Fue un filósofo español. Quizá el más
influyente pensador español dentro de la historia de la filosofía occidental.
Asumió de manera peculiar el historicismo reinante en su tiempo, adhiriéndolo a
un enfoque racionalista, de donde surge su perspectiva sobre el raciovitalismo.
Estudió en Marburgo (Alemania) con Cohen
y Natorp, a partir de lo cual podemos entender a su vez el influjo de Dilthey
sobre su pensamiento.
Si para Jaspers muchos de los
condicionamientos humanos se encuentran en las “situaciones”, para Ortega ellos
estarán en las “circunstancias”. Así, en las Meditaciones del Quijote el filósofo repetirá: “Yo soy yo y mis
circunstancias”.
Y mis circunstancias son mi mundo, de
donde podemos entender de una forma más precisa aquella pregunta que a veces
escuchamos en medio de las conversaciones de la gente: “¿Qué es el mundo de
Pedro? ¿Por qué se comporta así?”. Y si para Ortega circunstancia es lo mismo
que mundo, parafraseando a Heidegger podría decir que el hombre es ser en su circunstancia. Pero acotemos
algo más, la dimensión humana de “ser con los demás” también está incluida en
el concepto de circunstancia, lo que nos revela la amplitud que posee el
término para el pensador español. Más todavía, ese “ser con los demás” se hace
preciso cuando hablamos de la sociedad y la cultura que rodea a un individuo.
La vida humana es para Ortega un
“quehacer”, nunca está hecha del todo, por lo cual uno está condenado elegir lo
que en el futuro será, uno está condenado a ser libre, por supuesto, siempre
condicionado por las circunstancias. “El hombre no posee naturaleza, posee
historia”, dirá muy expresivamente Ortega.
De ahí que la moralidad sea el camino que
le permite al hombre cumplir con su vocación, con su llamado de vida, con el
cual podrá alcanzar una vida auténtica.
Ciertamente, la vida humana es un quehacer, pero también es aquello que a
uno le pasa, como producto del
contacto social, así como aquello que se relaciona con nuestro ambiente y
nuestro organismo biológico. Todo aquello conforma lo que nos pasa en la
vida.
(Extracto de "Robert León Helman. Una mirada hacia el infinito. Ensayo sobre el pensamiento moderno").