jueves, 20 de noviembre de 2025

INTRODUCCIÓN A "LA SOCIEDAD COMO ENEMIGA. MASAS, CRISIS DE LOS FUNDAMENTOS Y CONTOL"

 

     La incertidumbre del homínido estimuló el brote del pensamiento, que al difundirse de un individuo a otro, como si fuera una epidemia, se hizo sociedad. La sociedad es como un gran animal, o si se quiere una gran máquina, que pretende controlar la vida para mantenerse en pie. La sociedad no posee en última instancia finalidad alguna, simplemente busca perpetuarse y expandirse por la pura inercia ilusoria que le dio origen.

       La primera forma socio-cultural que surgió con el parto del pensamiento fue la religión. Y ella nos revela dos funciones, primero como un símbolo de aquel estado natural que se perdió con el surgimiento del pensamiento, y segundo, como institución social que aseguraba la convivencia, valiéndose de la misma racionalidad, a través del establecimiento de acciones buenas y acciones malas. Vemos entonces a la religión como el punto de partida tanto de la mística como de la moral. A partir de la religión, con sus variantes de mito y magia[1], surgirán luego la filosofía, la ciencia, la técnica y las ideologías, instituciones que asegurarán la pervivencia del sistema social con la fuerza de un proceso hipnótico.

     Lo que el lector encontrará en este trabajo es una reflexión en torno a la sociedad, basándonos en una investigación de tipo cualitativa interpretativa[2] sobre la sección dedicada a la Sociedad de los doce libros de la serie Cosecha de Pensamientos y del primer libro de la serie Escritos Dispersos. El objeto de nuestro análisis es un grupo de escritos cortos, aparecidos entre los años 2001 y 2014. Y precisamente, uno de los resultados de nuestro estudio es la disminución de esa dispersión de abordajes como consecuencia de la detección de constantes temáticas que describen a esos escritos y que a su vez sirve de punto de partida para sus interpretaciones.

     Este estudio puede constituirse como un intento de interconectar paradigmas y teorías generales de la filosofía con teorías substantivas asociadas con campos sociales, culturales, políticos o económicos. Esto a su vez, nos puede permitir acercarnos de una manera más inmediata a la filosofía, ya que las teorías son proyectadas en medio de acciones y pensamientos de la vida cotidiana, tanto del campo individual como del social.

     El objetivo general de nuestro estudio es el de reflexionar sobre el ser humano a partir de este grupo de escritos. Como objetivo específico tenemos el de interpretar una serie de escritos sobre el sistema social de acuerdo a tres ejes temáticos (que fueron los que más frecuencia tuvieron en nuestro análisis de texto): masas, crisis de los fundamentos y control social.

A modo de enfoque metodológico y analítico

     En el aspecto metodológico se pretendió llevar adelante una investigación cualitativa interpretativa[3], valiéndonos de la técnica de la observación documental[4], en este caso, de una serie de escritos breves referidos a la sociedad, pertenecientes a trabajos que van del 2001 al 2014. El procedimiento consistió en extraer de cada escrito breve las temáticas tratadas, para posteriormente establecer un cálculo de frecuencias para determinar cuáles eran las más recurrentes.

       A su vez, luego de obtener las temáticas principales las hemos definido y las hemos asociado en algunos casos con las demás temáticas extraídas, y también, al ubicarlas como subtítulo para el libro se han hecho referencias centrales para identificar a la obra.

A modo de enfoque teórico

     De acuerdo a nuestro análisis, las temáticas que han aparecido en mayor número de escritos han sido las siguientes: masas, crisis de los fundamentos y control social, que las tomamos como variantes de una teoría substantiva[5]. Estos términos encuentran su significado último en ideas de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, como teorías generales, basada a su vez en un paradigma filosófico voluntarista.

     A continuación, consideraremos brevemente los términos centrales de nuestro análisis.

      El término “masas” empezó a ganar relevancia a partir de la revolución francesa, al ser entendida como uno de los principales factores que la explican. Las masas se fortalecen en las ciudades, a la par que se avanza en la complejidad del sistema social y se caracterizan por la identificación de cada uno de los individuos que lo componen, primero, con el cuerpo y con la mente, en un sentido básico, y segundo con el status y con el rol social, en un sentido más complejo. En todos los tipos de sociedades las masas refuerzan los mecanismos de control social que tienden a solidificar de manera uniforme tales identificaciones.

     La crisis de los fundamentos constituye una de las características que son propias de los estadios de descomposición de las sociedades y culturas, ya que implican la deslegitimación del conocimiento racional como camino para alcanzar la verdad. En el mundo moderno la crisis de los fundamentos se ha desplegado en filosofía en el siglo XIX, en especial con Schopenhauer y Nietzsche, y en la ciencia con la Teoría de la relatividad y con la Mecánica Cuántica.

      Definamos el control social como un conjunto de medios y procesos a través de los cuales un grupo o una sociedad hace que las personas desempeñen sus roles como se espera. Un grupo o una sociedad logra que sus miembros se comporten de una manera adecuada a través de “penalizaciones”, en caso que realice una conducta indeseada, e “incentivos”, en caso en que la conducta sea la esperada. 

    El control social se lleva a cabo principalmente a través de tres modos: la socialización, la presión social y la fuerza (o el poder), que se despliegan respectivamente en tres niveles: el del individuo (con sentimientos de culpa como penalización), el de los grupos sociales (con las distintas formas de exclusión) y el estado (con las condenas a prisión o con otras formas de penalización).

A modo de enfoque contextual

     La tapa del libro nos muestra la pintura de una escena de la gesta de la independencia del Paraguay, de donde extraemos la idea de un tipo de sociedad (la colonial o monárquica) en conflicto con otro tipo de sociedad (la republicana), sin embargo, lo que queremos acentuar con la imagen es la conflictividad misma que viene de la mano con el funcionamiento del sistema social.

      La sociedad como enemiga no implica la necesidad de combatirla ni de transformarla, sino de identificarla como la fuente del sufrimiento humano[6].

 

 Enlace al libro completo:

https://drive.google.com/file/d/1hJBG1ePeDIAlLpm2akUvJk79g5Nhw9TJ/view?fbclid=IwY2xjawOLyOVleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFXMnRTU3BLNGtDdjFJZ2Rlc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHnLGMK5qGLHwBLMyQsM3CYRenXfjksgroJUno6u0XibdSgxEVCWMc4D5wYzg_aem_UIQOfJwpUaGOqpoZSFBwhQ

 

 



[1] (León Helman, 2019/2025, págs. 39-40, nro.55)

[2] (Guttandin, 2012)

[3] (Guttandin, 2012, págs. 47-50)

[4] (Duverger, 1961/1981, pág. 115)

[5] Con teorías substantivas queremos referirnos a canales teóricos más cercanos al mundo empírico, lo que nos ayuda a direccionar hacia esquemas reducidos nuestros marcos más globales, como las teorías generales y los paradigmas filosóficos.

[6] (León Helman, 2023, págs. 41-42, nro.37)

miércoles, 5 de noviembre de 2025

A TREINTA AÑOS DE LA MUERTE DE GILLES DELEUZE (1925-1995)

 

     Fue un filósofo francés. Es considerado uno de los referentes del llamado pensamiento postmoderno. Entre sus obras cabe destacar: “Diferencia y repetición” (1968), “La lógica del sentido” (1969), “El Anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia” (1972) y “¿Qué es filosofía? (1991), escritos junto al psicoanalista Félix Guattari, “Post-scriptum a las sociedades de control” (1990).

La filosofía como creación de conceptos

Más allá de la visión academicista y disciplinada de la filosofía, para Deleuze la filosofía tiene que ver con un juego, el juego de la creación de conceptos. Y la creación de conceptos surge por una necesidad, o incluso un destino ineludible, si seguimos el planteamiento de Deleuze sobre la acción humana. Por supuesto, esto no implica que el filósofo se dedica a buscar ideas o conceptos que nadie entiende ni utiliza, antes bien, es el encuentro directo con una experiencia en la que los conceptos, antiguos, modernos o nuevos, no importa, vuelven a cobrar la relevancia y vitalidad que perdieron con el “uso institucional”. La filosofía es así como un descubrimiento de aquello que se piensa “por primera vez”. Esta exposición vitalista de la filosofía y del filósofo guarda cierto parentesco con las de Nietzsche o Schopenhauer sobre la misma temática.

La sociedad del control

Para Deleuze, luego del final de la guerra fría existe un nuevo tipo de control social, distinto al que era propio de la “sociedad disciplinaria” planteada por Foucault, porque ahora el control se basa en la repetición interminable y absurda de patrones de conducta que van más allá del encierro físico, así, con la sofisticación del control se trata de mantener a los individuos en circulación constante, en carrera constante, bajo la creencia por supuesto, de que están corriendo por su propia voluntad y no por algún extraño mecanismo socio-cultural que las empuja día tras día a intentar la misma travesía.

      Ahora hemos llegado al punto en que el controlador no se encuentra “afuera”, sino “adentro”, pues uno mismo es el jefe y el empleado a la vez, uno mismo es el que se chicotea una y otra vez para seguir el ritmo frenético de las “sociedades del control”. Por supuesto, una locura como esta no podría desembocar sino en una “sociedad del cansancio”, como lo propone ya Byung-Chul Han.

El Ser

Deleuze, quien ha erigido su obra entre los puntales de Espinoza y Heidegger (sin olvidar, por supuesto a Nietzsche), es también un pensador del Ser. Al respecto sostiene: “Una sola y misma voz para el múltiple de mil voces, un solo y mismo Océano para todas las gotas, un solo clamor del Ser para todos los entes”[1]. En todas las situaciones de la existencia palpita el único “acontecimiento” del Ser, y solo por él los entes realizan la múltiple danza de las apariencias.

     Todo es desplegado por el Ser, incluso las aparentes decisiones y acciones de los “anarquistas deseantes”, porque el Ser es el que da sentido en el mismo “acontecimiento” creativo, un sentido que no puede ser reducido a los entes, incluido el ser humano, que con una inquietud atormentada lo persigue a través de la ciencia, la filosofía o la religión. Así, el ser humano es un “autómata purificado”, más allá de las vanas redes de la racionalidad instrumental del mundo moderno, que no es más que una copia burda y violenta del funcionamiento vital que emerge de lo más profundo del cosmos.

La esquizofrenia

Para Deleuze, la enfermedad mental más que ser un pecado o una calamidad creada por la sociedad capitalista (como puede serlo para Mark Fisher o Michel Foucault, por ejemplo) tiene que ver con la emergencia de un sujeto revolucionario (un anarco-deseante). De todas maneras, este planteamiento no debe desprenderse de la visión metafísica de Deleuze, que deja a un lado la posibilidad del libre albedrío, ya que los individuos no son más que “autómatas purificados”, en otras palabras, las acciones del individuo no son más que “actualizaciones” del “Uno-todo”[2]

 (Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno").



[1] Citado en (Badiou, 1997, pág. 23)

[2] (Badiou, 1997, pág. 25)