jueves, 12 de febrero de 2026

SETENTA AÑOS DE BENJAMÍN ARDITI (1956)

 

     Politólogo y pensador paraguayo. Junto a Ticio Escobar constituyen los precursores del pensamiento postmoderno en el Paraguay[1]. Formado en ciencias políticas y economía, influenciado por ideas de pensadores como Michel Foucault, Guilles Deleuze, Carl Smith, Norbert Lechner o Ernesto Laclau.

    Entre sus obras podemos citar “La sociedad a pesar del Estado” (1987, escrita junto a José Carlos Rodríguez), “Discutir el socialismo” (1988), o “Adiós a Stroessner, la reconstrucción de la política en el Paraguay” (1992).

El Estado contra la sociedad

Si Pierre Clastres habló sobre “la sociedad contra el Estado” al referirse a los guaraníes, Benjamín Arditi sostuvo la idea de “El Estado contra la sociedad”, al pensar en el Paraguay de los últimos años del régimen autoritario[2]. En su reflexión, Arditi se centra de manera particular, más que en la sociedad como un todo, en la llamada “sociedad civil”, que incluye a movimientos sociales y partidos políticos. Para Arditi el problema no es el Estado en sí mismo, que se ha vuelto ya un componente ineludible del sistema social paraguayo, desde su misma fundación, por parte del Dr. Francia en el siglo XIX, el problema era el régimen político del Estado, es decir, la necesidad de dejar atrás un régimen autoritario y acceder a otro democrático. Y en los años ochenta del siglo XX se veía que ese paso del autoritarismo a la democracia debía llevarse adelante a través de la razón, así, recordemos el título del libro de Juan Andrés Cardozo de 1984: “La razón como alternativa histórica”, o el de Jorge Báez Roa, de 1983: “De la esperanza a la razón”.

Elementos teóricos para el tercer espacio político paraguayo

En los últimos años del régimen stronista Benjamín Arditi sostenía que: “la autocracia está perdiendo un espacio que las fuerzas políticas democráticas no logran ocupar”[3], refiriéndose principalmente a la política tradicional conformada por los partidos políticos de oposición, sea la nucleación denominada “Acuerdo Nacional”, o sean incluso facciones del partido colorado como los denominados “éticos”. En contrapartida, fijándose en los movimientos sociales (estudiantes, obreros y campesinos principalmente), sostenía que eran “los únicos que, en esta lenta decadencia de la autocracia, parecen ofrecer algunos resultados edificantes”[4]. ¿No vemos aquí una especie de búsqueda de alguna alternativa a la política tradicional paraguaya, que podríamos asociar con planteamientos teóricos como los de Gramsci o Laclau? ¿No estamos aquí frente a la búsqueda de un modo de hacer política que vaya más allá del tradicional bipartidismo paraguayo? El mismo Arditi lo aclara: “Tal es el caso hoy con la relevancia que han ido adquiriendo los “movimientos sociales”, como tema nacional e internacional: la percepción de esa relevancia conlleva también el surgimiento de nuevos “modos de ver” o “nuevos enfoques” para pensar la realidad, enfoques que tienden a priorizar a la sociedad y a lo social, en lugar del estado y lo político-partidario”[5]. Vemos aquí algunos signos de los planteamientos del tan mentado “tercer espacio político” paraguayo (por supuesto, el más volcado hacia la izquierda).

(Extracto de "Robert León Helman. En pos del pensamiento inútil. Ensayo sobre la historia de las ideas en el Paraguay").



[1] (Rivarola M. , 2006, pág. 254)

[2] (Arditi & Rodriguez, 1987)

[3] (Arditi & Rodriguez, 1987, pág. 26)

[4] (Arditi & Rodriguez, 1987, pág. 27)

[5] (Arditi & Rodriguez, 1987)