación del novecientos da origen a la cultura paraguaya moderna, y muchos de sus integrantes dividieron su tiempo entre el cultivo intelectual, el periodismo y la actividad política. En el ámbito político, por ejemplo, participaron activamente en la formación del Estado paraguayo, luego de la debacle de la guerra de 1870.

       En sus primeros tiempos Domínguez cultivó con igual pasión tanto el positivismo como el nacionalismo, que a finales del siglo XIX y principios del XX eran posiciones contrapuestas dentro del sistema cultural latinoamericano. Fue influenciado por los filósofos franceses de moda en su tiempo, como Taine, Renan y Michelet (en especial por el segundo, a quien solía llamar “el divino Renan”). En su búsqueda por conjugar los saberes de la materia y el espíritu se encontrará con la filosofía de Henry Bergson, uno de los pensadores también de moda en su tiempo (no sin antes pasar por positivistas como, Fouillée o Boutroux, y románticos tardíos como Schopenhauer, Guyau o Nietzsche).

      En 1902, en un clima de mucha inestabilidad política, Domínguez fue elegido vicepresidente de la república, por el partido colorado, acompañando al presidente Juan Antonio Escurra[1]. Sólo dos años después tendría lugar la revolución de 1904, junto a la caída del partido colorado, que con ciertas intermitencias, sólo volvería al poder en 1948 (después de la fatídica revolución de 1947).

      Su tesis de 1899, de la Universidad Nacional de Asunción se tituló: “La traición a la patria”. Escribió  sobre las “Causas del heroísmo paraguayo” (1903), apoyando la postura de Oleary en la controversia con Báez. También escribió sobre el filósofo español Menéndez y Pelayo, sobre Barret (1913), sobre “Renan, sus ideas y su estilo” (1925). En 1918 publicó su más conocida obra “El alma de la raza”, en donde reúne trabajos de índole histórica, social, cultural y política[2].

Su posición dentro del pensamiento paraguayo

      Manuel Domínguez es uno de los principales representantes de la línea nacionalista-neo romántica, en donde también podemos encontrar a Juan E’Oleary de su misma generación (la del 900), Natalicio González (de la generación del cuarenta) y Bacón Duarte Prado (que con ciertos ajustes puede ser ubicado en la generación del cincuenta).

     Para Domínguez, la nación no se inicia artificialmente con el Estado (como sostendrá Adriano Irala Burgos[3] años después), sino que brota del “alma de la raza”, a través de un proceso unido íntimamente con las condiciones naturales de una comunidad. Así, el autor sostiene que “la fauna humana de una región, forma una raza: políticamente una nación”[4].

Causas del heroísmo paraguayo

     De alguna manera Domínguez toma la idea romántica del “genio héroe” presente en Tomas Carlyle y la aplica no a un individuo (como podría ser Francisco Solano López, desde la perspectiva nacionalista) sino a una colectividad, la paraguaya (manifestada de manera particular en la guerra contra la Triple Alianza).

     En el ambiente cultural latinoamericano de la época también circulaba la distinción entre barbarie y civilización planteada en la región por el argentino Domingo Faustino Sarmiento en 1842. Pero a su vez, eran utilizadas las distinciones que el estadounidense Lewis Henry Morgan hizo en 1877 entre salvajismo, barbarie y civilización.  Y a propósito, Manuel Domínguez escribe: ”Alguien no pudiendo explicarse el ningún miedo de nuestro soldado a la muerte, dijo que el paraguayo era insensible al dolor porque era salvaje. Parece que efectivamente, el hombre de civilización refinada es más sensible que el hombre no civilizado, pero el paraguayo no era salvaje y que era superior al enemigo ser verá más adelante”[5]. De cualquier manera Sarmiento también utiliza el término salvaje, por ejemplo al referirse al conflicto entre las dos sociedades argentinas, la tradicional  o federal y la europeizante o unitaria, dice: “de eso se trata: de ser o no salvaje”[6], pero cuando el mismo autor trata de especificar más sus ideas, dice: “Y en la relación que mantiene que con el poder, el bárbaro, a diferencia del salvaje, nunca cede su libertar”[7].

      De cualquier manera, para Manuel Domínguez el paraguayo no es ni salvaje, ni bárbaro, y en cierta manera tampoco un civilizado, sino algo distinto, “un blanco sui generis”[8], en quien “hay mucho de español”, o sea de civilizado (desde el planteamiento sarmentino), “bastante de indígena”, o sea de salvaje, “y algo que no se encuentra o no se ve ni en uno ni en otro”[9]. En pocas palabras, las ideas de Domínguez no pretenden adecuarse a la oposición civilización-barbarie tan en boga en aquellos tiempos, esa perspectiva la dejará más bien a la pluma de Cecilio Báez.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").

[1] (Brezzo, 2019, pág. 213)

[2] El título lo extrajo de un pasaje del libro de Gustave Levon, “La Psicología de las multitudes”, citado en la misma obra (Dominguez, 1918, pág. 123).

[3] (Irala Burgos A. , 1975/1998)

[4] (Dominguez, 1918, pág. 123)

[5] (Dominguez, 1918, págs. 13-14)

[6] (Sarmiento, 1842/2018, pág. 39)

[7] (Sarmiento, 1842/2018, pág. 25)

[8] (Dominguez, 1918, pág. 17)

[9] (Dominguez, 1918, pág. 18)

miércoles, 18 de junio de 2025

SETENTA AÑOS DE MILDA RIVAROLA (1955)

 

    Socióloga e historiadora paraguaya. Entre sus obras cabe citar: “Filosofías, pedagogías y percepción colectiva de la historia del Paraguay” (1966) y “Pensadores y corrientes políticas en Paraguay” (2006).

a. En torno a la mentalidad paraguaya

     El trabajo de Rivarola se despliega dentro del campo de la “historia de las mentalidades” (un sector específico dentro de la Historiografía), de modo que no sería un exceso decir que estudia a la “mentalidad paraguaya” a lo largo de la historia. Alguno podría preguntarse si no sería necesario pensar en una nueva “matriz narrativa” para ubicar el trabajo de Rivarola, pero nos parece que bien puede mantenerse dentro de la línea crítica, con la particularidad de estar enraizado en la Historiografía moderna paraguaya, que floreció en el Paraguay entre los años cincuenta y sesenta.

     A diferencia de los estudiosos que ubicamos dentro de la matriz “socio-empírica” (con representantes como Helio Vera o Saro Vera), su estudio de la mentalidad paraguaya no se basa en experiencias personales y en abordajes ensayísticos, sino que pretende forjar sus planteamientos dentro de la ciencia de la Historia o Historiografía (sin olvidar que la historia de las mentalidades se presta mucho a abordajes interdisciplinarios). Por supuesto, no hace falta enjuiciar a alguna de estas apuestas teóricas como mejor o peor, simplemente son diferentes.

b. Corrientes del pensamiento político

     La autora nos dice que tres corrientes de pensamiento (a las que denomina “duras”) “se sucedieron en el discurso político, el debate ideológico y en el mundo de las mentalidades paraguayas: el liberalismo, el comunismo y el nacionalismo”[1]. Aunque Rivarola tome a Oscar Craydt al referirse a la corriente comunista, podríamos plantear que la utilización del término “pensamiento socialista” podría tener la plasticidad necesaria como para incluir tanto a Craydt como a Rafael Barret, catalogado generalmente como anarquista (en esto nos ubicaríamos cerca de las clasificaciones planteadas tanto por Salvador Giner[2] como por Manuel Pastor[3]).

     Pero volvamos a Rivarola. Si consideramos la caída del muro de Berlín en 1989, como símbolo del colapso del comunismo soviético y como la culminación de la guerra fría, sumado al fin del régimen autoritario de Stroessner en Paraguay, podemos comprender mejor porqué la autora afirma que a finales del siglo XX las corrientes predominantes (a las que denomina “blandas”) fueron la “liberal” y la “social demócrata”. A partir de ahí de nuevo podríamos preguntarnos qué pasó con el nacionalismo, la principal línea ideológica que contribuyó a darle legitimidad al gobierno stronista.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay).

[1] (Rivarola M. , 2006, pág. 229)

[2] (Giner, 1966)

[3] (Pastor, 1994)

jueves, 5 de junio de 2025

A OCHENTA AÑOS DE LA MUERTE DE KURT UNKEL NIMUENDAJÚ (1883-1945)

 

     Fue un antropólogo germano-brasileño, que escribió importantes trabajos sobre la religiosidad y la cultura guaraní. De formación auto-didacta, al igual que el otro gran pionero de la etnología guaraní, León Cadogan[1]. Nació en Jena, Alemania, desembarcó en Sao Paulo, Brasil, en 1903. Recibió el influjo del geógrafo alemán Friedrich Ratzel.

     Entre sus obras cabe citar: “Leyendas de la creación y juicio final del mundo como fundamento de la religión de los Apapokuva-Guaraní” (1914).

     Nimuendajú puede ser considerado uno de los pioneros en el uso del método de la “observación participante”, que para él se trataba básicamente de vivir con los guaraníes, como si fuese uno de ellos (un método que en líneas generales se atribuye a Bronislaw Malinovski). En 1906 fue adoptado y aceptado como integrante de una comunidad guaraní del Brasil (en esto será seguido por Egon Schaden), tomando desde entonces el nombre de “Nimuendajú”. Para llevar adelante su investigación sobre los mitos y la religión de los guaraníes, Curt buscaba con predilección la compañía de los ancianos y de los médicos-hechiceros (payés).

      La obra de Nimuendajú amplió y en algunos casos puso en cuestión los primeros planteamientos que estudiosos de occidente, en especial los jesuitas, hicieron sobre la cultura, la sociedad, la economía y la política de los guaraníes.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay")

[1] Quien leyó la obra de Nimuendajú en 1944. (Pane Baruja, 2012/2015, pág. 46)

miércoles, 21 de mayo de 2025

INTRODUCCIÓN A "NACIÓN, DEMOCRACIA Y ESTADO. ESCRITOS DISPERSOS 5"

 

     Lo que el lector encontrará en este trabajo es una reflexión en torno al ser humano, basándonos en una investigación de tipo cualitativa interpretativa sobre la primera de sus tres partes, dedicada al Paraguay. El objeto de nuestro análisis es un grupo de escritos filosóficos cortos, aparecidos entre los años 2023 y 2024, que forman parte de la serie de trabajos que llamamos “escritos dispersos”, en este caso el quinto libro de la serie. Y precisamente, uno de los resultados de nuestro estudio es la disminución de esa dispersión de abordajes como consecuencia de la detección de constantes temáticas que describen a esos escritos y que a su vez sirve de punto de partida para sus interpretaciones.

     La elección de esta primera parte como centro de nuestro estudio obedece a que ella posee una mayor representatividad del libro completo, tanto por la cantidad de escritos fragmentarios, como por las coincidencias en las temáticas abordadas.

     Este estudio puede constituirse como un intento de interconectar paradigmas y teorías generales de la filosofía con teorías substantivas asociadas con campos sociales, culturales, políticos o económicos. Esto a su vez, nos puede permitir acercarnos de una manera más inmediata a la filosofía, ya que las teorías son proyectadas en medio de acciones y pensamientos de la vida cotidiana, tanto del campo individual como del social.

     El objetivo general de nuestro estudio es el de reflexionar sobre el ser humano a partir de este grupo de escritos. Como objetivo específico tenemos el de interpretar una serie de escritos sobre el Paraguay de acuerdo a tres ejes temáticos (que fueron los que más frecuencia tuvieron en nuestro análisis de texto): nación, democracia y estado.

A modo de enfoque metodológico y analítico

     En el aspecto metodológico se pretendió llevar adelante una investigación cualitativa interpretativa[1], valiéndonos de la técnica de la observación documental[2], en este caso, de una serie de escritos breves referidos al Paraguay, pertenecientes a los años 2023 y 2024. El procedimiento consistió en extraer de cada escrito breve las temáticas tratadas, para posteriormente establecer un cálculo de frecuencias para determinar cuáles eran las más recurrentes.

       A su vez, luego de obtener las temáticas principales las hemos definido y las hemos asociado en algunos casos con las demás temáticas extraídas, y a su vez, al ubicarlas como subtítulo para el libro se han hecho referencias centrales para identificar al trabajo.

A modo de enfoque teórico

     De acuerdo a nuestro análisis tipológico, las temáticas que han aparecido en mayor número de escritos han sido las siguientes: nación, democracia y estado, que las tomamos como formas de teorías substantivas[3]. Estos términos, entonces, encuentran su significado último desde ideas de Schopenhauer y Nietzsche, agrupadas en una teoría general, basada a su vez en un paradigma filosófico voluntarista.

     A continuación, consideraremos brevemente los términos centrales de nuestro análisis (que son también las ideas que han aparecido con mayor frecuencia en la sección sobre el Paraguay).

      Nación, del latín “natío”, derivado a su vez de “nasci”, que significa nacer, asociada estrechamente con el término pueblo, que puede ser entendido como una población caracterizada por una identidad étnica y cultural, que la diferencia de otros pueblos. Así, la nación puede ser interpretada como un conjunto de pensamientos que estructuran a una identidad colectiva. El Estado utiliza estos pensamientos para consolidar sus funciones de integración e identificación de los individuos con la organización estatal, logrando de esa manera una necesaria legitimación de su existencia. 

     La democracia es un tipo de régimen político, caracterizado por la aplicación de procedimientos que persiguen valores como el cultivo de la libertad de expresión, la posibilidad de cambiar las autoridades del gobierno sin derramamiento de sangre,  elecciones periódicas y pluralistas,  apertura de la mayor variedad posible de canales de información, pensamiento y crítica sobre el funcionamiento de las instituciones estatales.

     El Estado es una organización política propia de las sociedades modernas, es la principal referencia para el estudio del sistema político. Se caracteriza por la centralidad, la burocracia y el monopolio de la fuerza física; cumple funciones de integración, penetración, legitimidad e identidad dentro de un determinado territorio.

A modo de enfoque contextual

     La tapa del libro nos muestra un paisaje campesino, con el que queremos expresar el origen de la nación paraguaya: la sociedad y la cultura campesina, desde el cual se han desplegado todos los cambios políticos, económicos, comunitarios y educativos. Nosotros hemos querido ver en estos procesos de cambio modelos arquetípicos que nos han permitido recuperar al conocimiento como una forma de entretenimiento.

 Enlace al libro completo: 

https://drive.google.com/file/d/1P6KUdmCxLYimKafY0yjAU2XzNUSCKkix/view

 

 

 



[1] (Guttandin, 2012, págs. 47-50)

[2] (Duverger, 1961/1981, pág. 115)

[3] Con teorías substantivas queremos referirnos a canales teóricos más cercanos al mundo empírico, lo que nos ayuda a direccionar hacia esquemas reducidos nuestros marcos más globales, como las teorías generales y los paradigmas filosóficos.

martes, 6 de mayo de 2025

CUARENTA AÑOS DE JOSÉ DUARTE PENAYO

 

Filósofo y sociólogo paraguayo. Es un pensador difícil de catalogar (podemos ubicarlo dentro de la generación del 2010), pero es posible notar inclinaciones hacia el pensamiento socialista francés contemporáneo (en especial desde Maurice Merleau-Ponty), lo que nos llevaría a asociarlo con lo que llamamos “línea crítica del pensamiento paraguayo”; pero además de eso, es posible distinguir una especie de nacionalismo crítico en sus reflexiones (aunque alguno podría preferir distinguir su posición de analista a la de adherente).

      Para tratar de aclarar su posicionamiento, podríamos apelar a una comparación, se podría decir que ahí donde José Manuel Silvero (perteneciente también, según nos parece, a la línea crítica del pensamiento paraguayo) se distancia del nacionalismo[1], Duarte trata de sostenerlo, no ya a través de un dogmatismo cuasi religioso (como el de O’leary), sino mediante una visión mesurada, a la que Duarte llama “reevaluación crítica”, que trata de separar el trigo de la cizaña.

     Otro rasgo de su reflexión es el acercamiento a personajes y situaciones que aparecen en medio de los acontecimientos políticos nacionales, como lo vemos en sus análisis sobre Payo Cubas, Fernando Griffith o las “Elecciones presidenciales del 2023: el regreso del cartismo, la crisis de la oposición y las reglas del juego político paraguayo” (en colaboración con Lorena Soler). Entre todos sus trabajos cabe destacar su artículo del 2024: “El nacionalismo paraguayo en su compleja dimensión instituyente” (en colaboración con Martín Duarte Penayo).

Análisis del nacionalismo paraguayo

      Entre sus ideas resalta la explicación de un nacionalismo que emerge del tejido social paraguayo luego de la guerra de la Triple alianza, algo a lo que el autor llama “proto nacionalismo”. Este “discurso disidente”, plantea el autor, se convertirá en la “historia oficial del Estado” después de la guerra del Chaco.

      Generalmente se asocia al nacionalismo con una historia hecha “desde arriba”, conectada a su vez con la línea teórica historicista-nacionalista, sin embargo, Duarte pretende verlo como expresión de una historia que emerge “desde abajo”, como un “discurso disidente”, lo que de alguna manera nos revela también su perfil de pensador socialista. Frente a aquellos que pretenden ver a la nación como un engendro del Estado sostiene que ello sería “una visión de lo social tan mítica como la idealización del pasado criticada en el discurso nacionalista”[2].

     Sumado a eso, aludiendo a los trabajos de Peter Lambert e Ignacio Telesca, el autor sostiene que “previo a la guerra de la Triple Alianza la percepción de la nación no tenía mucho que ver con un sentido de pertenencia característico de las modernas entidades estados-naciones”[3], un planteamiento que con ciertos ajustes podría implicar que antes de la guerra de la Triple Alianza -o incluso hasta el inicio del siglo XX, si seguimos las ideas de Duarte- el Paraguay era una sociedad de súbditos y no una sociedad de ciudadanos, algo que curiosamente nos acercaría a las críticas de Cecilio Báez hacia el régimen de los López.

      Si esto es así, entonces se podría plantear que el nacionalismo paraguayo, ya como discurso estructurado, nace a la par que el brote de la cultura paraguaya moderna, de la mano de los pensadores novecentistas, que supieron asimilar este clamor social surgido “desde abajo”.

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").

[1] (Silvero, 2014, pág. 73)

[2] (Duarte Penayo & Duarte Penayo, 2024, p. 226)

[3] (Duarte Penayo & Duarte Penayo, 2024, pág. 219)