miércoles, 5 de noviembre de 2025

A TREINTA AÑOS DE LA MUERTE DE GILLES DELEUZE (1925-1995)

 

     Fue un filósofo francés. Es considerado uno de los referentes del llamado pensamiento postmoderno. Entre sus obras cabe destacar: “Diferencia y repetición” (1968), “La lógica del sentido” (1969), “El Anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia” (1972) y “¿Qué es filosofía? (1991), escritos junto al psicoanalista Félix Guattari, “Post-scriptum a las sociedades de control” (1990).

La filosofía como creación de conceptos

Más allá de la visión academicista y disciplinada de la filosofía, para Deleuze la filosofía tiene que ver con un juego, el juego de la creación de conceptos. Y la creación de conceptos surge por una necesidad, o incluso un destino ineludible, si seguimos el planteamiento de Deleuze sobre la acción humana. Por supuesto, esto no implica que el filósofo se dedica a buscar ideas o conceptos que nadie entiende ni utiliza, antes bien, es el encuentro directo con una experiencia en la que los conceptos, antiguos, modernos o nuevos, no importa, vuelven a cobrar la relevancia y vitalidad que perdieron con el “uso institucional”. La filosofía es así como un descubrimiento de aquello que se piensa “por primera vez”. Esta exposición vitalista de la filosofía y del filósofo guarda cierto parentesco con las de Nietzsche o Schopenhauer sobre la misma temática.

La sociedad del control

Para Deleuze, luego del final de la guerra fría existe un nuevo tipo de control social, distinto al que era propio de la “sociedad disciplinaria” planteada por Foucault, porque ahora el control se basa en la repetición interminable y absurda de patrones de conducta que van más allá del encierro físico, así, con la sofisticación del control se trata de mantener a los individuos en circulación constante, en carrera constante, bajo la creencia por supuesto, de que están corriendo por su propia voluntad y no por algún extraño mecanismo socio-cultural que las empuja día tras día a intentar la misma travesía.

      Ahora hemos llegado al punto en que el controlador no se encuentra “afuera”, sino “adentro”, pues uno mismo es el jefe y el empleado a la vez, uno mismo es el que se chicotea una y otra vez para seguir el ritmo frenético de las “sociedades del control”. Por supuesto, una locura como esta no podría desembocar sino en una “sociedad del cansancio”, como lo propone ya Byung-Chul Han.

El Ser

Deleuze, quien ha erigido su obra entre los puntales de Espinoza y Heidegger (sin olvidar, por supuesto a Nietzsche), es también un pensador del Ser. Al respecto sostiene: “Una sola y misma voz para el múltiple de mil voces, un solo y mismo Océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los entes”[1]. En todas las situaciones de la existencia palpita el único “acontecimiento” del Ser, y solo por él los entes realizan la múltiple danza de las apariencias.

     Todo es desplegado por el Ser, incluso las aparentes decisiones y acciones de los “anarquistas deseantes”, porque el Ser es el que da sentido en el mismo “acontecimiento” creativo, un sentido que no puede ser reducido a los entes, incluido el ser humano, que con una inquietud atormentada lo persigue a través de la ciencia, la filosofía o la religión. Así, el ser humano es un “autómata purificado”, más allá de las vanas redes de la racionalidad instrumental del mundo moderno, que no es más que una copia burda y violenta del funcionamiento vital que emerge de lo más profundo del cosmos.

La esquizofrenia

Para Deleuze, la enfermedad mental más que ser un pecado o una calamidad creada por la sociedad capitalista (como puede serlo para Mark Fisher o Michel Foucault, por ejemplo) tiene que ver con la emergencia de un sujeto revolucionario (un anarco-deseante). De todas maneras, este planteamiento no debe desprenderse de la visión metafísica de Deleuze, que deja a un lado la posibilidad del libre albedrío, ya que los individuos no son más que “autómatas purificados”, en otras palabras, las acciones del individuo no son más que “actualizaciones” del “Uno-todo”[2]

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno").



[1] Citado en (Badiou, 1997, pág. 23)

[2] (Badiou, 1997, pág. 25)

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