lunes, 26 de abril de 2021

INTRODUCCIÓN A “DE PIE SOBRE EL ABISMO. COSECCHA DE PENSAMIENTOS NRO. 12”

 

   Comprender al ser humano, a éste de todos los días, levantado con el látigo del despertador, ansioso entre ardientes embotellamientos, en guerra en el trabajo y en el hogar; a éste de todos los tiempos, creador de los grandes desarrollos tecnológicos y de los más sublimes sistemas de pensamiento, a éste hombre paradójico y complejo desde donde se lo mire, comprenderlo es nuestro atrevido propósito, perseguido quizá desde un atrevimiento juvenil e imprudente, pero con un gozo que rebosa las limitadas cuencas de nuestro espíritu.

   Acaso el desafío de la acción y el pensamiento sea el de ayudarnos a estar parados en un mundo que ha perdido sus fundamentos, que cada día nos obliga a permanecer alertas, para no caer en la corriente inmisericorde de la banalidad y el embrutecimiento.

 

   Si miramos para atrás, nos damos cuenta que este fue el último número de los doce de la serie “cosecha de pensamientos”, en los que agrupamos escritos cortos, caracterizados por la intensidad momentánea y la imprudencia maravillosa que nos prestan los tiempos juveniles. En este libro el influjo de Edgar Morin fue como un aire fresco que nos permitió re-pensar el mundo y reafirmar antiguas intuiciones no plenamente aclaradas.

       Este libro muestran también los signos de un cambio en la forma de escribir, lo que se notará en algunos escritos que pareciera que ya quieren tomar la forma un ensayo, y en efecto, en el año anterior (2011) comenzamos a elaborar la tesina para la culminar con la carrera de filosofía, mientras que al año siguiente (2013) ya publicarías nuestro primer ensayo, “Retorno”, un estudio sobre el problema del hombre.

 

   La presencia de Morin fue notoria, pero también los influjos del viejo Schopenhauer y demás filósofos de cabecera (Nietzsche, Spengler, Heidegger) permanecieron ahí, como marcas indelebles de las sendas ya recorridas, de las incertidumbres ya sufridas y de las ideas ya maduradas. Terminó asi un ciclo estimulante e inolvidable de doce libros, para recomenzar en otras perspectivas de pensamiento y contemplación.     

 

   Nos posee un afán filosófico, y en tal sentido podemos afirmar que una investigación filosófica no necesariamente se reduce a monografías, tesis de licenciaturas o doctorales, también puede tomar la inocente forma de un aforismo, o de un simple párrafo que relaciona atrevidamente dos líneas de pensamiento.

   En fin, sin pretensiones dogmáticas, la obra simplemente puede ser una oportunidad para continuar con la aventura filosófica, que continuamente nos devuelve la humildad del principiante del saber.

 

 INDICE GENERAL

 

Introducción…………………………………...………………………..…7

Primera Parte: Ser con uno mismo……….…………………….............9

Capítulo 1.1. La auto-ética……………………………………………...10

Capítulo 1.2. Lo estético…………………...…………………………....27

Capítulo 1.3. Otras cuestiones filosófica……….……………………...36

Segunda Parte: Ser con los demás……………….………………….…45

Capítulo 2.1. Sociedad………………………….……………………….46

Capítulo 2.2. El Paraguay……………………………………………….69

Tercera Parte: Ser en el mundo…………………...……………………75

Bibliografía…………………………………………………………….…85


Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1U9lkp6oRh00s8g6DFV1JprGHpU_8ZwlI/view?usp=sharing

 

 

martes, 20 de abril de 2021

A CIENTO NOVENTA AÑOS DE LA MUERTE DE FRIEDRICH HEGEL (1770-1831)

 

     Fue un filósofo alemán. El pensamiento de Hegel es catalogado como un Idealismo Absoluto. Con Hegel llegamos a la plena madurez del pensamiento moderno[1], al final de un proceso que había comenzado a grandes rasgos con Descartes y que se continuó con Kant. En el pensamiento de Hegel se conjugan todos los sistemas filosóficos anteriores, incluidos los antiguos, medievales y los modernos pre-hegelianos.

     Oriundo de la ciudad de Stuttgart. Estudió teología en el seminario protestante de Tubinga, en donde el programa de estudios consistía en dos años de filosofía y tres de teología. Enseñó en Berna, Frackfort, Heidelberg, Jena y luego en la Universidad de Berlín.

     Hegel nació el mismo año que otras dos grandes figuras de la cultura alemana: Holderling, uno de los más representativos poetas y pensadores del romanticismo alemán (quien en un tiempo acaparó la atención de Martin Heidegger) y Beethoven, quien representa a la madurez de la música clásica occidental y quien a su vez da inicio al periodo romántico (su novena sinfonía puede ser considerada como un símbolo del optimismo de la ilustración).

     En el seminario alemán de Tubinga fue compañero del ya citado Holderling y de Friedrich Schelling, quien fue también  uno de los grandes exponentes del idealismo alemán.

     Entre sus obras cabe citar: “Diferencia entre los sistemas de filosofía de Fichte y Schelling” (1801), “Fenomenología del Espíritu” (1807),  “Lógica” (1812),  “Enciclopedia de las ciencias filosóficas” (1817), “Filosofía del derecho” (1821), y obras póstumas, publicadas por sus alumnos: “Lecciones sobre la filosofía de la historia”, “Estética”, “Lecciones de filosofía de la religión”, “Lecciones de historia de la filosofía”.

     Definió la filosofía como “el conocimiento efectivo de lo que es en verdad”[2], con lo cual estaba respondiendo a los planteamientos kantianos sobre los límites de la metafísica.

a. La dialéctica

     La dialéctica es una cuestión añeja en el campo de la historia de la filosofía, pueden encontrarse referencias de ella ya sea en Heráclito, en Platón o en Kant, pero es en Hegel en donde encuentra más resonancia, no sólo porque en él se expresa la madurez de la filosofía moderna, sino porque en él la dialéctica es a la vez tanto un método de pensamiento y de investigación, como el modo de manifestarse de lo real y de la misma vida del ser humano.

     La dialéctica tiene una “estructura”, que en todo caso sería una estructura móvil. Y decimos esto porque lo propio de lo dialéctico es el movimiento. De ahí que también podamos decir que esta estructura constituye a su vez a tres “momentos” de un movimiento que en esencia nunca cesa. 

     Esta triada dialéctica está compuesta por los remanidos conceptos de tesis, antítesis y síntesis, que en términos más ricos son el momento abstracto o intelectivo, el momento dialéctico o negativamente racional y el momento especulativo o positivamente racional.

b. La realidad como Razón

     Para Hegel la realidad es la Razón (o el Espíritu, o la Idea, o el Sujeto, o el Pensamiento) que se despliega dialécticamente (es decir, está en movimiento, es un proceso o cambio constante). Y el pensamiento, en su propio flujo dialéctico toma consciencia de esa realidad, y en esto, responde a Kant, quien planteaba la cosa en sí como incognoscible. Para Hegel la filosofía es “el conocimiento efectivo de lo que es en verdad”[3]. Tenemos aquí entonces una estrecha relación entre el pensar y el ser.

      Tanto la realidad como el pensamiento devienen (se despliegan) dialécticamente. Y este pensamiento es “racional”, de donde también podemos entender el lema hegeliano de “todo lo real es racional y todo lo racional es real”. En otras palabras, el pensamiento es la realidad, afirmación con la que podemos entender por qué la filosofía de Hegel es catalogada como una forma de idealismo (un idealismo absoluto).

      La filosofía puede legítimamente aspirar a ser un sistema (una totalidad constituida por sus partes integradas en ella) y no sólo crítica (como en Kant). En Kant se había planteado que la cosa en sí podría ser conocida a través de una “intuición intelectual”, una facultad que existía sólo como forma en el hombre, pero que nunca alcanzaba su contenido. Para Hegel, la realidad (o la verdad) no se alcanza a través de algún tipo de intuición, sino a través del pensamiento de la totalidad del despliegue de la Idea. Dice Hegel que “lo verdadero es el todo”[4].

c. Concepción del hombre

     El pensamiento de Hegel surge en el marco de unas determinadas condiciones socio-culturales. Se le mostraban al filósofo tiempos de quiebres, de conflictos, de crisis, de falta de libertad. Eran los caldeados tiempos de la revolución francesa. Y estas situaciones resuenan en el pensamiento de Hegel. La unidad en medio de las diferencias es un anhelo del mundo moderno, y aún hoy lo sigue siendo.

 

     En la “Fenomenología del Espíritu” Hegel explica el proceso que recorre el espíritu para llegar a lo absoluto. Este “espíritu” está presente en la mente de todo hombre, pero también en la misma realidad que se despliega dialécticamente.

     El espíritu se despliega como Espíritu subjetivo, desde éste se refleja como Espíritu Objetivo, y llega finalmente a una unidad sintética como Espíritu Absoluto (como religión, arte y filosofía).

 

     La libertad de la humanidad se logra a través de un proceso dialéctico entre amos y esclavos (esto está también en la Fenomenología del Espíritu), al final del cual se da un “reconocimiento” mutuo.

 (Extracto de “Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno”).

 



[1] “La obra de Hegel puede considerarse como la madurez filosófica y cultural de la tradición occidental; su filosofía pasa por ser el último gran sistema filosófico, en el que confluyen y conjugan prácticamente todas las filosofías anteriores”. Navarro-Calvo. Historia de la filosofía, 1992, p. 309.

[2] Introducción a la “Fenomenología del espíritu”. Citado en Navarro-Calvo. Historia de la filosofía. 1992, p. 314.

[3] Fenomenología del Espíritu. Introducción. Citado en Navarro-Calvo. Historia de la filosofía. 1992, p. 314.

[4] Ibíd., p. 313.

lunes, 12 de abril de 2021

INTRODUCCIÓN A “RETORNO. ENSAYO SOBRE EL PROBLEMA DEL HOMBRE”

 

     La pregunta por el hombre no se relaciona con un afán meramente especulativo, pues preguntarnos por el hombre, de donde viene y a dónde va, puede ayudarnos a orientarnos (incluso si las respuestas son numerosas) frente a situaciones de crisis como la degradación ambiental, los conflictos sociales, la pobreza o la desintegración espiritual del individuo. Es decir, la pregunta por el hombre puede ayudarnos a abordar con mayor claridad cuestiones relativas a una ética social, una ética planetaria y una auto-ética. Y tal orientación debe proyectarse en reformas que hagan posible manejar en forma concreta estas situaciones, nos referimos principalmente a la reforma de la ética, de la sociedad y de la cultura.

     En el contexto del párrafo anterior el hombre es una construcción. Desde los griegos la definición del hombre estuvo asociada con la conciencia y con la racionalidad (que era la más pura expresión de esta consciencia), pero a finales del siglo XX algunos pensadores (como Levi-Strauss o Foucault) incluso proclamaron su muerte. Pero tal vez no necesitemos quedarnos con la idea de esa muerte, quizá sería mejor hablar de una reconstrucción de la figura del hombre, asumiendo ya todas las críticas, genealogías, arqueología y deconstrucciones llevadas adelante por los pensadores contemporáneos.

 

     De todas maneras, estas cuestiones no deben hacernos olvidar la dimensión estética del ser humano, para que el pensamiento no termine esclerotizado, estático, maniatado. Así, en la medida de lo posible debemos hacernos conscientes de que aquel sujeto fuerte de la modernidad, aquel que quería ser el sustento sólido para el conocimiento y la acción ya no tienen vigencia en nuestro tiempo de crisis de los fundamentos, que lo que hoy mejor podemos experimentar es la presencia de un sujeto débil en nosotros. Por supuesto, este sujeto débil constantemente se nos pierde en medio de un alienado, que ha catalogado como real a una cotidianeidad cada día más invadida por una inerte racionalidad formal.

     Entonces, aquí estamos esbozando el pasado y el futuro del hombre, y no debemos olvidarnos, lo único que tenemos es el ahora, en el cual se manifiesta el Ser, en su constante dinamismo, en la imposibilidad de reducirlo a un concepto, en su convivencia con la Nada misma.

    

     Ciertamente, el saber sobre el hombre ha estado presente desde tiempos inmemoriales en las leyendas, los mitos o las religiones, pero con una forma que pretenda dar una respuesta racional, se da principalmente en la antigua Grecia, con pensadores como Sócrates o los sofistas. Desde entonces la pregunta sobre hombre ha adquirido diversas respuestas a través del despliegue de la historia de la filosofía, e incluso de la ciencia.

     Lo que en este ensayo nos propondremos hacer será articular un esbozo, de los muchos posibles y existentes, de la figura de este ser tan paradójico y complejo que calificamos como “humano”.

 

     Etimológicamente el término hombre deriva del latín “homo”, asociado a su vez con “humus”, que significa tierra, y en tal sentido,  fácticamente el cuerpo humano, la dimensión  más concreta de la  existencia, con la muerte siempre vuelve a la tierra, como si nunca hubiese dejado de pertenecer a  ella.

     A su vez, el término griego “anthropos”, hombre, es “el que mira hacia arriba”, que a la luz de las investigaciones antropológicas podemos decir que es aquel que ha podido erguirse, liberar sus manos y su inteligencia y mirar hacia el cielo, el espacio de sus más altos ideales[1].

     Definamos entonces al hombre como un ser en relación con el mundo, con los demás y con sí mismo (entiéndase, con su personalidad). Estas tres relaciones fundamentales también serán el motivo de la división de nuestro ensayo en tres partes, en donde se desarrollarán cada una de estas temáticas.

    Es desde la consciencia pura que se pueden dar estas relaciones, la consciencia es el polo subjetivo (el testigo, el observador) mientras que el polo objetivo lo son ya sea el mundo, los demás o la personalidad.

 

   La personalidad (el yo, el ego) se para en medio de una danza entre el placer y el dolor, que se desarrolla en la mayoría de los casos de acuerdo a modos generales y tradicionales de vivir, que podemos agrupar bajo el nombre de “cotidianeidad”. Por supuesto, la cotidianeidad variará de una cultura a otra, pero las pautas estables del pensar y la acción siempre existirán.

   Pero ¿Por qué el hombre empieza a preguntarse con seriedad por las  cuestiones últimas de la vida, como el ser, el mundo, uno mismo o la sociedad? ¿Cómo es posible dejar el sueño pesado de los problemas cotidianos, de las preocupaciones diarias por ganarse el pan o por cultivar la vanidad?

   Dejar el letargo de esta cotidianeidad (asociado con los procesos coercitivos de la sociedad y la cultura) muchas veces se hace posible porque aparece una situación límite, como una enfermedad que se extiende más de lo previsto, la muerte inesperada de un ser querido, un trabajo desgastante que parece no tener justificación, o el lamento por una acción con resultados negativos; en síntesis, como enseñaba Karl Jaspers, estas situaciones límites son cuatro: la muerte, el sufrimiento, la lucha diaria y la culpa[2].

     A su vez, como estas situaciones, los estados de ánimo extremos, como la desesperación, el júbilo, el aburrimiento y el estado de alerta, al intensificarse desembocan en el estado de ánimo radical, la angustia[3]. A través de ella, (que en medio de lo cotidiano se presenta como excepcional, aunque puede ser cuidada y propiciada por una auto-ética), el individuo puede llegar a la conciencia, no de su integridad, originalidad, o autenticidad, sino de su  condición de sujeto débil o crepuscular,  que ya no se constituye como centro dictatorial del conocimiento, sino como componente de un saber a la vez estético, débil, retórico y nihilista. Al respecto dice Vattimo: “Estas son, me parece, las dos dimensiones decisivas de la crisis del sujeto burgués-cristiano (y antes del sujeto trascendental): el ocaso del rol hegemónico de la conciencia (ante todo entendida como conocimiento), tanto respecto de las otras fuerzas internas que constituyen la persona, como respecto de los “poderes históricos””[4].

     Entiéndase que lo que aquí Vattimo llama consciencia, se relaciona con el sujeto racional de la modernidad. Mas adelante veremos que una concepción distinta de la consciencia, asociada con aquello que Schopenhauer llamó “sujeto puro e involuntario del conocimiento”, que para nosotros es el eje de las tres relaciones fundamentales del hombre (mundo, sociedad y personalidad).

  

   Heidegger decía en su libro "¿Que significa pensar?", que lo grave es lo que da que pensar, pero lo "gravísimo" es que a pesar de nuestro tiempo grave, todavía no pensamos[5]. Vivimos en una grave situación de crisis, tanto como especie, en un planeta enfermo; como individuos, en medio de exigencias afectivas e intelectuales; como seres sociales, inmersos en una sociedad resquebrajada y una cultura masificada. Nuestro mundo de hoy se presenta como un grito que llama al pensar, pero ¿está el hombre  de nuestro tiempo dispuesto a escuchar tal llamado?

  Toda crisis es dolorosa, difícil de sobrellevar, pero ella terminará en dos posibles desenlaces, el de la muerte o el de la transformación, o tal vez, porque no decirlo, en una muerte que nos abrirá a la transformación.  La crisis es el momento adecuado para acceder a un estado de conciencia más purificado de los turbios afanes del ego, que siempre son caldo de cultivo para los conflictos socioculturales en el mundo.

 

  Se podría esperar que en un ensayo que trata sobre el problema del hombre, como el que aquí presentamos, se plantee en forma casi inmediata la pregunta ¿Qué es el hombre?, sin embargo, todo el rodeo previo que hemos hecho antes de llegar a esta pregunta fue para poder abordar esta cuestión con más claridad y soltura.

  Nuestro recorrido a través de los matices del problema del hombre consistirá en un esbozo de sus principales dimensiones, sin postular ninguna naturaleza intrínseca y ningún conocimiento absoluto. Así, a tono con los planteamientos de Vattimo, podríamos sostener aquí una visión debilitada sobre el hombre.

 

   Pero ¿por qué aludimos a un “retorno” en el título de nuestro ensayo sobre el problema del hombre?  Porque este abordaje podría ayudarnos a retornar a lo originario, que no es sino la misma Nada, a partir de la cual todo se muestra como símbolo, arquetipo o Idea. En otras palabras, las reflexiones sobre el hombre que aquí presentamos pueden ayudarnos a establecer las condiciones para que se dé una experiencia estética radical, en especial a través a través del cultivo intelectual[6].

   E insistimos en esto, si es que acaso queremos construir un futuro tolerable, deberemos liberar las fuerzas de la imaginación y la creatividad, moderadas socialmente a través de los juegos de la democracia. Y la liberación de estas fuerzas no lo lograremos sino a través de la experiencia estética.



[1] Cfr. Pedro Chinaglia. Ser Hombre, p. 35. Hemos optado por utilizar un modo de apuntar las citas bibliográficas que consideramos facilitará la consulta del lector. En primer lugar se alude al nombre del autor, luego al título de la obra, el año de la publicación y finalmente la página utilizada. Las referencias bibliográficas completas aparecerán hacia el final del ensayo.

[2]“Estas situaciones no cambian, salvo solamente en su modo de manifestarse; referidas a nuestra existencia empírica, presentan el carácter de ser definitivas, últimas. Son opacas a la mirada; en nuestra existencia empírica ya no vemos nada más tras ellas. Son a manera de un muro con el que tropezamos y ante el que fracasamos. No podemos cambiarlas, sino tan sólo esclarecerlas, sin poder explicarlas ni deducirlas partiendo de otra cosa. Ellas se dan con la existencia empírica misma”. Karl Jaspers. Filosofía. 1959, p. 66-67.

[3] “Del latín “angustus”, que significa angosto, estrecho, término que se refería a los finísimos desfiladeros de las montañas, desde los cuales se experimentaba vértigo y miedo ante la proximidad inquietante de profundos abismos” Robert León Helman. Al diablo con el mundo, 2017, p. 27. En lo que hace a nuestras obras, publicadas todas a través de internet, desde la segunda cita sólo utilizaremos nuestras iniciales R.L.H. 

[4] Vattimo, Gianni. Las aventuras de la diferencia, 1990, p 55.

[5] Cfr. Heidegger, Martin. ¿Qué significa pensar?, p 10 y 11.

[6] La intelectualidad es una de las formas del cultivo del espíritu que proponemos, junto al arte y la espiritualidad.


INDICE GENERAL

Introducción…………………………………………………………….…7

Primera parte: Ser con uno mismo………………………...…..……....14

1.1. El conocimiento humano……………………………………….….16

1.2. La acción humana y la auto-ética……………………………….…21

1.2.1. El auto estudio…………………………………………………….24

1.2.2. El auto-trabajo……………………………………………………..37

1.2.3. La auto-observación……………………………………………....49

1.3. Los afectos humanos………………………………………………..54

Segunda parte: Ser con los demás……………………..………….........57

2.1. Un mundo gris………………………………………………………59

2.2. Caracteres sociales del hombre…………………………………....78

Tercera parte: Ser con el mundo……………..……………………...…82

3.1. Naturaleza y filosofía……………………………………………….85

3.2. Naturaleza y ciencia………………………………………………...87

3.3. Naturaleza y vida humana…………..…………………………….88

Conclusión………………………………………………………………..94

Vocabulario……………………………………………………………....95

Bibliografía………………………………………………………….……99


Enlace al ensayo completo:

https://drive.google.com/file/d/14w1-L87lcIRmg5QAiR-GcH07AnzX89Xx/view?usp=sharing