Fue un teólogo, científico, filósofo y sacerdote
jesuita. Podríamos decir que los paradigmas filosóficos en medio de los cuales
se mueve son el evolucionismo, el personalismo y el espiritualismo. Entre sus
obras cabe citar: “El medio divino” o “El fenómeno humano”.
En sus reflexiones se pretende lograr una
articulación entre ciencia, filosofía, teología y espiritualidad. Influenciado
por las ideas de Bergson, piensa a la evolución como un camino de
transformación de la vida y del hombre. En tal contexto utiliza ideas
provenientes del pensamiento cristiano y del espiritualismo francés.
De Chardin pretende describir el origen
del cosmos, de la vida y del ser humano, y mostrar el hilo que lleva a la
cristo génesis, que desde una sabiduría perenne puede interpretarse como
despertar, liberación o iluminación. Por supuesto, el personalismo, defendido
por De Chardin, será una especie de barra de contención frente a la posibilidad
de la aniquilación del yo (planteado desde Schopenhauer y desde la sabiduría de
oriente), es decir, la subjetividad humana no es interpretada como ilusoria,
sino como asentada en una realidad prestada por la acción creadora de Dios.
El paso de lo mineral a lo vital, de lo
vital a lo animal, de lo animal a lo humano, y de lo humano a lo divino, no se
da a través de un despliegue lineal, sino a través de “saltos”, una idea
presente en el campo de la física (la mecánica cuántica) a inicios del siglo
XX, pero que también podemos remontarla a algunos planteamientos del
espiritualismo francés.